Yvonne, siempre en positivo

Yvonne, siempre en positivo

En unos meses cumpliría ochenta y cinco años. Desde que la conocí, hace unos de siete años, siempre le vi con proyectos, con ilusiones, con mente abierta y rodeada de personas mucho más jóvenes que ella. Era clara, concreta y al grano, sin vacilaciones, vital.

El día de nuestra boda lucía un vestido rojo de tipo oriental y una sonrisa de oreja a oreja. Eso sí, ya caminaba con bastantes dificultades, sin su inseparable bastón en el que necesariamente se apoyaba y con el que hizo muy buenas migas los últimos años.

Ya pasaba de los ochenta cuando empezó a usar la computadora y no mucho tiempo después, manejaba el internet con facilidad, de tal forma que nuestro correo y los de sus amigos y familiares empezaron a recibir mensajes de todo tipo, cuentos para reír, anécdotas divertidas, mensajes espirituales…, siempre alegres y con sentido positivo. A pesar de la edad supo utilizar la técnica de internet para mantenerse en contacto con familiares y amigos. No era raro que de vez en cuando se le viera rodeada de jóvenes de edad universitaria que la buscaban para conversar, charlar de los más diversos temas y escuchar sus consejos. Hace unos días recibió un homenaje del grupo literario al que pertenecía porque le gustaba escribir versos y poesías. Además estaba muy preocupada por los ancianos de su pueblo y por ello empezó a buscar, preguntar y mover los hilos para construir una casa de los abuelos en su querido pueblo donde vivía sola. Decía que las personas mayores deberían tener un lugar en el que juntarse y disfrutar de los años que le quedaban acá.

Alba, una amiga de toda la vida, le retaba diciendo, a ti nunca te gustaron las cosas raras y complicadas, ¿a qué viene ese invento de que has dejado una carta con tu última voluntad? Ahora no aparece tu nuera que tiene la carta y está de viaje y nosotros aquí esperando sin saber donde dejarte. Solo a ti se te ocurre y a estas alturas cuando a ti nunca te gustaron estas cosas. Y, ¿ahora qué dime, qué hacemos? Me imagino a Yvonne mirando a su amiga desde alguno de los otros mundos que Dios le tenía preparado y riéndose a carcajadas.

La parte material que se va de este mundo estaba representada en Yvonne, de cuerpo presente, la que se queda en su bisnieto Luciano, de un año, que jugaba por los alrededores pidiendo comida y sonriendo en el regazo de sus padres. En la despedida a Yvonne, aunque se podía respirar un poco de dolor en los amigos y familiares, el ambiente era de paz, de serenidad, tranquilo.

La fuerza del ser humano, la que da la energía suficiente para vivir con plenitud procede del espíritu. Los años pasan para todos, menos para el espíritu, que es siempre joven. Despedir así a una persona que amó la vida, es una buena noticia porque todos nos iremos de acá. Y cuando llegue nuestro “hasta luego”, que llegará, lo haremos con paz. Y mientras sigamos aquí, miremos la existencia como Yvonne, siempre  en positivo.

Gumersindo Meiriño
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