La fe es certeza

La fe es Certeza

Es fácil hablar de fe. No es tan fácil vivir de ella. Solo cuando uno tiene que decidir algo importante, algún cambio, decisión, transformación…., entonces … cada uno descubre hasta qué punto la fe es luz que guía su camino.

¿De qué fe hablamos?

La fe como certeza.

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Foto Esteban Verellén

La certeza que procede de las indicaciones del alma.

La que te da una nueva visión de la realidad.

Cada día Dios te regala una vida nueva. Cada amanecer te presentas en el escenario de la existencia para realizar el papel en la obra de tu historia personal. En ese escenario la fe es como el telón de fondo que da color a las escenas que representas.

El telón de fondo es importante porque determina en parte del éxito de la obra de teatro. Si es negro y oscuro, los sentimientos, las vivencias, la representación es sombría. Si los colores son vistosos y alegres la misma representación se transforma en luminosa.

Lo maravilloso es que el ser humano con libertad, por decisión propia, guiado por la fe, lo puede cambiar. El telón de fondo de la fe es el amor, la empatía. Lo que pasa delante del telón, las distintas circunstancias en las que te mueves son el modo con el que aprendes, son los grandes protagonistas de la obra de teatro de tu vida: la relación con tu familia, tus amigos, tu trabajo, tu ocio…. Ahora bien, con la fe, los vives con el horizonte luminoso de amor y empatía.

La fe te hace estar atento a tus responsabilidades, aún las más exigentes, cumpliéndolas con amor.

La fe, que es maestra de la vida, te enseña a tratar a los demás con respeto. Sea quien sea, el otro, es un ser humano, como tú, un hermano.

La fe hace que veas a Dios como Amigo-a, como Papá-Mamá, al que escuchas con atención, mientras caminas…

Por la fe tomas las decisiones importantes, con seguridad y con serenidad, sin miedo.

La fe es certeza de que el Amor es más fuerte que el odio, que la Paz vence a la guerra, que el respeto supera el fanatismo, que la Vida prevalece por delante de la muerte…

Por la fe, se movieron todos los seres humanos que cambiaron la historia, desde Abrahán, Moisés, Jesús, Mohamed, Gandhi,…, todos los grandes.

La fe es certeza.

Puedes escucharlo en voz del autor haciendo clik aquí

Gumersindo Meiriño Fernández

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La Danza de la Vida

La Danza de la Vida

Un año es un paseo por el planeta tierra en trescientos sesenta y cinco días y seis horas. Una aventura bajo la atmósfera y la singular presencia del sol cada día, cada hora, cada segundo.

En estos meses ha pasado agua bajo el puente, han caído granizos, lluvias, tormentas, ha habido tardes tranquilas, amaneceres turbulentos…, días de paz, de alegría, horas de sueño, segundos largos, segundos cortos….danza.vida

Cuando das un paseo te vas fijando en lo que hay a tu alrededor. En los árboles, las plantas, los colores…, escuchas atentamente los ruidos, las músicas, el trinar de pájaros…, saludas, respondes, cantas, bailas con el sol, compartes el ritmo de la vida con lo que te rodea y, sobre todo, con tus familiares, amigos, compañeros, conocidos… Toda una danza multicolor de trescientos sesenta y cinco días y seis horas.

Y …, cada año…, vuelta a empezar.

Es hora de agradecer a los compañeros de baile, a las personas. Primero esa Persona, con mayúscula, que ha puesto el sol, las estrellas, el canto de los pájaros, el ruido de la tormenta…., a Dios, Allah, Yahvé o como quieras llamarlo. Luego a las demás personas, familiares, amigos, compañeros, vecinos…., gracias por haber estado en el camino, por compartir, llorar, reír, por danzar…, juntos.

Es hora de limar asperezas, de olvidar rencillas, de enterrar rencores, de dejar que el agua corra bajo el río y se lleve todo lo sucio y feo del pasado para renacer a un nuevo Año.

Es hora de acordarse de las personas que están a nuestro lado sufriendo, las enfermas para tenerlas presentes en el paseo de los próximos meses.

Es hora de retomar fuerzas y empezar el baile de la vida de nuevo. A danzar distendidos, contentos, con paz, con serenidad, equilibrio…, no sabemos qué pasará, pero el sol, las estrellas, la luna, los árboles, los pájaros…, la naturaleza, el cosmos no fallará a su cita, serán nuestros compañeros de baile en la nueva pieza de danza que iniciamos.

Gracias año viejo. Bienvenido Año Nuevo

Feliz Año. Paz y Bien a los hombres de buena voluntad. Paz y Bien a todo el Cosmos que comparte la gran danza de la Vida. Feliz Año Nuevo.

Gumersindo Meiriño Fernández

Escúchalo en la voz del autor en:

http://www.ivoox.com/danza-vida_md_3895249_wp_1.mp3″

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Rezando toda la noche

Rezando toda la noche

Me escribe una persona amiga consultando:

─Durante estos últimos días está hablando mucho del Padre Pío. Tengo una pregunta para usted sobre él. Hay en la película de Padre Pío un pasaje en el que comenta a otro sacerdote que estuvo toda lo noche rezando con un joven que vino a verlo (Karol Wojtyla, Juan Pablo II). La pregunta es; ¿cómo rezan toda la noche? ¿Siguen algún libro? ¿Leen el evangelio y discuten el tema? Toda la noche son muchas horas.jesus.angel

─Sí, querido amigo, la noche es larga, a veces, sumamente larga. Un dolor de muelas la puede hacer casi eterna, una enfermedad propia o de alguien al que amas, un problema al que no encuentras respuestas, un contratiempo…., las horas pasan en cámara lenta y el sueño se va esquivo, al tiempo que aumenta el cansancio.

“Ahora bien, la oración durante la noche es muy común en las personas santas. Incluso en personas normales que reciben la noticia de la enfermedad de alguien querido o tienen un dolor que no les deja cerrar los ojos…., entonces rezan, hablan con Dios, piden luz, consultan, dicen oraciones, toman la Biblia….., hay muchas formas.

─¿Me puede especificar algún caso?

─Sí, claro. Hay muchos ejemplos. Jesús pasó varias noches de su vida, tal y como cuenta el Evangelio, orando. Por ejemplo antes de elegir a los apóstoles, (Lc 6,10-11) antes de la crucifixión en el huerto de los olivos. Por cierto, ahí debió pasar bastantes noches orando puesto que, según narra Juan el evangelista, era un lugar muy conocido para él al que acudía con frecuencia (Jn 18,1-6).

“Ignacio de Loyola, el fundador de los jesuitas, cuando decidió dejar todo para seguir el ejemplo de Francisco de Asís, pasó toda la noche velando armas a los pies de la Virgen de Monserrat, “unas veces de pie, otras de rodillas”, según el mismo relata en su autobiografía.

El mismo Papa Wojtyla, antes de hacer un nombramiento muy complicado del nuevo arzobispo de Paris, dicen que pasó toda la noche orando antes de decidir, ese día por la mañana dijo a sus colaboradores, el obispo de Paris es…, todos quedaron asombrados porque no estaba en la lista de los más posibles ….

Sin ir más lejos, en la película que citas del Padre Pío, uno de sus colaboradores, antes de ser uno de los pilares en la construcción del hospital “Alivio de los Enfermos”, pasó toda la noche llorando y orando en el bosque. Al amanecer regresó al convento y se encontró con el P. Pío que le esperaba, este le comentó: “Ha sido una noche larga, hijo mío”.

─Si quisiera pasar una noche en oración, ¿qué tendría que hacer?─ me vuelve a preguntar.

─Pues hablar con Dios, leer pasajes que te ayuden a ese diálogo, cantar, pedir, agradecer,…. Se trata de estar toda la noche de tertulia con Jesús, con María, los santos, los Maestros Espirituales …

Cuando sientas esa necesidad, cuando los ojos no se cierren, o cuando, por cualquier motivo quieras pasar toda la noche en oración pide orientación al Espíritu Santo, da rienda suelta a tu corazón y a tu mente, ponte delante de Dios…., ten a tu lado las herramientas que te puedan ayudar: Biblia, libro espiritual, rosario…

En la oscuridad de la noche saca tu alma al Sol, las horas pasan volando, la luz del Sol, Dios mismo, iluminará tu oración.

Gumersindo Meiriño Fernández

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“En los zapatos del otro”

Camila, en lugar del otro

Hablamos. Mi interlocutor, en esta ocasión, es un sacerdote mayor, sabio de cultura y de experiencia, con más de ochenta años y con trabajos en varios países del mundo. Me cuenta que a veces tenemos “lengua de lata”. Que a muchos sacerdotes y predicadores les pasa eso tienen “lengua de lata”, mucho y bien dicen y hablan, pero luego “hacen agua”. Cuando tienen que llevar a la praxis, a la hora de llevarlo a lo concreto hacen todo lo contrario. Nada más sacarse la “ropa litúrgica” “desdicen” con sus hechos, duplicado, lo que acaban visita.al.cielo.9.diasde desenmascarar con su bello discurso. Y estábamos de acuerdo los dos que es una especie de “endemia sacerdotal”.

─Es fácil mover la lengua de lata, lo que es más difícil es mover la lengua con el fuego del corazón, el amor─ me comentaba

─¿Cómo se consigue eso?─le pregunto.

─Tú, ya lo sabes igual que yo. Hay muchos caminos pero es muy importante “ponerse en los zapatos del otro”.

Me llamó mucho la atención este viejo refrán, porque aunque era conocido para mí, en seguida me trajo a la memoria otra conversación tenida el día anterior con un padre de familia. El mismo papá que le había dicho a su hija de diecinueve años que si quería independizarse no había problema, que lo entendía y la apoyaba, pero era una independencia, no una “semiindependencia”.

Decía este padre: ─Cada hijo es diferente─ Y luego de hacer una breve descripción de cada uno de sus hijos terminó diciendo: ─La más pequeña es parecida a mí y tiene un don particular, ella es muy solidaria, siempre está pendiente del otro. Sabe ponerse en lugar del otro.

Sabio consejo que podías traducir de esta forma: “no hagas a los demás, lo que no quieres que te hagan a ti”.

El chismerío, el hablar de otros o exigir a los demás lo que nos somos capaces de hacer nosotros, si no se corrobora con actos “acartona” el alma.

Cuando nos relacionamos con los demás, sobran, en muchas ocasiones las palabras almidonadas y edulcoradas, es necesario como Camila, ponerse en lugar del otro.

Gumersindo Meiriño Fernández

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El santo en el lugar equivocado

El lugar de paz

De vez en cuando te cuentan: – “Creo que nací en lugar  equivocado“, “estoy en la ciudad equivocada”, “me equivoqué de esposa, de marido, de profesión”,…Tanto escuché estas afirmaciones y otras que empecé a buscar donde estaría ese “lugar”, al que recurre todo ser humano, “el equivocado”, que, a mi parecer, sirve para justificar la pereza, la inercia, la falta de voluntad para evolucionar… Entonces escuché este cuento:el lugar adecuado

Le preguntaron a un sabio: -¿Por qué existen personas que salen fácilmente de los problemas más complicados, mientras que otras sufren por problemas muy pequeños, se ahogan en un vaso de agua?”
El sabio respondió: -“Había una vez un hombre que toda su vida fue una buena persona, un corazón generoso. Cuando murió todo el mundo se dio cuenta de que su destino era  el cielo. Tan bondadoso no tendría cabida en ningún otros sitio, sino el Paraíso. El no se había hecho ninguna ilusión especial pero le enviaron a las puertas del cielo y pensó que le estarían esperando sus amigos. Pero se equivocó en la entrada del cielo, el recepcionista no encontró su nombre en ninguna lista. Miró varias veces y al no encontrarlo, lo despachó al infierno. Con lo cual nuestro buen amigo se dirigió a la recepción del infierno, donde ni le miraron a la cara y le dejaron pasar. Con lo cual nuestro aquella buena persona se halló viviendo en el infierno.

Días después el demonio llegó muy enojado y dando gritos a las puertas del cielo. Exigía una explicación a San Pedro: -“lo que están haciendo es de muy mal gusto, una especie de terrorismo impropio de lo que representan y aún por encima están boicoteando mi espacio”

Desconociendo el motivo de tanta ira, Pedro le preguntó qué pasaba. Lucifer a gritos  respondió:
– ¡Has enviado a un infiltrado al infierno y nos está saboteando! Llegó escuchando a las personas, mirándolas a los ojos, hablando con ellas, sonriéndoles, queriéndolas, abrazándolas, siendo educado y cordial. Ahora, todos quieren ser como él y le imitan. ¡A este hombre no lo quiero en mi casa! ¡Por favor, que regrese al cielo!”.

Hasta aquí el cuento.

Decía San Juan de la Cruz: “Vete por los caminos dela vida, y allí donde no encuentres amor, pon amor y recogerás amor”. Por mucho que corras y te cambies de un sitio para otro no se solucionan los problemas. Tú eres el que conviertes el sitio en el que estás de  “ lugar equivocado” en un lugar de paz.

Gumersindo Meiriño Fernández

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“Mi última agonía”

Contaba una amiga que su marido, cuando ya se despedía, tras una larga y dolorosa enfermedad, le pidió a ella y a sus hijos que rezaran juntos esta oración: “Jesús, José y María os doy el corazón y el alma mía. Jesús, José y María asistidme en mi última agonía”.

La familia rezaba con los ojos envueltos en lágrimas escondidas y la garganta en nudo pero con fe, con mucha fe.agonia.meirino

─Es una oración, que cuando la rezo evoco─ seguía escribiendo─ la cara sonriente de mi madre y en aquel momento tan difícil, rodeado de mi marido y mis hijos, la sentí cerca. Mi mamá siempre contaba la misma anécdota, cuando rezábamos juntas esta oración, veía mi carita, siendo muy pequeña, con los ojos muy abiertos y aquella infinita curiosidad que tenía por todo, preguntándole: ─ ¿”Mamá, qué es mi última agonía”?

La “última agonía” suena a palabra prohibida. A esas que nunca deben pronunciarse porque están cerca de la muerte. Suena como algo lejano, irreal o, al término adecuado para estacionar en el baúl de los olvidos. Una expresión, como se dice ahora, “tabú”. Pero, en definitiva, es una situación real por la que todo ser humano ha de pasar, no lo olvides, todos, tú y yo entre ellos.

Agonía es un vocablo que procede del idioma griego cuya traducción más adecuada es el de “lucha”. En este sentido, “la última agonía” sería “la última lucha”, “la última batalla”.

La vida está llena de “agonías”. Por eso se habla de “última”, porque antes, hay otras muchas. La “agonía” de la pereza, de la desidia, de la angustia, de la tristeza, de la envidia, de codicia…, agonizan los días (se llaman atardeceres), las semanas, los años, la niñez, la juventud…, todo en la tierra es “agonía”. Todos los días tenemos que “agonizar”, luchar y elegir entre tristeza y alegría, desesperación y esperanza, generosidad y codicia…, cada jornada tomamos muchas cosas pero otras muchas las dejamos ir, en un constante lucha. Son “agonías”, “batallas” infinitas en la mente y en el corazón humano que se vierten, como el río cuando desemboca en el mar, en esa “última agonía”, que son los momentos anteriores a decir adiós al planeta tierra.

Ese momento, que puede durar más o menos, según los casos,  por el que pasamos todos los humanos, tú y yo también, no lo olvides, es crucial. En ese instante todas las batallas humanas se hacen presentes. Es el momento de ir al encuentro de lo Desconocido, con fe y esperanza, en una dulce agonía o la de aferrarse con uñas y dientes al mundo conocido de lo material y caduco, en una amarga agonía. ¡Qué sabias esas palabras de la oración tradicional cristiana, pidiendo a José, María y Jesús la asistencia en la “última agonía”!

Gumersindo Meiriño Fernández

Puedes leerlo también aquí AGONIA

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Mi hijo-a se independiza (y II)

Mi hijo-a se independiza (y II)

La semana pasada un amigo nos contaba la historia de una de sus hijas  que se independizó a los diecinueve años. Algunos padres preguntan cuál es la edad adecuada para decidir ese momento, el de la independencia de los hijos.

Cuando eres engendrado dependes, durante nueve meses, casi  exclusivamente de mamá. Saliste al mundo asustado, atado, casi al cien por cien, a tus papás. Naces “dependiente”. Nadie sobrevive solo.imagen,independencia

En la medida en que la dependencia va en disminución, en esa misma medida aumenta tu autonomía. Aprendes a caminar, primero gateas, luego a hablas, comes por ti mismo, empiezas a comunicarte, incluso con la palabra…. A cierta edad dejas tu hogar y pasas horas en la guardería, en el colegio. Años más tarde aquel bebé totalmente “atado” a su mamá se convierte en adolescente. Empieza el juego del “sí, pero, no”. Soy grande para algunas cosas pero luego en otras tengo tanto miedo que me refugio en mis papás. Por una parte, anhelas ser completamente independiente, pero por otra, en ocasiones, te sientes desamparado y te resguardas bajo la pollera familiar. Es una etapa crucial para entenderte, para conocerte, para descubrir que tienes el mundo por delante pero para ello tienes que crecer, romper otro cordón umbilical, el de los sentimientos, las emociones.

Llegas a la juventud empiezas a organizar tu vida. Eliges unos estudios o un trabajo. Te proyectas a nivel social, en un nuevo roll, dejas atrás lazos fuertes, ataduras. Poco a poco construyes tu vida, te abres a la posibilidad de formar tu propio nido y tener tus hijos. Esto va unido a un crecimiento físico. Poco más de los veinte años a este nivel estás plenamente desarrollado, preparado, al menos físicamente, para la emancipación, ¿lo estarás mentalmente?

Si no logras la independencia a esa edad, si no cortas ciertos  lazos con la familia, manteniendo los afectivos, sufres, te acomodas, paralizas tu evolución, te conviertes  en un “eterno adolescente”, un tipo de persona  bastante común actualmente. Esta situación ocasiona mucho sufrimiento y desequilibrios.

Aunque cada ser humano y su evolución como persona es un misterio, este esquema proviene de la misma naturaleza,  a lo mejor te sirve para ver, mirar, observar, analizar y discernir.

Pertenece a la grandeza del ser humano y de su evolución escuchar a los padres decir: “mi hijo-a se independiza”.

Escúchalo en voz del autor haciendo clik aquí  →

Gumersindo Meiriño Fernández

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