La historia de un queso. El ser humano que busca afuera

flor.gumer.meirinoLa historia de un queso. El ser humano que busca afuera

Me cuentan una historia de pueblo simpática y, al mismo tiempo, elocuente. Resulta que un matrimonio se desplazaba con frecuencia de la ciudad a su pueblo y de paso compraban quesos. La señora, repetía con frecuencia a los vecinos que recorría los sesenta y cuatro kilómetros de la ciudad al pueblo con el propósito de llevarse unos quesos y pregonaba las excelencias de tal producto culinario. Cabe señalar que el vendedor le sacaba la etiqueta original de dónde procedía.

Un buen día el marido que salía de la tienda de la compra de los quesos se enzarzó en una acalorada discusión con un vecino del pueblo. En ella se subieron un poco los decibelios y se le ocurrió decir que “los de pueblo son más brutos y atrasados que los de la ciudad”. En ese momento, el vecino tocado en su orgullo, respondió: “los del pueblo seremos brutos y atrasados, pero los de la ciudad sois más tontos que nosotros. Mira que llevas haciendo kilómetros y perdiendo el tiempo comprando los quesos aquí, cuando tienes la fábrica y al vendedor oficial de los mismos en la ciudad, a cien metros de tu casa”.

Leyenda o verdad, lo que le pasó con los quesos a este buen hombre es lo que puede sucederle a cualquier ser humano, dado que cierto designio nos lleva a pensar que lo que tenemos entre manos es siempre peor o, al menos, no es de la misma calidad que lo que viene de lejos o hay que ir a buscarlo.

Me hizo recordar todo esto una publicidad de un auto en la que el acompañante del coche le dice al que maneja, “te has fijado en el auto del de al lado”.

Hablaba, el que les escribe, en una conferencia sobre la figura de Ignacio de Loyola. A la salida una de las oyentes comentó. “He hecho decenas de cursos sobre espiritualidad oriental y lo que usted nos dijo de este santo es muy parecido”.

La búsqueda de nuevos caminos es humana, saludable y aconsejable pero el que no sabe disfrutar lo que tiene al lado no lo hará de lo novedoso y lejano.

Y hoy va de ejemplos. Una joven me contaba que le había pedido a Dios que, por favor, le ayudara a romper el compromiso con el novio porque se estaba enamorando de otro. Al mes el novio le amenazó con abandonarla. Entonces ella vino llorando a consultarme desconsolada,  “¿y ahora qué hago Padre?, no quiero perder a mi novio”.

¿Qué haces? Te lo digo a ti y a mí al oído: disfruta de lo que tienes, dale gracias a Dios por todos los dones, mira, observa, escucha, saluda, sonríe, toma con entusiasmo todo lo que tienes entre manos. Cuando ames lo que tienes entre manos podrás descubrir la belleza de otros horizontes.

A nuestro lado crece el alimento que necesitamos para ser felices, en nuestro corazón, en nuestro interior brota la fuente de la sabiduría. Busca en lo más íntimo de tu ser, y no pierdas el tiempo yendo al pueblo vecino en busca de queso.

 

Gumersindo Meiriño

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El sabio corrige

meirino.gumersindoEl  sabio corrige

Hace unos años trabajé en la Clínica Universitaria de Navarra con un sacerdote que tenía la costumbre de corregir constantemente a todo el mundo. Recuerdo el día que nos conocimos y que fuimos a tomar un café al apartamento de capellanía. Nuestra primera hora de contacto, al menos cuatro o cinco veces me indicó: —La azucarera ahí no. Mejor dejar aquí las tazas para la administración. Ese no es el lugar de la cafetera, se deja en el otro lado ….

Corregir es un arte que ayuda practican los sabios, la reciben los sabios y le sacan fruto los sabios.

  1. La practican los sabios porque para hacerlo hay que aprovechar el momento adecuado, las palabras justas y la forma conveniente. Si uno corrige enojado, con términos vulgares o con gritos no sirve. Mejor cállate y sigue tu camino.
  2. La reciben los sabios. La persona que es corregida tiene que saber escuchar, recibir y analizar lo que le llega de otra persona que le ofrece la posibilidad de mejorar. Esto solo lo hace un sabio, el necio contesta con “coces” de burro o justificando sus formas de actuar sean correctas o incorrectas. El sabio escucha y aprende.
  3. Le sacan fruto los sabios. Si intentas corregir a un necio este ni te escuchará ni le servirá de nada. Lo que pasa con este tipo de persona es lo siguiente: el que intenta corregir pierde el tiempo inútilmente, puede ganarse un enojo de la otra persona. El que la recibe no le servirá de nada, todo lo contrario, buscará motivos para reafirmarse en su equivocación, justificando lo injustificable.

Se puede resumir en una frase del libro de los Proverbios: “Corrige al cínico y recibirás insultos, reprende al malvado y recibirás desprecios. No reprendas al cínico que te odiará. Reprende al sabio y te amará. Háblale al sabio y ser hará más sabio; enseña al justo y aumentará su saber.”

¡Qué bien lo hacía Jesús! Dice en un momento el Evangelio que le cuestionaban los judíos que querían crucificarle y el mismo Pilato y él… “callaba”. No decía nada. Mientras que en otros momentos viendo las multitudes se sentaba y pasaba horas enseñando a aquella gente “sabia” que escuchaba atentamente sus palabras para aprender.

Es un buen momento para que tú y yo agradezcamos a todos los que nos han amado de verdad y han dedicado tiempo a corregirnos para ayudarnos.

Del que no corrige o lo hace con soberbia huye. Al que lo hace con amor, es un sabio y manifiesta su cariño en hechos concretos, abrázalo.

Gumersindo Meiriño

Puedes escuchar el programa Semanal de radio De Oriente a Occidente haciendo clik en esta flecha:

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http://www.radiocataratas.com/noticia_21153.htm

También puedes escuchar este artículo en la voz del autor haciendo clik en esta flecha:

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Las dos experiencias

dos.experiencias. gumer.meirinoLas dos experiencias

El otro día me preguntaba un amigo por qué había escrito un libro sobre los salmos. Le dije que brotó esencialmente de dos experiencias. Una experiencia personal íntima. Y la otra de la experiencia ajena.

Nací a escasos metros de un convento cisterciense, monjes de clausura. Allí escuché, aburrido de niño, asombrado de adolescente, agradecido a Dios de sacerdote por el don recibido, los cantos gregorianos que empapaban los distintos salmos de la Biblia. A lo que hay que sumar los años de niñez, adolescencia, juventud que pasé en el Seminario, en total quince, en los que todos los días rezábamos y cantábamos los salmos. Esta es la experiencia personal

Luego vino el ministerio sacerdotal. Recibiendo personas en dirección espiritual empecé a sugerirles que rezaran alguno de los salmos. Ellos me contaron lo mucho que le habían ayudado rezar determinados salmos. Esta la experiencia ajena.

Es que la sabiduría humana, a aparte de los conocimientos muchos o pocos, nace de la experiencia o si no, no es verdadera sabiduría o, al menos, le falta un condimento importante.

Me cuenta un amigo: – “Tengo sentimientos encontrados”. “¿Motivo?” Le contesto. El me responde: “Porque mi señora tiene un grave conflicto en su familia. Eso me duele, no sé cómo ayudarla, porque sufre mucho. Pero, por otro, tengo ganas de darle unas “trompadas”, perdone la expresión. ” ¿Motivo?” Le pregunto. “No la entiendo. A veces dice cosas con tanta lógica, tan coherentes que me deja sorprendido. Pero mucho más me deja con la boca abierta cuando luego hace todo lo contrario a lo que tan sabiamente había hablado”.

“Amigo mío,  contesto, son cosas de la vida que se solucionan con experiencia. Conocí a Andrés, joven deportista, fútbol, básquet…, que se reía de uno de los profesores, Aquilino, más de veinte años mayor, que practicaba ciclismo y tenis. Le solía decir, “por mucha técnica que tengas te muevo en la cancha de tenis y termino ganándote”. Lo mismo con la bici, “si me prestan una bici te paso fácilmente,  ya eres mayor para estas cosas”.  El fin de semana jugaron un partido de tenis, Aquilino terminó aburrido porque Andrés, el joven deportista soberbio, no le devolvía ni una pelota.  Este se quiso vengar y le retó a una subida en bici a una montaña. El joven terminó subiendo con la bici en la mano mientras Aquilino le estaba esperando en la cresta de la montaña”.

-“Pero no todo se puede experimentar”, me rebate. “Cierto”, respondo. “Pero hay un ingrediente de la verdad, de la sabiduría que tiene que ver con la experiencia. Esta puede ser en la propia carne, pero también aprendiendo de lo que ves, oyes, hueles, tocas, saboreas.  En una excursión con niños, uno de ellos se metió entre unos matorrales y se cayó en un pozo. No se lastimó pero nos dio a todos un buen susto. Los demás aprendimos, por experiencia ajena, que no se debía pasar por entre esos matorrales porque había un hoyo enorme y peligroso”.

Tanto si es en tu cabeza, como en la del vecino es bueno tener en cuenta que se aprende mucho, tanto de la experiencia propia, como de la ajena, de las dos experiencias.

Gumersindo  Meiriño

Plantas de invernadero

pajaro.arbolPlantas de invernadero

Las manzanas de la finca de mi padre a veces maduran y a veces no. Algunos años los manzanos se llena de frutas y otros no. Suelen tener como inquilinos habituales en su interior a unos hambrientos gusanitos y suelen estar adornadas, cuando maduran bien, por unos agujeros hechos por los felices pajaritos que las picotean . Pero saben a manzana, huelen a manzana, …Son criadas en medio de heladas, fríos y calores.

Las manzanas del supermercado tienen un lindo color, son todas iguales, hermosas a la vista, nunca tienen el gusanito dentro, ni las picaduras de los pájaros, siempre hay cientos apiladas …, pero saben a plástico, no tienen olor, ni sabor a manzana …. Son criadas en invernadero.

Parece que alguna de las generaciones de personas con las que nos toca convivir proceden de criaderos, de invernadero.

Este diálogo es real. Son las nueve y veinte de la mañana de un día de verano. Lorenzo, que tiene veinticuatro años había quedado a las nueve de la mañana de enviar un mensaje avisando para empezar un trabajo en equipo online. Alberto, el compañero, le manda un mensaje por el famoso whatsapp. “¿Te levantaste ya?” A los dos minutos se escucha un pitido, el amigo lee la respuesta: “Sí, ya me conecto”. Pasan varios minutos de silencio. Alberto le envía un nuevo whatsapp: “¿Ehhhh…., estás ahí?….”  A escasos segundos llega la respuesta, que suena como un lloro en plena guerra mundial: “¡Cómo cuesta levantarse!”.

Podría ser un cuento, pero no lo es. Es real. Cierto número de jóvenes de hoy, que rondan los veintitantos, son cada vez más parecidos a las frutas de invernadero. Por fuera, buenos, simpáticos, agradables, vicios los justos, no son demasiado rebeldes…, pero luego les falta el contacto con la vida, los fríos, las heladas, los calores. Han vivido bajo las alas de unos padres o abuelos que se han preocupado por darles de todo, abundante comida, ropa de marca, buenos colegios, …, pero se olvidaron que las personas nos movemos y existimos si nos educan y ponemos en marcha la inteligencia y, sobre todo, la voluntad. Si estos dos motores del ser humano no funcionan podemos lustrarnos, aparentar, movernos…, pero no dejamos de parecernos a seres de otra especie que viven para comer, procrear, dormir y despertar al otro día cuando el instinto lo determine. Incluso estos últimos, los animales, tienen más vida porque les mueve el instinto.

Al ser humano o le mueve la inteligencia y la voluntad o no lo mueve nada ni nadie, como dicen en Argentina de forma magistral, “se achancha”

Lo bueno y real de la juventud es que aún le queda un “tiempito”. La vida le espera y todavía puede levantarse. Algunos lo han hecho, a tiempo, otros …

Al poco rato entra otro whatsapp en el teléfono de Alberto: “Espérame un minuto que ya me levanto”.

Gumersindo Meiriño

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El gorrión y el águila

gumer,meirino.aguilaEl gorrión y el águila

Ofelia, la persona que inspiró el artículo de la semana pasada, respondió:

“¡Hace tantos años que nadie me llamaba Águila!  El águila ha sido siempre mi animal favorito. De niña y adolescente forme parte de un grupo scout católico, mi tótem era águila y mi nombre  águila Ofelia, por eso usé  ese nombre en alguna ocasión.

Siempre me causó fascinación poder volar, elevarme en el aire y verlo todo desde arriba. De niña y joven a menudo volaba en sueños y me resultaba una sensación muy agradable. Debe ser que me he hecho ya muy, muy mayor, que hace mucho, mucho tiempo, que no vuelo en sueños, ni siquiera recuerdo normalmente lo que sueño. Durante las muchísimas horas que he dedicado al patinaje artístico, lo que más me gustaba era la sensación del viento en la cara cuando me deslizaba, saltaba o hacía piruetas a mucha velocidad”.

El universo, la naturaleza tiene un orden. Viene el otoño, se caen las hojas, en la primavera se siembra, en el verano se cosecha y en el invierno, con el frío, todo se recoge hacia el interior, en una especia de letargo. Cada jornada tiene noche y  día. El ser humano inmerso en medio del universo, formando parte de él, también o se mueve de acuerdo a un orden o se autoflagela.

El águila Ofelia quiere volar porque va en la naturaleza de la persona. Si no surca con sus alas los aires de la espiritualidad es como un invierno sin frío o una primavera sin flores. El ser humano ha de volar, como dicen en Argentina, “sí o sí”. Ha nacido para alcanzar altas cumbres, sueños elevados, para sentir en su cara la sensación fascinante del viento, para que su alma vibre a tanta altura que como decía el gran místico Juan de la Cruz,  “volé tan alto, tan alto, que le di a la caza alcance”.

Un día hablaba de esto con un chico joven que me miró con cara de asombro como diciendo, “¡qué iluso, eso solo existen en los cuentos”. Me vino a la memoria la cita de otro escritor conocido, llamado Escrivá, que decía que se sentía como gorrión que fue arrebatado por un águila y que ésta al llegar a las altas cumbres suelta al gorrión y le dice, “ahora vuela”.

Los seres humanos somos águilas, nacidos para metas altas, porque tenemos lo más valioso de lo que se conoce aquí en el planeta tierra, la inteligencia, la voluntad, el espíritu.  Lo material, la codicia, la avaricia, la envidia, la pereza… son cosas del barro.  La alegría, la generosidad, la amabilidad, la cordialidad, el optimismo …son de los que vuelan.

Pero si alguna vez te sientes gorrión, no temas, agárrate de los brazos de tu Padre Dios, de las águilas que Él puso a tu lado, y vuela alto, alto…

Gumersindo Meiriño

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El águila

aguila.gumer.meirinoEl águila

Querida Ofelia, todo lo que cuentas me trae a la memoria el águila y la gallina. Hay personas que están preparadas para volar alto, para subir a las altas cumbres, para respirar aire puro. Hay otras, sin embargo, que prefieren vivir en el corral, comer basura del suelo, engordar como “pavitos para fin de año” y no ver más que las cuatro paredes que rodean el gallinero.

El águila vive en las cordilleras. Mira desde el cielo. Tiene la perspectiva desde arriba. Ama el sol, vuela libre, saborea el viento fresco de las cumbres. Ve mucho mejor y más lejos que las demás aves. Se encuentra con otras de su especie, en lo alto. Se conocen, se distinguen, se respetan… De vez en cuando baja al suelo, a cazar algún animalillo, algún conejo, comparte algunos segundos en la tierra, lo necesario para alimentarse, para hacer algo concreto y regresa a su hábitat.

Ofelia en tu trabajo encontrarás cuervos, víboras, áspides, …, todo tipo de bichos…, como águila no pierdas el tiempo con ellos. Dedícale lo imprescindible y luego vuela, vuela, vuela…, mi querida águila, vuela.

En las reuniones sociales vendrán a saludarte mucho tipo de personas que intentarán aparentar que son grandes porque tienen muchas cosas, porque son muy listas, porque ganan mucho dinero, salúdalas, escúchalas, dedícale el tiempo justo y necesario. Luego vuela, vuela, vuela…, mi querida águila, vuela.

En las instituciones que participas escucharás palabras lindas que se tornarán en críticas despiadadas en cuanto te vayas. Esto pasa en las iglesias, en los vecindarios, en los comercios, en las familias, entre las “ pandillas de amigos”…, no permitas que nadie hable mal de nadie que no esté delante para defenderse y participa en esas reuniones como águila, dando un poco de tu tiempo para luego volar alto.

Estate atenta porque te encontrarás con los de tu especie, personas trabajadoras, sencillas, discretas, honradas, nobles, en cualquier lugar. Ellos también bajan al mundo y, a veces, se topan con gallineros, con gallos y gallinas. Luego se limpian y otra vez con las alas del amor extendidas surcan los cielos. Son personas águilas, como tú. Con ellas tendrás encuentros gratos, enriquecedores.

Después de las reuniones, pasajeras, con las aves de corral,  se te pegará barro, basura, mal olor, aguas sucias, los gusanos que comen las aves de corral…., entonces, sigue el consejo de Jesús en el Evangelio, “sacude tus pies”. Sí, “sacude tus pies”, incluso materialmente, no entres en el nido de tu hogar, sin antes dejar todo lo sucio que se te ha pegado en los zapatos afuera.

Querida Ofelia, no juzgues a las gallinas, están hechas para engordar y picotear las sobras que arrojan al corral, no  pierdas el tiempo con los bagres, que nadan felices en las aguas sucias y turbias. Tú eres águila, vuela, respira, disfruta de la paz, de la amistad, del amor, de la naturaleza… Cada uno sabe lo que es, gallina o águila.

Gumersindo Meiriño

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