Gumersindo Meiriño en México

Gumersindo Meiriño en México


Guillermo Gazanini Espinoza / 12 de abril.- El autor de “Empresario a santo” visitó México durante tres semanas. Junto con su esposa María Benetti, Gumersindo Meiriño, quien fue sacerdote misionero en Santo Tomé, visitó nuestro país para la presentación del libro sobre el beato Sebastián de Aparicio de la que es coautor junto con el franciscano José Isorna.

Meiriño y María Benetti fueron invitados por este bloguero a la Cámara de Diputados de México. Ahí realizaron una visita guiada por el recinto legislativo y compartieron la mesa en amena charla sobre algunos temas controvertidos y actuales de la vida de la Iglesia. El autor concedió una entrevista a Sursum Corda donde expresó su grata impresión por México y por la hospitalidad de su gente: “La imagen que hay de México en el exterior no es cierta”.

El Dr. Meiriño y esposa regresaron a casa el pasado jueves 12 de abril. Ofrecemos la entrevista realizada el 9 de abril, en el Palacio Legislativo de la Cámara de Diputados de México bajo el siguiente vínculo:

https://www.youtube.com/watch?v=j27jFevxFUk

Fuente:

http://blogs.periodistadigital.com/sursumcorda.php/2012/04/13/gumersindo-meirino-en-mexico

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El mejor tesoro

El  mejor  tesoro

Como dice el refranero popular “la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida”. Una de ellas fue enterarme de que hay personas que se dedican a descubrir y desenterrar tesoros. No estoy pensando en la leyenda de “el dorado” tan famosa, si no en algunas personas que hoy, siglo XXI de nuestra era,  viven y comen de investigar dónde están aquellas monedas y tesoros que los antiguos han escondido bajo tierra, en las casas, en los terrenos…, y no solo personas si no que han inventado unos aparatos especiales y, que, me dice el que cortésmente me cuenta su experiencia, “no son nada baratos”.

Dejando de lado estos tesoros de platas, joyas, oros… que los antiguos han escondido en los más recónditos lugares, tengo para mí que hay un tesoro que está a nuestro alcance, al lado, sin necesidad de “especialistas” ni “aparatos” que nos muestren dónde encontrarlo y que, sin embargo, a veces, descuidamos y enterramos en el mundo del olvido. Se trata del tesoro de la amistad. Otra vez recurro al refranero popular que dice, “quien encuentra un amigo, encuentra un tesoro”, “el mejor tesoro es un amigo”, “la amistad es un tesoro que Dios regala”…

Los nuevos caminos que recorro con mi esposa nos hizo desembarcar hace unos días en México, un país maravilloso, místico, acogedor y alegre. Visitamos León, Silao, Guanajuato, Campeche, Ciudad del Carmen, Mérida, Cancún, Isla Mujeres, México DF, las culturas mayas de Chichén Itzá, Teotihuacán…, y, ¡cómo no!, Puebla de Zaragoza, la querida Ciudad de los Ángeles que nos ha testificado de forma clara y palpable que los mejores tesoros no son el oro ni la plata si no la verdadera amistad y que “el que más da, más recibe”. Y lo digo no por los bienes materiales que se pueden compartir y dar si no por el cariño, la amabilidad, el afecto… ¡cuánto más damos más recibimos! Y, en este sentido, me siento multimillonario porque hemos recibido el cariño y la atención de nuestros queridos amigos de Puebla y de México. Además de la afabilidad y la dedicación de los que ya conocíamos se sumó a los que hemos conocido durante esos días.

Nos despedimos en la estación de autobuses de Puebla. Subimos al “bus” que descansa con el motor en marcha unos minutos en el recinto cerrado, esperando que dé la hora de partida. Al salir el “bus” gira a la derecha y a los pocos metros en la calle vemos el auto blanco de nuestros amigos Manolo y Santiago que esperaban, de pie, para despedirnos. Con los brazos en alto los saludamos en señal de un “hasta luego”.

Mientras el autobús sigue su rumbo a México DF, mi corazón se conmueve y canta suavemente que también en el siglo XXI, la amistad es el mejor tesoro.

Gumersindo Meiriño

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Sebastián de Aparicio. Puebla. México

Presentación del libro

San Sebastián de Aparicio

De Empresario a Santo

Sebastián de Aparicio una historia real

Autores:

P. José Isorna OFM

Dr. Gumersindo Meiriño

  

Presentación del Acto

Párroco de Nuestra Señora del Destierro

Lic. Aldo Roberto Rivero Pastor

Arqu. Rafael Barquero Díaz de Barriga

Disertante:

Dr. Gumersindo Meiriño

Lugar:

Parroquia de Nuestra Señora del Destierro

Municipio de San Sebastián de Aparicio Puebla México

Puebla. México

Martes 10 de abril de 2012

A las 17: 00 horas

Entrada Libre

Para cualquier información adicional escribir a:

editorialdeorienteaoccidente@gmail.com

 www.editorialdeorienteaoccidente.com

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Desde el Cerro del Cubilete, México, ¡Felices Pascuas!

Desde el Cerro del Cubilete (México) ¡Felices Pascuas!

Pocas veces en el universo, sobre todo en el hemisferio que nos toca vivir,  se da el ambiente de espiritualidad que se da en la Semana Santa.

Es la semana del Amor que se vive desde el sacrificio, la renuncia, la humillación…,pero también y, sobre todo, desde la gloria y el triunfo de Cristo Resucitado. Espinas y rosas van juntas. No hay rosas sin espinas. El Amor bello y de suave olor como las rosas lleva consigo las espinas que apenas lastiman porque el Amor es más fuerte que todo lo demás. Cristo Resucitado demuestra una vez más que el Amor es el que triunfa.

La Semana Santa es la Semana del Amor.

Les dejo el testimonio de un joven mexicano, Enrique Mendoza,  que nos habla de sus vivencias y de su visión de  la Visita del Papa y resume mirando al Cerro del Cubilete, corazón de México estas dos perspectivas de la semana santa las espinas y la gloria.

Es extraordinario que Benedicto XVI haya elegido el Cerro del Cubilete como el lugar central de su visita a México. El Cerro del Cubiletees un lugar muy especial para mí. Es un lugar al que he peregrinado más de diez veces en mi vida, junto con miles de jóvenes provenientes de todo México. Es el corazón de nuestro país, desde un punto de vista geográfico pero también espiritual (sólo después del Tepeyac, donde se apareció la Guadalupana). Pues bien, éste es el lugar que nuestro querido Papa Benedicto como punto culminante de su visita a nuestro país, la gran Misa multitudinaria a la que tuve el privilegio de asistir. El ambiente de alegría y celebración en el Parque Bicentenario fue tan impresionante como la solemnidad y respeto con la que se vivió la Sagrada Eucaristía. En un mismo panorama se veía el Cristo Rey del Cerro del Cubilete y a su representante en la tierra—¡en nuestra propia tierra mexicana!

Pero lo más importante es el mensaje que el Papa nos vino a dejar: “El reinado de Cristo no consiste en el poder para someter a los demás por la fuerza o la violencia. Se funda en un poder más grande que gana los corazones: el amor de Dios que él ha traído al mundo con su sacrificio y la verdad de la que ha dado testimonio.”

Así pues, haciendo alusión a las dos coronas del Cristo del Cubilete, la corona real y la corona de espinas, el Papa me ha hecho recordar que sólo alcanzaremos la corona de la gloria eterna si pasamos en la tierra por la corona del martirio, del sacrificio y de la abnegación diarias. Sólo abrazando nuestra cruz de cada día, amando y haciendo el bien a los que nos rodean, podremos exclamar al final de nuestros días, como tantos mártires que han entregado su vida en nuestra patria, con voz confiada y amante: “¡Viva Cristo Rey!”

Este breve testimonio es un reflejo veraz de muchos jóvenes de México.  Desde el Cerro del Cubilete en México, ¡Felices Pascuas!

Gumersindo Meiriño

Escucha la felicitación en audio haciendo clik en la flecha:

http://www.ivoox.com/felices-pascuas-desde-cerro-del-tepeyac_md_1154235_1.mp3″

o el vídeo:

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En Puebla México Sebastián de Aparicio. De empresario a Santo

Intervención del Lic. Aldo Rivero Pastor:

Intervención de Manolo Domínguez Gabián:

Intervención de  Gumersindo Meiriño:

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Sin perder de vista. Sebastián de Aparicio

San Sebastián de Aparicio

San Sebastián de Aparicio

Sin perder de vista

Distintos avatares de mi vida personal hizo que me encontrara varias veces con un personaje singular, llamado Sebastián de Aparicio.

Después de hacer mis estudios en la Universidad de Navarra, mi primer destino fue la Gudiña. No tenía una idea más que de haber pasado por allí en el autobús o en el tren que me llevaba destino a la Universidad o de vuelta destino a mi casa.

Recuerdo muy bien que en la Clínica Universitaria acudí a la oficina de información para pedir una lista telefónica y mirar cuántos habitantes podría tener la Gudiña. Eran tiempos aquellos en los que no había Internet había que usar otros recursos.

Allí en la Gudiña fue donde hice amistad con Aparicio.

Al principio me pareció un poquito exagerado todo lo que se decía en el pueblo de él. Pero al ir, poco a poco, conociéndolo y tratándolo descubrí que era todo un personaje digno de prestarle atención.

De la multitud de anécdotas que se cuentan de él, me quedaría con una en la que dicen que su máxima era: “no perder de vista a Dios”

Eso si que es todo un programa de vida resumido en una pequeña frase que es todo un océano de sabiduría.

Si comes, no perder de vista a Dios. Si juegas no perder de vista a Dios, si trabajas no perder de vista a Dios. Si bailas no perder de vista a Dios. Si cantas no perder de vista a Dios. Era lo mismo que decía Pablo de Tarso,” ya comáis, ya bebáis hacedlo todo para gloria de Dios”.

Y además no me extraña que Sebaschao de Aparicio le sirviera en su vida como máxima porque sus peripecias son muchas y múltiples. Tantas que seguro que tuvo más de una ocasión para perder de vista muchas cosas.

Fue emigrante en la provincia de Orense y en varias de las provincias españolas. Reciente el descubrimiento de América se embarcó para México.

Se instaló en Puebla de los Ángeles, también conocida como la Ciudad de los Ángeles. Allí fue primer agricultor, luego ganadero luego construyó carretas. Luego se dedicó a construir los caminos que cruzaban buena parte de México. Más tarde volvió a ser ganadero y levantó el primer asilo para ancianos y necesitados. Luego donó todas sus riquezas y se hizo donado del as hermanas de Santa Clara y luego fraile franciscano. No sin antes haberse casado dos veces y dos veces enviudado.

Después de todos estos avatares dignos de la mejor película de Hollywood, murió a los noventa y ocho años de edad, eso sí, “sin perder nunca de vista a Dios”.

Gumersindo Meiriño

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