Ver, mirar y observar

Ver, mirar y observar

Se llama Elías, tiene más de veinte años. Me cuenta: “Recién vengo de un viaje a un lugar encantador lleno de agua, de naturaleza. Es una de las bellezas más visitadas del mundo. He hecho varios recorridos por el parque natural. He pasado calor, he caído varias veces mientras caminaba, he escuchado los pájaros, he visto y mirado cantidad de animalitos que se aparecían por los senderos, he podido disfrutar de la selva, del ruido del agua, he intentado llenar mi vista del color verde de los árboles, de las flores, he descubierto cantidad de flores nueva, me he llevado alguna que otra sorpresa, incluso un animalito chocó con mi pierna  llevándose un gran susto, pero más grande creo que fue el mío. Llené mi vista de tantas cosas bellas que Dios dejó en la naturaleza. Los colores, mucho verde pero con tantos tonos distintos. El agua mansa y azul, el agua brava blanca corriendo por las hendiduras de las montañas …Vi, miré y obervé…., estoy feliz de haber hecho este viaje”.ver.mirar.observar

Se llama Lázaro, tiene menos de treinta años.  Me cuenta: “Llego de mi viaje por medio de la selva. Lo pasé bien. Tenía que ir apartando todo tipo de telas de araña, no me podía ni parar. Tenía ilusión de sacar muchas fotos pero no pude porque los bichitos me atacaban, moscas, avispas, insectos. …, caminé, caminé…, llegué el primero al final del camino. Iba con mi sombrero apartando los bichos.  Pero lo pasé bien, no crea. Lo único que hacía mucho calor. Quería pararme disfrutar de los paisajes pero no podía porque el calor y los animalitos se me pegaban. Eso sí lo pasé muy bien…

—¿Sacaste muchas fotos? —“No, muy pocas porque no me dejaron los bichitos. Incluso cuando me acerqué al agua había mucho ruido y por el camino un mono me atacó”.

Elías y Lázaro. Lázaro y Elías. Son dos formas de ver, observar y mirar la vida.

Elías no se para en lo anecdótico, en las cosas secundarias, va a lo fundamental. Lo fundamental, en lo que se refería a su viaje era ver, mirar y observar la naturaleza, las plantas, los animales, …., lo hizo y disfrutó del viaje, de su encuentro con el ecosistema.

Lázaro analiza algo tan secundario como que había bichitos en la selva. Ese pequeño contratiempo le impide ver, mirar y observar. El objetivo principal de su viaje disfrutar lo que el bosque y la naturaleza le brindaba quedó eclipsado, sin embargo no deja de insistir que lo pasó muy bien, quizá para auto convencerse de que sí fue un viaje agradable. Eso sí, repitiendo constantemente lo negativo de su aventura.

Son dos formas de pasar por la vida. Una parándose en las dificultades magnificándolas, agrandándolas…, perdiéndose la parte esencial de la vida que es disfrutar cada momento. Cuando hables con algún Lázaro, el buscará la forma de encontrarle la parte negativa de lo que visto, mirado y observado….

La otra forma es la Elías. El que se para en la belleza, en la grandeza de lo que está haciendo, lo agradable…, teniendo en cuenta las dificultades pero como algo anecdótico. Cuando hables con algún Elías, él buscará la forma de encontrar la parte positiva de lo que ha visto, mirado y observado…

Gumersindo Meiriño Fernández

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Mi hijo se llamará Zadquiel

“Mi hijo se llamará Zadquiel”

Les transcribo el diálogo con un joven de “veintitantos” años. Alegre, educado…, un joven de hoy.

—Le cuento mi experiencia con el arcángel Zadquiel. Era la primera vez que iba a un taller de teología y de ángeles. Estuve curioso, atento y con ganas de aprender. Me gustó todo pero lo que más me llamó la atención fue al final la meditación dirigida con el arcángel Zadquiel. Fue una experiencia diferente y a la vez impactante. Después de salir del taller me encontré con un amigo. Me preguntó qué tal me había ido. Le conozco muy bien y sé qué le interesó mucho lo que le conté porque  me hizo varias preguntas. El suele escuchar y afirmar con la cabeza, tiene mucha paciencia, pero esta vez estaba ansioso y no me dejaba terminar de hablar, me interrumpía con frecuencia.flor.meirino.fernandez.

—¿Cuántos años tiene tu amigo?

—Uno más que yo, veinticinco. Me preguntó qué sentí en la meditación. No sé si le expliqué bien pero, para que me entendiera le dije que era parecido a fumar marihuana. Eso sí, sin los síntomas que deja el fumar. A parte de ser mucho mejor. Es como elevarse sobre el mundo, pero con paz, con serenidad y con consciencia. Es como alcanzar una especie de éxtasis. Como si saliese de mi cuerpo me recargase de energía y regresara al mundo; y al volver encontrarme mucho mejor.

—¿Meditar igual que fumar marihuana?

—Es una forma de decir. ¿Cómo quería que le explicara lo que sentí en la meditación si mi amigo no lo hizo nunca? Fue maravilloso. Y lo de la marihuana no se preocupe porque ya la he dejado hace años. Tuve una experiencia horrorosa.

—¿Una experiencia?

—Sí fue de terror. Nunca fumé demasiado pero ese día en un concierto de música se ve que me pasé o que la dosis estaba muy fuerte. El caso es que hice cosas que ni recuerdo y otras que no quería hacer. Era como si alguien me obligase a actuar. Los actos no eran míos.

—¿Y qué tiene que ver eso con la meditación?

—Nada, nada. Ya le dije que era para explicarle a mi amigo que no tiene ni idea de esto de meditar y le sirviera de referencia. Con la marihuana es como si flotaras en otro mundo pero luego te pesa el cuerpo, la cabeza, la vida sigue ahí y tú estás más perdido. Vuelves a lo cotidiana aturdido, mareado…

En la meditación, es muy diferente, sientes como un relax, una tranquilidad a tu mente, una paz en el corazón…, que incluso luego lo llevas contigo al salir de meditar. No soy ingenuo, no es una evasión y sé que no me va a resolver los problemas, pero sí que me da fuerza para mis luchas, sí me ayuda a volver a la realidad de forma más consciente. ¿Me entiende?

¡Ah! Y lo que tengo más claro de todo es que mi hijo se va a llamar Zadquiel.

—Sí, te entiendo, ¿vas a tener un  hijo? ¿tu novia está embarazada?

—No, pero cuando lo tenga, si es que llego a tenerlo, se llamará Zadquiel.

Gumersindo  Meiriño  Fernández

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