Jornada mundial de la Juventud y el muro de Berlín

El muro de Berlín y la Jornada Mundial de la Juventud – Santiago 1989

Esta foto tiene profundos recuerdos en mi memoria. Corría el año 1989. Un grupo de más de treinta jóvenes recorrimos el Camino de Santiago por la Vía de la Plata para asistir a la Jornada Mundial de la Juventud convocada por Juan Pablo II.

Por  aquel entonces, tenía veintitrés años y estaba estudiando teología en el Seminario Mayor del Divino Maestro en Ourense. Asistimos toda la semana a los actos que se organizaron con motivo de este evento.

Para nosotros el contacto con personas de otro país era toda una novedad. En esas circunstancias conocimos a un curita, el que está en la foto, no recuerdo el nombre ni siquiera el país, sólo sé que hablaba bastante bien castellano y que procedía de los países del Este. El muro estaba en pie y la separación y relación con los países más allá del muro eran impensables. El nos explicó que, por petición expresa de Juan Pablo, Rusia había permitido la asistencia a un pequeño grupo del este, 200 personas creo recordar. Y además nos contó que Juan Pablo II había hecho un hueco en su agenda y que los había convocado al día siguiente para conversar con ellos. El sacerdote estaba emocionado contándonos estas cosas y nosotros nos pegamos a él y le asaltábamos con preguntas constantes sobre la situación de los países del Este.

Al día siguiente de la reunión con el Papa nos contó lo que había pasado. Ese es el momento de la foto. Los medios de comunicación se habían enterado de la reunión y el que hubiese un grupo de los países del Este, en ese momento, era algo impensable. Además el sacerdote hablaba español. Atendió a los medios de comunicación y luego nos contó muy emocionado el encuentro con el Papa polaco.

Nos dijo que el Papa nos ha pedido que estudiemos ruso y que estemos preparados porque se van a dar cambios en breve, en los países del Este. Estos países necesitan de gente valiente que esté dispuesta a trabajar y a colaborar con ellos. Nos contó que algunos le preguntaron estupefactos si en un año o dos podría darse alguna apertura en Rusia y en los países del este. El sacerdote nos hablaba con emoción y agua en los ojos, aunque no era el único, varios de los seminaristas y jóvenes que le escuchábamos boquiabiertos, también teníamos los ojos rojos y llorosos. Dijo que el Papa había contestado “no estoy hablando de un año o dos, estoy hablando de que esto puede ser inminente, por eso me he reunido con vosotros para que transmitáis a todos los católicos que estén preparados, y que no sabemos cuándo pero que los acontecimientos que todos esperamos pueden ser inminentes”.

Todos sabemos lo que pasó días más tarde, algo que ni el más optimista parecía sospechar, la caída del muro de Berlín el 9 de noviembre de 1989.

Cuando a los pocos días, llegué a casa y escuché la noticia de que el muro de Berlín había caído, no pude menos que recordar a este curita. Para mí este rostro era el símbolo de la esperanza para aquellos países privados de libertad, aherrojados bajo el yugo del miedo y veía los ojos brillantes de emoción de aquel curita que prometían un futuro cercano abierto a la libertad.

Gumersindo

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