Padre Isorna y Gumersindo Meiriño en Santiago de Compostela Galicia – España

El Correo Gallego

El padre José Isorna y Meiriño presentan ‘De empresario a Santo’

27.10.2010 El libro se dio a conocer ayer en Follas Novas// Es la historia de un franciscano de A Gudiña

REDACCIÓN SANTIAGO

Meiriño y el padre Isorna con el fundador de Follas Novas, Rafael Silva, de pie FOTO: A. Hernández
Meiriño y el padre Isorna con el fundador de Follas Novas, Rafael Silva, de pieFOTO: A. Hernández

El conocidísimo padre Isorna y el escritor y doctor en Teología Gumersindo Meiriño presentaron ayer en la librería Follas Novas de Santiago una obra conjunta, De empresario a Santo. En sus páginas se narra la historia de Sebastián de Aparicio, un franciscano nacido en A Gudiña que fue emigrante, agricultor, ganadero, hombre de negocios y, finalmente, santo.

Y es que Sebastián de Aparicio fue beatificado en 1789 por su labor misionera. La historia dice que gracias a él se deben las primeras carretas que hubo en México tiradas por animales y en el libro De empresario a Santo se cuenta que creó líneas de transporte y distribución de mercancías con ellos. Además, se empeñó en “adaptar las carretas gallegas a Puebla”, la localidad mexicana a la que emigró, y “así se fueron fabricando los arados como los de O Riós y as Frieiras”, se lee en esta obra de 111 páginas sacadas a la luz por la Editorial De Oriente a Occidente. Uno de los autores, Gumersindo Meiriño, fue ordenado sacerdote y ejerció como tal en distintos países, como en Ecuador y Argentina. Trabajó también tres años asistiendo espiritualmente a los enfermos de la Clínica Universitaria de Navarra, ejerció como profesor catedrático y actualmente está casado, es misionero y escritor.

El padre Isorna nació en Cordeiro (Valga) y es una institución en Santiago. Es franciscano desde hace 60 años y, entre otras muchísimas actividades, es miembro de la Real Academia Gallega de la Lengua.

El Correo Gallego

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Isorna y Meiriño rescatan la figura de Sebastián de Aparicio como modelo en tiempos de crisis

Gumersindo Meiriño y el padre José Isorna presentaron ayer en la librería Follas Novas el libro De empresario a santo, una obra que indaga en la persona y la trayectoria vital del emigrante de A Gudiña Sebastián de Aparicio.
La publicación, que sale a la luz dentro del sello De Oriente a Occidente, es además un homenaje a la propia figura del Padre Isorna, que cumplirá noventa años el próximo mes de mayo. «Sebastián de Aparicio se fue a México en 1533, donde trabajó como un emigrante más. Montó nada menos que una empresa de carruajes; podemos decir que fue él el que llevó la rueda a México para crear una cultura diferente», señala el fraile coautor del libro.
Empresario de éxito
El padre Isorna dice que la escena de ver a los nativos cargando pesadas mercancías sobre sus espaldas pocos años después del descubrimiento de América sobrecogió a De Aparicio, que quiso acabar con esa situación y se convirtió en un empresario de éxito. La vida de Sebastián de Aparicio, que para los autores no deja de ser un modelo que puede servir de referencia en tiempos de crisis, cambió radicalmente a los 68 años, cuando entregó todos sus bienes al convento mexicano de Santa Clara y se hizo fraile mendicante. Sebastián de Aparicio es venerado hoy en Puebla como patrón de los transportistas, del mismo modo que en España se honra a San Cristóbal. Su cuerpo permanece incorrupto.

LA VOZ DE GALICIA, 27/10/10

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El santo que me llevó a América (Sebastián de Aparicio)

El santo que me llevó a América

(Sebastián de Aparicio)

Cuando estaba en la parroquia de Virasoro (Argentina) me acerqué al negocio donde encargábamos cada semana las fotocopias. Nunca había ido personalmente. Era la primera vez. Mientras esperaba el turno observé, que en la estantería situada en frente al mostrador, colgaba una pequeña estampa de un santo franciscano. No presté mucha atención, hasta que, me pareció ver la imagen de Aparicio, Beato de la orden de los franciscanos. O mi vista me fallaba o parecía que me miraba. Entonces me fijé y, sí, era realmente una estampita de del Beato. Pregunté quién era aquel santo. La dueña, una señora de mediana edad, me miró sorprendida y reconoció: “La verdad es que no se qué santo será pero seguro que se le olvidó a alguien entre los papeles cuando vino a hacer fotocopias Al ver que era un santo lo pusimos ahí para proteger el negocio”. La sra me acercó la estampa y, efectivamente, era una de las habíamos hecho en Galicia en la parroquia donde nació Aparicio. Era inconfundible porque en la parte de atrás estaba la oración que personalmente había escrito para que rezaran. La sra entendió quién era el dueño de la estampita y me la quiso devolver. Contesté: “No, señora quédesela será una buena protección para su negocio”.

Esta casualidad, ahora que vivo en América, me ha hecho recordar un pequeño detalle. La primera vez que volé rumbo a Sudamérica fue motivado por Aparicio. Corría el año 2000. El mundo vivía en torno al nacimiento de un nuevo milenio. Y A Gudiña, en torno al centenario de su hijo más sublime y famoso: Sebastián de Aparicio. Nacido en este pueblo, en el año 1502 y fallecido en Puebla de los Ángeles en el 1600, con fama de ser un santo muy milagrero e impulsor de las rutas mexicanas. Se celebraba el cuarto centenario de su muerte. Así surgió la visita a la tierra donde se conserva la urna con sus restos, expuestos al público en el Convento franciscano de la Ciudad de los Ángeles, en México. Un grupo de vecinos, nacidos en el pueblo de A Gudiña, que habían soñado con esta posibilidad desde su infancia se subieron, casi todos por primera vez, a un avión para ver a su paisano.

En aquel avión, sonriente, siempre con una palabra amable en la boca y de buen humor nos acompañó el padre Isorna. Así viajé a Sudamérica por primera vez y, de forma insospechada se convirtió en mi nuevo hogar.

Al poco tiempo pensé que la providencia me guiaba por caminos distintos a los del beato y que éste quedaba en el pasado. Primero me instalé en Ecuador luego en Argentina. Aquí Sebastián regresó al presente. No sé cómo ni porqué un buen día comentando las circunstancias de mi vida, María, mi esposa, comentó, “eso tendrías que escribirlo”. Y otro día “y qué bueno si lo hicieras con el P. Isorna”. A la vuelta del primer viaje a México, en el año dos mil, nos pidieron al P. Isorna y al que escribe, la introducción para un libro facsímil de la vida del beato.

A la vuelta de los años, Isorna y Meiriño escriben un libro, De empresario a santo, que se presenta en la Feria Internacional del libro de Buenos Aires, sobre Sebastián de Aparicio: el santo que me llevó a América.

Y la sopa …., con cuchara.

Gumersindo Meiriño

www.deorienteaoccidente.com

Presentación del libro De empresario a Santo. Feria del libro de Buenos Aires

Presenta,
en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, 

la más grande de su tipo en el mundo de habla hispana.
Lugar de encuentro entre autores, editores, libreros,  distribuidores, educadores,
bibliotecarios, científicos artistas de todo el mundo y más de 1.200.000 lectores.

SÁBADO 2  DE MAYO 2009

Se presentan en conferencia de prensa en pabellón Ocre.
los autores:


Gumersindo Meiriño

DE EMPRESARIO A SANTO:

Escrito por el Dr. Gumersindo Meiriño y el Padre franciscano Fray José Isorna, el cual responderá a la entrevista desde Santiago de Compostela. España

María Benetti Meiriño

 

DIOS Y LA MEDITACIÓN TRASCENDENTAL.

Libro sobre Meditación, siguiendo el Programa de Camino a lo Sagrado, escrito por la Maestra Zen, María Benetti Meiriño


tapa-aparicioweb

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LA FIRMA DE LOS LIBROS

se realiza  días 2 al 6 de mayo 20 hs

Pabellón Amarillo
Stand  XUNTA DE GALICIA
Calle 12, Stand: 1710

 

 

Más información, haga clik en el enlace de la Editorial:

http://www.editorialdeorienteaoccidente.com/

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Sin perder de vista. Sebastián de Aparicio

San Sebastián de Aparicio

San Sebastián de Aparicio

Sin perder de vista

Distintos avatares de mi vida personal hizo que me encontrara varias veces con un personaje singular, llamado Sebastián de Aparicio.

Después de hacer mis estudios en la Universidad de Navarra, mi primer destino fue la Gudiña. No tenía una idea más que de haber pasado por allí en el autobús o en el tren que me llevaba destino a la Universidad o de vuelta destino a mi casa.

Recuerdo muy bien que en la Clínica Universitaria acudí a la oficina de información para pedir una lista telefónica y mirar cuántos habitantes podría tener la Gudiña. Eran tiempos aquellos en los que no había Internet había que usar otros recursos.

Allí en la Gudiña fue donde hice amistad con Aparicio.

Al principio me pareció un poquito exagerado todo lo que se decía en el pueblo de él. Pero al ir, poco a poco, conociéndolo y tratándolo descubrí que era todo un personaje digno de prestarle atención.

De la multitud de anécdotas que se cuentan de él, me quedaría con una en la que dicen que su máxima era: “no perder de vista a Dios”

Eso si que es todo un programa de vida resumido en una pequeña frase que es todo un océano de sabiduría.

Si comes, no perder de vista a Dios. Si juegas no perder de vista a Dios, si trabajas no perder de vista a Dios. Si bailas no perder de vista a Dios. Si cantas no perder de vista a Dios. Era lo mismo que decía Pablo de Tarso,” ya comáis, ya bebáis hacedlo todo para gloria de Dios”.

Y además no me extraña que Sebaschao de Aparicio le sirviera en su vida como máxima porque sus peripecias son muchas y múltiples. Tantas que seguro que tuvo más de una ocasión para perder de vista muchas cosas.

Fue emigrante en la provincia de Orense y en varias de las provincias españolas. Reciente el descubrimiento de América se embarcó para México.

Se instaló en Puebla de los Ángeles, también conocida como la Ciudad de los Ángeles. Allí fue primer agricultor, luego ganadero luego construyó carretas. Luego se dedicó a construir los caminos que cruzaban buena parte de México. Más tarde volvió a ser ganadero y levantó el primer asilo para ancianos y necesitados. Luego donó todas sus riquezas y se hizo donado del as hermanas de Santa Clara y luego fraile franciscano. No sin antes haberse casado dos veces y dos veces enviudado.

Después de todos estos avatares dignos de la mejor película de Hollywood, murió a los noventa y ocho años de edad, eso sí, “sin perder nunca de vista a Dios”.

Gumersindo Meiriño

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