El misterio de los salmos

Salmo 18 (17)

El misterio de los Salmos

Por motivos de la  labor que desarrollo trato con  muchas personas que buscan descanso a sus almas y a sus cuerpos. Recientemente he redescubierto un instrumento que ha resultado muy eficaz. Después de muchos años como seminarista y luego ejerciendo mi sacerdocio orando con los salmos, luego de haber leído cantidad de comentarios e interpretaciones de todo tipo pensaba que ya estaba todo dicho sobre los salmos.  Pero la experiencia me ha confirmado que estas canciones antiguas encierran algo misterioso que les hacen eficaces a la hora de dar consuelo a los cuerpos y almas fatigados.

En cierta ocasión Lucilo, un buen hombre atormentado, se sentía cercado por una serie de problemas que le habían llevado a la depresión. Primero fue una profunda crisis familiar. Se había ido separando de su esposa y se había alejado de su casa, de sus hijos. Es una familia numerosa. Este cambio influyó en su vida laboral. El que antes era un exitoso profesional empezó a ser un fracaso continuo llegando al borde de la ruina. Y ahí fue cuando empezó a buscar ayuda en lo espiritual. El primer paso fue acudir a San Expedito, un santo al que había rezado de pequeñito. El abuelo solía llevarle a una pequeña ermita que había a las afueras de la ciudad dedicada al santo. Como ya no sabía a dónde acudir, recordando los consejos de su abuelo, visitaba todos los días la ermita y pasaba un tiempo hablando con el santo. “Era el único lugar donde podía estar sentado unos minutos sin que me entraran ganas enormes de levantarme, de llorar  y salir corriendo” comentaba. Como era católico, alguna que otra vez empezó a ir a Misa e incluso, contaba el mismo “me confesé a pesar de la vergüenza que me daba, después de muchos años. Mejoré un poco, pero los negocios seguían mal, la relación con mi esposa cada vez peor y mis hijos a los que adoraba, me rechazaban. Me da vergüenza decirlo pero más de una vez pensé que la salida era dejar este mundo. Pero entonces pensaba en mis hijos y esa idea desaparecía.

Mi vida cambió cuando empecé a rezar los salmos. Al principio no entendía nada, los rezaba y pensaba, ¡vaya palabras raras!,  ¡no podían utilizar un lenguaje más sencillo! ¡Esto no hay quién lo entienda!  Repetir esto, ¿ para qué? Pero me dejaban una sensación de paz.  Me calmaba recitar aquellos versos extraños. Lo hacía, como me habían recomendado, despacio e incluso si podía, en voz alta, saboreando. El salmo con el que empecé a encontrar una conexión especial fue el diecisiete, bueno algunos lo numeran con el dieciocho no sé el motivo, que empieza así: “yo te amo, Señor, tu eres mi fortaleza”.

Una mañana apareció  en mi despacho una de las personas a las que debía dinero con aires de violencia y sin darme cuenta, mientras escuchaba los insultos, empecé a recitar la frase, yo te amo Señor tu eres mi fortaleza. Cuando mi amigo había descargado toda la ira le hablé con paz, no sé cómo le di una posible solución y terminó invitándome a almorzar porque me veía mal y quería echarme una mano. Esa tarde le dije  a Dios en mi oración: los salmos funcionan, ¿qué tienen escondido para ser tan eficaces?, ¿cuál es su misterio?”

Gumersindo Meiriño

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Recomendaciones prácticas para el 2012

recomendaciones 2012

Recomendaciones prácticas para el 2012

El año 2012 es un año único, exclusivo, original, distinto, diferente, inigualable, excepcional, inimitable, característico, personalizado, propio, … y no sé cuántos epítetos más y me quedo corto. Como lo será el año 2013 (recuerden los que le gustan los números, el 13) y lo fue el 2010…

Les invito a ser felices con doce consejos prácticos para este año único e irrepetible. Uno por cada mes. Los primeros seis meses empiezan por NO,  los seis últimos empiezan por SÍ

1. En Enero NO TE ENOJES. Pase lo que pase, suceda lo que suceda con la crisis, con la meteorología, con tu equipo de fútbol o con tu última compra… durante este mes no te enfurezcas nunca con nadie ni por nada.

2. En febrero NO TENGAS MIEDO. Pase lo que pase, suceda lo que suceda aleja el miedo de tu vida, al menos, durante estos 29 días.

3. En Marzo NO GRITES. Pase lo que pase, suceda lo que suceda, respira hondo y cuenta hasta diez, haz una pequeña oración con la mente pero no grites por nada ni a nadie.

4. En Abril NO TRATES MAL a nadie, ni tan siquiera  a ti mismo. Trátate con cariño y recuerda aquello tan sabido y tan poco practicado, “ama al otro como a a ti mismo”.

5. En Mayo NO MIENTAS. No digas ni una sola mentira. Por lo menos en estos treinta y un días di siempre la verdad y no engañes a nadie, ni tan siquiera a ti mismo.

6. En Junio NO HABLES DEMASIADO. Estos treinta días son para la escucha. Presta atención a todo lo que te dicen a cómo te lo dicen y habla solo lo justo y necesario. Dice el refrán “en boca cerrada no entran moscas”.

7. En Julio SÍ BAILA, CANTA, GRITA DE JÚBILO. Este mes no dejes ni una sola mañana o una sola tarde de dar brincos de alegría por estar vivo. ¡ Canta, grita y da gracias a Dios!

8. En Agosto, SÍ HUYE, corre lejos y a gran velocidad del humo negro de los pesimistas, de la sombra del que odia, del que siembra discordia y de los chismosos.

9. En Septiembre, SI AGRADECE  a todos y por todo. Porque “es de bien nacidos ser agradecidos”.

10. En Octubre, SÍ SONRÍE, a todos y por todo. El que siembre sonrisas cosecha alegrías. Nunca harás daño a nadie con una sonrisa amable.

11. En Noviembre, SI ABRAZA, el abrazo es mágico, cura, protege, defiende. Abraza todos. Si no puedes con los brazos, abrázalos con tu mirada cariñosa, con tu palabra amable, con tu oración…, pero ABRAZA.

12. En Diciembre, SÍ SIEMBRA PAZ, por todas partes y en todos los corazones. Que nunca a tu alrededor haya ni una gota de discordia, de rencor, de pena…, solo PAZ, PAZ Y BIEN.

Gumersindo Meiriño.

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En el mes de los difuntos. ¡Se acaba!

¡Se acaba!

Vamos a empezar la celebración de la Eucaristía y mi compañero sacerdote me comenta, “me gusta mucho como predicas, pero, por favor, hoy no nos recites esa poesía que tanto te gusta eso de morir se acaba”.

Las cosas profundas dichas con sencillez llegan al fondo del espíritu y de la mente. El mes de noviembre se relaciona con la muerte, los difuntos …. El tránsito a otra vida es algo tan misterioso que ha planteado interrogantes a los seres humanos de todo las épocas. También a los del siglo XXI aunque ahora no sé porqué parece que en determinados ambientes se le ha tomado para la fiesta y la diversión …., con esto del Hallowen, es decir, “la noche de los difuntos o de las brujas”.

Por eso me gustó tanto la poesía de Descalzo sobre la muerte, por su sencillez y porque cala profundo, “Morir tan solo es morir/Morir se acaba/Es cruzar una puerta a la deriva/y encontrar lo que tanto se buscaba.

¡Se acaba!

¡Sí, se acaba la niñez, la infancia, la adolescencia, la juventud, la madurez, la vejez, y llega la muerte y, ésta, también se acaba! Es algo tan normal y evidente que casi se olvida.

Sí, se olvida que sin sol no puedes vivir, sin el sol todo se acaba. Pero ya casi nadie agradece que el Sol salga todos los días del año y sigamos vivos.

Sí, se olvida que sin agua no puedes vivir. Pero ya casi nadie agradece que la lluvia caiga del cielo e inunde nuestros suelos.

Sí, se olvida que sin el viento que transporta el oxígeno, tus pulmones explotarían. Pero ya casi nadie agradece el golpe del viento  en las mejillas, su ruido en las copas de los árboles.

Sí, se olvida que sin árboles, sin plantas que transforman el anhídrido carbónico en oxígeno, no podrías respirar y te asfixiarías. Pero ya casi nadie abraza, saluda a  la naturaleza, a las plantas, ni da gracias a Dios por el árbol que crece en la vereda de tu casa.

Sí, se olvida que sin amor, sin unos brazos que te acogieran en este mundo, sin unos pechos que te amamantaran, sin alguien que te recibiera no hubieras podido sobrevivir en este planeta tierra. Pero se te olvida agradecer cada día el don de la vida.

Vivir sin tener en cuenta que estás de paso, sin recordar una vez al día que nuestro tiempo es limitado sin analizar que las horas son reales y se acaban, sí, se acaban. Y llega nuestra hermana la muerte que no es más que “abrir una puerta a la deriva y encontrar lo que tanto se buscaba” y que también se acaba.

Empiezo la predicación y “sin querer queriendo” de mi boca brotan las palabras a borbotones, “¡Morir solo es morir, morir se acaba!”

Gumersindo Meiriño

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¿Es el Islam una religión peligrosa?

¿Es el Islam una religión peligrosa?

Esta es una de las grandes preguntas que se formulan muchas personas en la calle y que miran de reojo cuando ven que se les acerca una persona con turbante o con aspecto de árabe.

¿Es el Islam un peligro?

Pues no, no lo es. Lo que sí es peligroso es el uso que se hace del Islam por parte de algunos.

¿Qué quiere decir esto?

Cuando la religión se utiliza para conseguir poder, mantenerse en él, o seguir aumentándolo, cualquier religión es un peligro.

A lo largo de la historia todas las religiones cuando se han utilizado como instrumento de poder han resultado sumamente peligrosas pues ocasionaron guerras, injusticias, robos, asesinatos …

La religión es un instrumento poderosísimo y sumamente eficaz. Si se le utiliza de forma incorrecta puede provocar daños extraordinarios. Al mismo tiempo que, si se emplea de forma adecuada es un medio poderosísimo para la paz, el equilibrio y la concordia entre las personas y las naciones.

Por lo tanto, el Islam no es el peligro, la cuestión es el uso que le dan al Islam algunos de los hombres de esa religión, lo mismo que pasa en el cristianismo, en el hinduismo, en el judaísmo ….

Gumersindo Meiriño

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Las revoluciones sociales en el mundo árabe y las religiones

Las revoluciones sociales en el mundo árabe y las religiones

Los cambios en el mundo árabe a nivel político y social el cambio en el mundo árabe es impactante. Cabe preguntarse, ¿qué pasará en estos países donde el más del noventa por ciento son musulmanes?, ¿qué pasará con la religión?

Las religiones pelean por poder, ventajas sociales, por los derechos …

Los cristianos se sienten discriminados en estos países, los musulmanes les pasa algo similar, en los países europeos, aunque salvando ciertas diferencias referidas a la libertad religiosa y de culto.

Gadafi decía en Italia hace unos meses que el Islam debería ser la religión de toda Europa

¿Estos cambios sociales cómo influirán en la religión?

¿Cambiarán las religiones? ¿Dejarán de ser instrumentos de poder social?

En mi opinión si las políticas sociales y las libertades siguen aumentando, los que van a avanzar son los hombres de la espiritualidad y del amor. Las religiones seguirán teniendo muchos adeptos, sumisos, con ansias de sacar ventajas de todo tipo. Los que van a sumar y aumentar la habitabilidad de esta tierra son los hombres de Dios, alimentados de las distintas religiones, del Islam, del cristianismo, del judaísmo, del hinduismo,… que sacan agua de la misma fuente, es decir, de Dios-Amor, pero con distintos minerales y embases, es decir, con distintas religiones. Y la sopa con cuchara …

Gumersindo Meiriño

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El “nuevo ateísmo”

El nuevo ateísmo

En el siglo XIX surgió con fuerza una reacción a todo lo religioso personalizada en los famosos filósofos de la muerte de Dios, de la que somos herederos todavía hoy.

Aquella corriente que parecía olvidada ha renacido en el siglo XXI con el nuevo ateísmo. El nuevo ateísmo se caracteriza por la negación de Dios a nivel práctico. No es tanto una negación teórica de Dios, de la idea o concepto de de Dios si no más bien de vivir “como si Dios no existiera”.

Esta es la gran encrucijada para el ser humano del siglo XXI el tener en cuenta a Dios de forma real en la vida cotidiana o de tenerlo tan lejano que, sin negarlo, no se le tiene en cuenta en nada de lo que la persona vive.

El que niega la existencia de Dios  y argumenta sobre ella, en realidad,  le tiene presente aunque solo sea para negarlo. Es como el que blasfema, en el fondo, insulta a Dios con la boca, le echa la culpa de lo que le pasa porque en el fondo lo tiene presente. Pero el “ateo del siglo XXI” dice afirmar la existencia de Dios y luego no lo tiene en cuenta.

Incluso hay “cristianos ateos”. Aquellos que se han bautizado, han hecho la primera comunión, la confirmación e incluso se han casado por la iglesia y quieren que se les sepulten cristianamente pero que luego dejan a Dios prisionero en esos cuatro o cinco acontecimientos y en todo lo demás es Alguien tan lejano que no importa.

El ateísmo es un fenómeno respetable y que plantea interrogantes fuertes a los que nos decimos creyentes. Y la sopa con cuchara…

Gumersindo Meiriño

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El lugar donde vive Dios

El lugar donde vive Dios

Cuando recorría por primera vez los distintos lugares de la diócesis de Ourense y de otros cercanas, quedé perplejo con los pequeños pueblitos gallegos con apenas dos decenas de personas que se habían criado alrededor de una iglesia enorme y bellísima.

Algunas de ellas se están convirtiendo en ruinas históricas. Mis amigos sacerdotes  se siguen preguntando con frecuencia, “¿qué va a pasar con los centenares de templos e iglesias de estos pueblos? Algunos de estos edificios majestuosos se han convertido en museos, bastantes en hoteles …., pero y ¿los otros?”

Predicaba en una parroquia que me habían asignado y les decía que si pusiesen una bomba en la iglesia y quedase hecha cenizas no sería nada grave porque la creencia no dependía de un templo si no de la fe de las personas.  Al terminar varias mujeres me esperaron para increparme y corregirme. Sigo pensando lo mismo. ¿Qué pasaría si se destruyese la Meca, la  Mezquita de la Roca, la basílica de San Pedro, …? Pues a nivel de creencias… poca cosa. ¿No fue lo que pasó al Templo de Jerusalén al que ahora llaman el Muro de las Lamentaciones? ¿Qué sucedió con los templos donde estuvo Jesús del que se conservan cuatro piedras? ¿Qué pasó con los grandes templos de religiones primitivas?

Soy partidario de que se conserve el patrimonio artístico, pero también que se reconozca su verdadero valor. Los templos son obras humanas como tales reflejan actos y  valores de los hombres que, como tales, tienen los días contados, son finitos. Que se pregunte el cristiano, ¿dónde se reunía Cristo con sus discípulos y apóstoles? En la montaña, al lado del lago de Galilea, en terrenos solitarios …

El verdadero lugar de encuentro con Dios es la naturaleza, los sitios más sagrados son los que el mismo creador ha dejado en nuestras manos. Vivir inmerso en medio de la naturaleza, rodeado de vida y de la belleza de lo creado, hace que el corazón humano estalle de alegría y de felicidad. Ese estallido es una verdadera experiencia mística. De ahí que la naturaleza sea el auténtico sagrario donde Dios vive y se manifiesta. Y cada ser humano, cada persona, obra cumbre de la creación, es un Sagrario especial de encuentro con Dios.

Las religiones se pelean por conservar “piedra sobre piedra”. Pero la piedra angular sobre la que se construye la relación con Dios no es un edificio. A Dios no se le puede encerrar entre cuatro paredes, llenas de pinturas y esculturas … El ser humano o se encuentra con Dios en su corazón y en las obras de la creación o no lo encuentra. Conservemos los muros de piedras, estatuas de maderas, pinturas al óleo…, total para hacerlo solo se necesita “plata”, pero no olvidemos que los sagrarios donde Dios vive y se manifiesta de forma universal es su Creación y de forma maravillosa y bella en el corazón del ser humano, obra maestra del Amor, el verdadero templo,  el lugar donde vive Dios.

Si quiere escuchar en audio haga clik en la siguiente flecha:

http://www.ivoox.com/lugar-donde-vive-dios_md_549081_1.mp3″

Gumersindo Meiriño

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¡Ay!, ¡Jerusalén, Jerusalén!

¡Ay! ¡Jerusalén, Jerusalén!

Jerusalén, la ciudad santa. Te visito acompañado de mi esposa, de Javier y Encarna. Conversamos del aprovechamiento turístico de la ciudad, de los grupos organizados que encontramos de nacionalidades dispares. Hoy eres totalmente nueva y distinta a la de hace ocho mil o la que recibió a Jesús hace dos mil años. Pero más allá de lo que ven mis ojos, oyen mis oídos, de lo que respiro, huelo o siento, soy consciente de que piso la misma tierra que Abraham, Isaac, Josué, José, que el rey David, Saúl, Salomón, Cristo, Mahoma, Pedro, Pablo.

Jerusalén recorremos tus calles como flotando en el aire, más allá de todo lo aparente. Para que no lo olvide la historia conservas los restos del Templo de Jerusalén el más sagrado lugar judío, a escasos metros de la roca donde Abraham quiso ofrecer en sacrificio a su hijo Isaac. Y muy cerca, el templo que se construyó sobre el calvario y la tumba de la que resucitó Jesús. Lugares sagrados y santos rodeados de policías, de armas, de vigilancia. Así somos los humanos empeñados en ocultar los grandes espacios sagrados que embellecieron la tierra con armas y guerras.

“¡Oh Jerusalén, Jerusalén!, la que mata a los profetas y apedrea a los que le son enviados. ¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como una gallina su nidada bajo las alas, y no habéis querido!” Vienen a mi memoria estas duras palabras de Jesús pisando las frías y  no menos duras piedras de tus calles.

Jerusalén, ciudad a la que los judíos se encaminaban todos los años a celebrar la Pascua como agradecimiento por la liberación de la esclavitud de Egipto. A la que vuelven sus oraciones cientos de miles de musulmanes de todo el mundo porque desde aquí, el profeta Mahoma viajó al cielo llevado por el arcángel Gabriel. A la que los cristianos aman por aquí Cristo fue condenado injustamente ajusticiado y al tercer día resucitó.

Jerusalén, ciudad que anhelas la Paz, que la anuncias, la proclamas, la añoras, la destruyes, la restauras… Ciudad que te alegras cuando tienes el don anhelado, pero que luego dejas escapar y lloras desconsolada, la que saltas de alegría delante del arca de la alianza y construyes grandes templos y pocos años después los destruyes y haces añicos.

Jerusalén, en definitiva, no es más que tu corazón, la ciudad que vive en lo más íntimo de ti mismo. Ayer te he visto cantando, alegre, eufórico, con una copa de vino tocando tus labios. Hoy te miro desconsolado, con cara demacrada, con la cabeza entre las manos apenas puedes pronunciar palabra y dices con voz cansina y llorosa, “¿por qué me pasa esto a mí?”.

Jerusalén, el lugar más sagrado de tu conciencia donde lucha el bien y el mal, la paz y la guerra. Donde un oído atento escucha esos deseos irrenunciables de todo corazón humano: “Te deseo la Paz, que vivan seguros los que te aman, que haya paz y seguridad dentro de tus muros, de tus palacios, en realidad, paz y seguridad en los muros y palacios de tu corazón”.

¿Cuándo cumplirás tus anhelos? ¡Ay!, ¡Jerusalén, Jerusalén!

Para escuchar el audio haga clik en la flecha: http://www.ivoox.com/ay-jerualen-jerusalen_md_539420_1.mp3″

Gumersindo Meiriño

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¡Soy Islam!

¡Soy Islam!

Tengo grabada con fuego la primera vez que escuché la voz de Emilio Galindo y sobre todo, la frase que citó en varias ocasiones ese día: “el Islam me convirtió al cristianismo”.

El profesor que me explicaba las matemáticas de la secundaria repetía insistentemente la misma frase: “la ignorancia es muy atrevida”. Cuando el P. Emilio decía que el Islam le había convertido al cristianismo insistía una y otra vez que muchos hablan de esta religión sin conocimiento, con mucha ignorancia, que la juzgan y no tienen idea de lo que dicen. “Como el Islam es una gran religión que profesan miles de millones de personas, comentaba Galindo, me comprometí a estudiar la realidad del Islam para cuando saliese el tema hablar con conocimiento de causa; es así que, “me convertí” al Islam”.

Como escribía un autor árabe: “El verdadero musulmán, habiendo renunciado a todo asidero doctrinal y a  todo dogmatismo está constantemente aprendiendo a caminar sobre el Abismo y a poner completamente su confianza en el Señor de los mundos, Aquel que lo sustenta todo y que es el entramado mismo de la Realidad… Mi religión en el caso que el dhin (camino) lo sea, sería definible únicamente como sometimiento a Dios y a lo que de Él me llega a través de sus signos y esos signos están en todo lo creado”.

Desde este punto de vista, se entiende al musulmán, tal y como lo manifiesta la misma definición de la palabra “islam”, como el “sometido a Dios, a Alá”. Y estos son los verdaderos cristianos, los verdaderos hindúes, musulmanes o budistas, los que son capaces de vivir de acuerdo a lo que Dios les dicta, amando a los seres humanos y respetando a los demás como hermanos, por encima de dogmas, leyes o presiones de cualquier tipo. En ese sentido el musulmán es un ser libre, al que no se pueden poner los grilletes del miedo o la pusilanimidad.

Por ello no es extraño que de esa raíz del Islam hayan salido personas como Rumi, como Ibn Arabi …, y otros muchos “santos musulmanes” que lucharon contra corriente dentro de su religión porque no eran  comprendidos, no se sometían a hombres y leyes de hombres sino solo a Dios.

En este sentido yo “me convierto en musulmán” porque sin dejar de ser cristiano mi máxima aspiración es poner toda mi vida a disposición de Dios. Desde esa postura es fácil decir que no existe blanco o negro, musulmán, hindú, budista, cristiano o ateo. Solo existe una raza, la de los “Islam”, la de lo sometidos a Dios, la de los hijos de Dios, todos hermanos en un mismo Padre, llamado Dios o Alá …, porque a Dios no se le puede encerrar en un nombre ni en unas ideas.

Como cristiano oro con las palabras de Jesús, “hágase tu voluntad en la tierra como en los cielos“, en ese sentido, también soy un sometido a Dios, también soy “Islam”.

Gumersindo Meiriño

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¡Cambia!

¡Cambia!

Cuando era un niño de ocho o nueve años, mi abuelita me pidió que le llevara un sándwich a un joven que estaba en el campo. Después de hacer el pedido me quedé conversando con él. Me contó que estaba muy mal que tenía dolores de cabeza muy fuertes y observé cómo se levantaba a vomitar y a tomar agua de una fuente cercana. Al regresar a casa le dije a la abuela que el chico estaba muy grave que habría que llamar al médico, y le expliqué todo lo que había observado. La abuela se rió y me dijo de forma concisa: “no te preocupes por él. Eso que tiene se llama “resaca”. Ayer se emborrachó y ahora paga las consecuencias, pero a la tarde ya va a estar mejor. Y mi mente de niño pensó, “si lo pasa tan mal y sufre tanto, ¿Por qué se emborrachó? ¿Y por qué hay personas borrachas? No entiendo cómo hay gente tan rara que quiera sufrir de esa forma.

Han pasado los años y cuantos más cumplo, más real se hace el argumento de aquel pequeño niño. ¿Por qué los seres humanos nos empeñamos en repetir una y otra vez actuaciones que nos hacen daño, que nos dejan mal, que nos hacen sufrir?

 

Un chico de unos veinte años se sienta cara a cara conmigo. Me cuenta su historia de forma abreviada.  Le escucho. Al terminar le pregunto, “¿estás bien así? ¿Eres feliz en la situación en la que vives?” “No, soy muy desgraciado”. El intercambio de palabras es vertiginoso, ninguno de los dos, piensa dos veces lo que dice. “Pues, cámbialo” “Sí, tiene razón pero, ¿hacia dónde? Hacia cualquier lado. Pero eso me puede llevar al precipicio. Y ahora, ¿dónde estás? Se ríe, “sí, en el precipicio”. ¿Por qué estás ahí? Pues no sé. Porque has repetido siempre lo mismo, ves que no da resultado y sigues repitiéndolo. Cambia tu vida, transfórmate, renueva el chip, piensa distinto, actúa distinto, el resultado será… distinto. Ahora bien, piensas desde hace años de la misma forma, actúas igual, los resultados han sido y serán siempre similares. Renuévate, transfórmate. Analiza los resultados, vuelve a sembrar de nuevo semillas distintas….

 

No lo he vuelto a ver porque no existe o, por el contrario, lo miro todos los días porque ese joven, somos todos. Al ser humano le cuesta aprender. El misterio de la vida se encauza en la medida que analizamos lo que hacemos reflexionamos y nos damos cuenta de lo que nos hace sufrir y lo que nos hace disfrutar de la vida. Parece tan sencillo y, sin embargo, muchos, a pesar de la resaca, siguen emborrachándose.

 

Pues bien, si estás mal, si sufres, haz algo nuevo, distinto, hoy, ahora. ¡Cambia!

Para escuchar el audio haz clik en la flecha: http://www.ivoox.com/cambia_md_518507_1.mp3″

 Gumersindo Meiriño

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