Rezando toda la noche

Rezando toda la noche

Me escribe una persona amiga consultando:

─Durante estos últimos días está hablando mucho del Padre Pío. Tengo una pregunta para usted sobre él. Hay en la película de Padre Pío un pasaje en el que comenta a otro sacerdote que estuvo toda lo noche rezando con un joven que vino a verlo (Karol Wojtyla, Juan Pablo II). La pregunta es; ¿cómo rezan toda la noche? ¿Siguen algún libro? ¿Leen el evangelio y discuten el tema? Toda la noche son muchas horas.jesus.angel

─Sí, querido amigo, la noche es larga, a veces, sumamente larga. Un dolor de muelas la puede hacer casi eterna, una enfermedad propia o de alguien al que amas, un problema al que no encuentras respuestas, un contratiempo…., las horas pasan en cámara lenta y el sueño se va esquivo, al tiempo que aumenta el cansancio.

“Ahora bien, la oración durante la noche es muy común en las personas santas. Incluso en personas normales que reciben la noticia de la enfermedad de alguien querido o tienen un dolor que no les deja cerrar los ojos…., entonces rezan, hablan con Dios, piden luz, consultan, dicen oraciones, toman la Biblia….., hay muchas formas.

─¿Me puede especificar algún caso?

─Sí, claro. Hay muchos ejemplos. Jesús pasó varias noches de su vida, tal y como cuenta el Evangelio, orando. Por ejemplo antes de elegir a los apóstoles, (Lc 6,10-11) antes de la crucifixión en el huerto de los olivos. Por cierto, ahí debió pasar bastantes noches orando puesto que, según narra Juan el evangelista, era un lugar muy conocido para él al que acudía con frecuencia (Jn 18,1-6).

“Ignacio de Loyola, el fundador de los jesuitas, cuando decidió dejar todo para seguir el ejemplo de Francisco de Asís, pasó toda la noche velando armas a los pies de la Virgen de Monserrat, “unas veces de pie, otras de rodillas”, según el mismo relata en su autobiografía.

El mismo Papa Wojtyla, antes de hacer un nombramiento muy complicado del nuevo arzobispo de Paris, dicen que pasó toda la noche orando antes de decidir, ese día por la mañana dijo a sus colaboradores, el obispo de Paris es…, todos quedaron asombrados porque no estaba en la lista de los más posibles ….

Sin ir más lejos, en la película que citas del Padre Pío, uno de sus colaboradores, antes de ser uno de los pilares en la construcción del hospital “Alivio de los Enfermos”, pasó toda la noche llorando y orando en el bosque. Al amanecer regresó al convento y se encontró con el P. Pío que le esperaba, este le comentó: “Ha sido una noche larga, hijo mío”.

─Si quisiera pasar una noche en oración, ¿qué tendría que hacer?─ me vuelve a preguntar.

─Pues hablar con Dios, leer pasajes que te ayuden a ese diálogo, cantar, pedir, agradecer,…. Se trata de estar toda la noche de tertulia con Jesús, con María, los santos, los Maestros Espirituales …

Cuando sientas esa necesidad, cuando los ojos no se cierren, o cuando, por cualquier motivo quieras pasar toda la noche en oración pide orientación al Espíritu Santo, da rienda suelta a tu corazón y a tu mente, ponte delante de Dios…., ten a tu lado las herramientas que te puedan ayudar: Biblia, libro espiritual, rosario…

En la oscuridad de la noche saca tu alma al Sol, las horas pasan volando, la luz del Sol, Dios mismo, iluminará tu oración.

Gumersindo Meiriño Fernández

***

Gracias por su visita

Para ir a la página de inicio haga clik en la siguiente imagen:

Anuncios

Rezar por los demás

Rezar por los demás

Tiene unos treinta años, aunque aparenta menos. Se ríe con frecuencia. Cualquiera que sea el tema en seguida entra en la conversación, como cuando salió a colación la oración por las demás personas. Lo dijo con fuerza y convicción, mientras dejaba uno de los celulares que trae en el bolsillo de su pantalón:

─Antes no rezaba por los demás

─ ¿Por qué motivo? ─sonaron varias voces al unísono

─Por el que conté varias veces. Yo no puedo rezar por alguien que no quiere cambiar. Cuando rezaba por otra persona me preguntaba por qué no tenían efecto mis peticiones, por qué esa persona seguía en el mismo camino, por qué Dios no me escuchaba. Comentando con una amiga esta situación me dijo que los demás no podían ser cómo yo quería, que cada una es como es y que por mucho que rece no van a cambiar. Pensé un tiempo sobre el tema y terminé con esta conclusión. Si por las personas que he rezado no ha habido cambio alguno significa que mi oración no puede ayudarlos y, por supuesto, no van a actuar como a mí me gustaría. Desde entonces, por un tiempo largo, no volví a rezar por otras personas.

─ ¿Y ahora rezas por los demás?

─Claro, ahora sí, porque he aprendido que se puede rezar respetando la libertad y las propias decisiones sin intentar cambiar a las personas, sin exigir que sean como a mí me gustaría─ hace un alto como esperando reacciones a su afirmación y continúa─, así pues, empecé a rezar de nuevo por los demás.

─ ¿Cambió tu forma de orar?

─ ¡Sí, pues! ¡Radicalmente! Ahora simplemente pido la misericordia de Dios sobre la persona por la que rezo. Pido que se haga en ella la voluntad de Dios. Que aprenda por comprensión y no por dolor. Desde que lo hago así descubrí que la oración es eficaz.

Creo que es razonable lo de mi amiga. Y le podemos añadir que la oración ejercita nuestra generosidad. Cuando rezas por otro y lo haces desde el corazón ejercitas el amor. Uno ayuda con su buena intención a los demás sin esperar recompensa porque la oración no se puede contar ni medir.

Es hermoso a nivel espiritual saber que estamos ligados por los sutiles hilos del amor manifestados en la oración de unos por los otros, siempre respetando el libre albedrío y la voluntad de Dios.

Gumersindo Meiriño Fernández

Puedes escuchar este artículo en la voz del autor haciendo clik aquí:

 

http://www.ivoox.com/rezar-demas_md_3596413_wp_1.mp3″

***

Gracias por su visita

Para ir a la página de inicio haga clik en la siguiente imagen:

“Mi última agonía”

Contaba una amiga que su marido, cuando ya se despedía, tras una larga y dolorosa enfermedad, le pidió a ella y a sus hijos que rezaran juntos esta oración: “Jesús, José y María os doy el corazón y el alma mía. Jesús, José y María asistidme en mi última agonía”.

La familia rezaba con los ojos envueltos en lágrimas escondidas y la garganta en nudo pero con fe, con mucha fe.agonia.meirino

─Es una oración, que cuando la rezo evoco─ seguía escribiendo─ la cara sonriente de mi madre y en aquel momento tan difícil, rodeado de mi marido y mis hijos, la sentí cerca. Mi mamá siempre contaba la misma anécdota, cuando rezábamos juntas esta oración, veía mi carita, siendo muy pequeña, con los ojos muy abiertos y aquella infinita curiosidad que tenía por todo, preguntándole: ─ ¿”Mamá, qué es mi última agonía”?

La “última agonía” suena a palabra prohibida. A esas que nunca deben pronunciarse porque están cerca de la muerte. Suena como algo lejano, irreal o, al término adecuado para estacionar en el baúl de los olvidos. Una expresión, como se dice ahora, “tabú”. Pero, en definitiva, es una situación real por la que todo ser humano ha de pasar, no lo olvides, todos, tú y yo entre ellos.

Agonía es un vocablo que procede del idioma griego cuya traducción más adecuada es el de “lucha”. En este sentido, “la última agonía” sería “la última lucha”, “la última batalla”.

La vida está llena de “agonías”. Por eso se habla de “última”, porque antes, hay otras muchas. La “agonía” de la pereza, de la desidia, de la angustia, de la tristeza, de la envidia, de codicia…, agonizan los días (se llaman atardeceres), las semanas, los años, la niñez, la juventud…, todo en la tierra es “agonía”. Todos los días tenemos que “agonizar”, luchar y elegir entre tristeza y alegría, desesperación y esperanza, generosidad y codicia…, cada jornada tomamos muchas cosas pero otras muchas las dejamos ir, en un constante lucha. Son “agonías”, “batallas” infinitas en la mente y en el corazón humano que se vierten, como el río cuando desemboca en el mar, en esa “última agonía”, que son los momentos anteriores a decir adiós al planeta tierra.

Ese momento, que puede durar más o menos, según los casos,  por el que pasamos todos los humanos, tú y yo también, no lo olvides, es crucial. En ese instante todas las batallas humanas se hacen presentes. Es el momento de ir al encuentro de lo Desconocido, con fe y esperanza, en una dulce agonía o la de aferrarse con uñas y dientes al mundo conocido de lo material y caduco, en una amarga agonía. ¡Qué sabias esas palabras de la oración tradicional cristiana, pidiendo a José, María y Jesús la asistencia en la “última agonía”!

Gumersindo Meiriño Fernández

Puedes leerlo también aquí AGONIA

***

Gracias por su visita

Para ir a la página de inicio haga clik en la siguiente imagen:

Llamando a las puertas del Cielo

Llamando a las puertas del Cielo

El ser humano progresa, evoluciona. Siempre ha sido así. Pertenece a la raza el no permanecer quieto, inmóvil, paralizado. Incluso parado, quieto, dormido,  aparentemente carece de movimiento, pero no es así, situado encima de la tierra está moviéndose porque el planeta no para ni un solo segundo. Incluso dormido, inmovilizado el cuerpo,  el corazón sigue latiendo y la sangre corriendo por sus venas…puertas-del-cielo

Pero eso no quita de que haya elementos permanentes en su esencia que hacen que el ser humano sea el mismo el del siglo uno que el del siglo veinticuatro; el negrito de África, que el rubio de Estocolmo o el de ojos rasgados de Mongolia. Uno de estos aspectos permanentes de la persona es que todos en el corazón sentimos la necesidad de  ser eternos, de seguir caminando más allá de nuestros días terrenales. La necesidad innata  de dar sentido a nuestra existencia trascendiendo y superando lo meramente material.  Esa necesidad que tenemos todos los  humanos, de todos los tiempos nos hace descubrir la parte espiritual, la dimensión trascendente. Sin ella la persona se pierde, se desorienta.

Por ello, allí donde hay personas nace la búsqueda ansiosa de descubrir y hablar con Dios, donde  caminan humanos, hay gritos, llamadas, golpes en las puertas del cielo. Todos tarde o temprano recurrimos a esa parte de nosotros que se llama espíritu en busca de agua para saciar la sed. Esa forma de llamar a las puertas del cielo se le llama aquí en Occidente, la oración.

Por eso, orar no es algo moderno ni antiguo, pasado o futuro. Es simplemente algo humano.

La persona cuando ora  está sacando afuera eso que lleva en sus entrañas. De su interior brota la fuerza de su espíritu que es capaz de salir de sí mismo en busca de una respuesta a los grandes interrogantes que se le plantean: ¿quién soy yo?, ¿de dónde vengo?, ¿a dónde voy?

El ser humano cuando reza se engrandece porque reconoce lo que es,  un ser espiritual. Reconoce su magnanimidad que está más allá de lo meramente material. Descubre que el mundo no se acaba en el cielo, si no que éste tiene puertas, puertas que se abren y te introducen en el maravilloso  mundo del Misterio de Amor.

Al mismo tiempo, cuando oras, con el alma, de forma sincera,  haces que se abran las compuertas del Cielo y caiga la lluvia sobre la tierra, un agua que hace brotar las semillas que llevas en el corazón y que corren el riesgo de secarse si falta el agua. Son las semillas de la paz, la alegría, la misericordia, la compasión, la sabiduría, …, que dan fruto, si se riegan, llamando a las puertas del Cielo.

Escúchalo haciendo clik en la palabra subrayada en azul:

PUERTAS DEL CIELO

Gumersindo Meiriño Fernández

***

Gracias por su visita

Para ir a la página de inicio haga clik en la siguiente imagen:

La oración de Camila

camila.gumer.meirinoLa oración de Camila

Con el paso de los años inevitablemente vamos despidiendo a  personas queridas. Hace unos días nos tocó acompañar en el viaje a otras dimensiones a Camila.

Camila era una mujer grande que tenía arraigadas muchas costumbres, algunas de ellas le traían ciertos conflictos con sus creencias católicas. En el despacho de la parroquia, hace años, me planteó si era pecado “vencer el empacho”. Le pregunté cómo hacía. Me contó los ritos, las invocaciones religiosas, la oración del padrenuestro . Le dije: “¿solo eso y es eficaz?”, respondió, ¿qué quiere que haga más? y claro que sirve por eso vienen a pedirme que “les cure el empacho”. Entonces le contesté con una sonrisa: “¡adelante!, no solo no es pecado, sino una obra de caridad.

Crió nueve hijos, muchas veces sola, porque el marido, por motivos de trabajo se desplazaba  y estaba varias jornadas, incluso semanas, afuera de la casa.

Dos de sus hijas contaron que una tarde en el lugar donde trabajan  vieron pasar  la sombra de un hombre que subía al tejado. Lo buscaron pero no lo encontraron por ninguna parte. Se asustaron y se lo confesaron a su mamá, Camila. Ella les aconsejó lo siguiente: “Hijas, no tengan miedo. Cuando les suceda algo así, tienen que decir: ¡Jesús, Jesús, Jesús! Si es algo malo, se va; si es algo bueno no tienen nada que temer”.

No sé de dónde sacaría Camila tanta perspicacia pero su enseñanza es práctica, fácil y de una gran sabiduría, en lo teológico, en lo ecuménico, o, si quieren mejor, en lo interconfesional.

En lo teológico porque algo semejante escribió Pablo de Tarso en uno de los libros de la Biblia: “al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra y en los abismos” (Fp 2,10)

En lo interconfesional y ecuménico porque es lo mismo que enseñaba, nada más y nada menos que, Gandhi. Cuando le preguntaron cómo oraba comentó que, aunque era hinduista, nunca fue muy partidario del yoga porque el practicaba otro ejercicio aprendido de su nodriza en la infancia. Tenía miedo a los fantasmas y la niñera le enseñó el Ramanama,  es decir, la pronunciación y repetición del nombre de Dios, ¡Rama, Rama, Rama!

¿¡Cómo puede coincidir en su forma de dirigirse a Dios, un sabio hindú que provocó la liberación de su país, con Camila, una madre de familia numerosa que vivió en el cerro de una pequeña población de Argentina!? El Espíritu Santo no tiene puertas ni nacionalidades, sopla en todas partes; en donde quiere.

¡Jesús, Jesús, Jesús!, la oración que Camila enseñó a sus hijas.

Gumersindo Meiriño

***

Gracias por su visita

Para ir a la página de inicio haga clik en la siguiente imagen:

Al Caer la tarde

Al caer la tarde

P. Juan José Fernández sj
P. Juan José Fernández sj

Cuando era jovencito pensaba que los místicos eran personas complejas. Ahora que voy siendo un poco menos joven, me he dado cuenta de que los grandes místicos, son sencillos y buscan el camino recto hacia Dios, sea cual sea su religión, por la senda simple del amor.

Así oraba cada noche el padre Juan José Fernández, un buen amigo que hace poco nos dejó:


“Gracias, Señor, por el día que ahora acaba: por todo lo bueno que hice o me ocurrió… Perdona mis fallos y malicias. Hazme reconocer unos y otras.
¿Cómo piensas Tú sobre el día de hoy y lo que en él ocurrió?

Déjame que me queje ante ti de las cosas que me pesan en el corazón. Todo y todas quedan en tus manos. Ayúdame a descansar. Amén”.


Se la recitaban en el oído a Juan José mientras se apagaba lentamente su respiración: “Gracias Señor, por la vida que acaba … ¡Ayúdame a descansar!”

Al caer la tarde “¡Ayúdame a descansar!”… y la sopa con cuchara.

Gumersindo Meiriño

www.deorienteaoccidente.com