Torres Queiruga y el Padre Isorna

 

Aprende, comparte, enseña

Hay muchas personas sabias y generosas que se cruzan en nuestro camino diario. Son las que han aprendido a lo largo de la existencia y siguen haciéndolo cada día y luego comparten lo que han aprendido y así enseñan a los demás.

El otro día he tenido la oportunidad de compartir con dos de ellas en pocos minutos.

El encuentro fue en el Convento de San Francisco en Santiago de Compostela. Torres Queiruga, teólogo y profesor, es un hombre vital, apasionado, con las ideas y los conceptos que escribe y dicta, claros y bien delineados. No parece que tenga setenta años, ni que se haya jubilado, porque la ilusión, el entusiasmo y su forma de expresarse parecen de un joven que empieza sus estudios.

Hablamos de la teología como ciencia, de cómo la revelación llega a su culmen en Cristo, de cómo se debe entender la resurrección de la carne, de la reencarnación…, Y cómo no de ese Dios que se manifiesta en Cristo como Amor, en su máxima expresión.

Horas y horas estudiando y reflexionando hacen que el pensamiento de Torres Queiruga tenga credibilidad, aunque no se comparta enteramente, porque está trabajado, elaborado y tiene sangre, vitalidad. No es una teología meramente teórica o ideológica. El énfasis de teólogo de Andrés quedó plasmado en sus palabras al referirse a Dios como Misericordia y Amor en el máximo grado.

Al terminar la conversación saludamos al franciscano, el P. Isorna. Sus casi noventa años con la energía de siempre y con más achaques que nunca, debido a que las temperaturas han bajado y la humedad, hacen que los huesos le duelan y le impidan caminar con soltura. Pero una vez sentado enfrente de un pequeño vaso de leche caliente, el diálogo es ameno, jovial y educado. Porque, nos comenta ufano, el cuerpo pueda que no responda como antes, ni la memoria, pero el espíritu es siempre joven. Hablamos de sus colaboraciones en la prensa, de su artículo Paciencia y Alegría, cuyo título, sin habernos puesto de acuerdo, coincide con uno de las Buenas Noticias del P. Gumer, y de su biblioteca, que tiene más de diez mil volúmenes y que donó íntegramente de forma generosa.

 En el fondo dos almas parecidas que aman lo que hacen, que han aprendido de la vida y lo comparten, enseñando. Un buen lema para la vida: aprende, comparte, enseña.

Gumersindo Meiriño

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Paciencia y alegría

Paciencia y alegría

La madre espera  la llegada de su hijo al mundo. Hace unos años mientras su pancita iba creciendo poco a poco la mamá cosía, tejía, la ropa del futuro bebé. El papá construía con sus manos la cuna en la que descansaría los primeros años de su estancia en este pequeño mundo. Actualmente, los dos juntos o cada uno por su lado, recorren , con enorme paciencia,  las decenas de locales de las grandes plataformas comerciales en busca de los mejores precios para comprarle ropita  al ser humano que se prepara para aterrizar en el planeta tierra.

Cuando nace, el bebé espera que su madre le acerque el pecho o el biberón. Cuando crece, piensa en su próxima etapa escolar. Luego observa  a los compañeros del curso superior y le gustaría tener más años para ser como ellos. En la pre adolescencia , las niñas esperan que les salga el pecho, los niños la barba, luego ambos, quieren que pase el tiempo pronto para poder sacar el carnet de conducir, ir a la universidad, encontrar su primer trabajo, encontrar el amor de su vida.

Luego esperan tener un trabajo estable, encontrar a la persona adecuada para formar una familia, tener hijos. Y vuelve la rueda del molino a empezar, esperan que nazca su hijo…, Cuando se hace mayor, espera tener una buena jubilación, salud, hasta que, los más ancianos, esperan a que les llegue el momento de tomar el camino de la eternidad.

Para todo ello es necesaria la paciencia. A lo largo de la vida la ejercitamos con mucha frecuencia. No nos queda  más remedio. El refrán popular dice: “El que espera desespera”. Tiene parte de razón porque la paciencia, la sola paciencia, si se ejercita sola es coja, renga y con un pie solo se camina mal y uno termina desesperado. Pero, ¿con quién podríamos acompañar la paciencia?

Las virtudes, como los apóstoles de Jesús, deben ir, al menos , de dos en dos.

Hablo con el padre Isorna, que tiene ochenta y nueve años, le pregunto cómo está. El me cuenta que está bien  para su edad pero que le duele mucho la espalda y que muchas veces apenas puede caminar “pero que no me quejo  porque ejercito la paciencia y  la alegría, comenta, porque las virtudes nunca va una sola si no que van acompañadas por otra. Paciencia y alegría”.

Pues bien, ya tenemos la compañera de la paciencia. Se trata de la alegría, Cuando uno espera  y lo hace con alegría convierte lo que podría ser algo pesado e ingrato en algo constructivo.

Cuando uno hace trámites burocráticos tiene que esperar en ocasiones horas a que te den un turno, a que te firmen un papel, es recomendable llevarse un buen libro debajo del brazo, o un papel y lápiz o el rosario en la mano diciendo algunas jaculatorias o mantras como dicen los orientales o como los varones griegos que para relajarse juegan con una especie de rosario en la mano por horas enteras.

La paciencia forma parte de nuestra vida. No la dejes sola, dale una buena compañera, la alegría. Paciencia y Alegría.

Gumersindo Meiriño

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Con una rosa en la mano

Con una rosa

Estamos en las puertas del Convento de los franciscanos de Santiago de Compostela acompañados por el P. José Isorna que salió al patio de entrada para despedirnos. Con sus casi noventa años, con su bastón, su sombrero, más elegante que nunca y su cara alegre de siempre. Al pasar por delante del jardín comentó: “Ves como están los rosales cortaditos. Pero hoy me he olvidado mi tijerita. Bueno no importa”. Y alargando la mano tomó el rosal eligió la mejor de las flores y la cortó con la mano. Luego se acercó a mi esposa María y se la ofreció amable y sonriente.


A los pocos días se repitió una escena semejante, solo que ahora traía su tijeritas. El jardinero estaba regando el parque y el Padre le pidió que le cortara una rosa para la señora. El jardinero decidió por su cuenta cortar una, que le pareció más grandiosa y elegante, una hortensia, que llevó presuroso y se la ofreció a María diciendo, “de parte del P. Isorna”. Este con dificultad subió el  escalón que le separaba de los rosales, sacó su tijerita y, al mismo tiempo, le explicaba de forma discreta al empleado, “las hortensias no se regalan a las señoras, es poco elegante, te dije una rosa”. Y así con las tijeras y el bastón en las manos buscaba la rosa más fresca. Cuando la consiguió le ayudamos mientras descendía el escalón con la rosa en una mano y el bastón, en la otra y diciendo. “En esta rosa, se dice, están contenidas todas las primaveras”. Toda una manifestación de elegancia.

Recuerdo una canción de éxito titulada, “el ramito de violetas”. La señora recibía de forma anónima en todos los cumpleaños un ramito de violetas. Ella pensaba quién podría ser el misterioso admirador que le hacía soñar y le levantaba el ánimo cada año, pues, aunque quería mucho a su marido, éste nunca le había manifestado mucho cariño. Pero cada año, el marido la miraba, la veía contenta y la observaba con una leve sonrisa, feliz, aunque ella intentaba disimular su alegría. El marido sonreía feliz porque el mismo le enviaba cada año el ramito de violetas.

No es posible una vida feliz sin cariño. Este se manifiesta y se expresa  en los detalles. No, en los grandes regalos, ni en los más costosos ni en el modelo de la última marca de moda. Lo que importa es el amor y la ternura en que están envueltos, en la elegancia con que se ofrecen.

Alvarito, que tiene ocho años, dos días antes del cumpleaños de su padre me pidió de forma urgente un papel y un lápiz porque: “voy a prepararle un regalo de cumpleaños a mi padre, y no quiero que lo vea nadie”. Durante más de media hora escribió, pintó, dibujó … y luego escondió el papel en el bolsillo de su pantalón. El día del cumpleaños salió corriendo a abrazar a su papá y luego sacó el sobre de su pantalón: “toma papá, mi regalo de cumpleaños”. El padre lo miró, lo abrió y disimuló su emoción abrazándolo y dándole un beso.

Cuesta tan poco hacer agradable la vida. La clave está en los detalles. Con tan poco. Basta un dibujo, basta con una rosa.

Gumersindo Meiriño

http://deorienteaoccidente.com

http://gumersindomeirinoblog.wordpress.com

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