Familia: La vida en el nido

Familia: La vida en el Nido

La familia es una de las grandes instituciones. Las encuestas revelan que su prestigio se mantiene dentro de la crisis que ataca a todas las instituciones. Sin embargo, ni a un ciego se le escapa el ataque brutal y metódico que poderosos imperios han emprendido contra esta entrañable institución.

Y es que la familia es como el nido. Los pajarillos recién nacidos esperan ruidosos a que papá y mamá pájaro les traigan la comida. Pero si los pajarillos se caen o los tiran del nido se encuentran desprotegidos. Su destino fuera del nido es la muerte. Cualquiera puede hacer daño al pajarillo recién nacido fuera del nido. Alejados de ese pequeño refugio son vulnerables, manejables.

Lo mismo pasa con el ser humano: deshecho el nido, o sea, la familia, se ha roto toda protección del ser humano.

En la cátedra del nido se aprenden las grandes maravillas de la persona. En la familia amas y eres amado. En el nido familiar perdonas y eres perdonado, comprendes y eres comprendido. Cuando todo parece que tiene un precio, hasta la sonrisa de un vendedor o de esas hermosas señoritas de las publicidades, en la familia recibes gratis, eres amado por lo que “eres”, no por lo que “tienes”.

En la familia no se apuntan las horas de dedicación de unos padres, de unos abuelos, son “gratis total”. La familia es, además, la mejor defensa, como el nido de los pajaritos. Hasta los psiquiatras recomiendan que se vea la televisión en familia y que los padres elijan los programas adecuados porque también ante la “caja tonta” los niños están indefensos y desprotegidos.

Me viene a la memoria una pequeña anécdota muy ilustrativa.

Alfonso tenía que hacer un trabajo para el colegio, presentar una factura. Después de mucho pensar, recordó que su madre pagaba varias facturas al mes: luz, agua, …

Sin demora se dispuso a presentar también él la factura a su mamá por todos los servicios que él había prestado, seguro que ella, como hacía con las demás, se las pagaría. Cogió papel y lápiz y escribió:

Por acarreo de leña 4 euros. Por encargos varios 3 euros. Por secar los platos 2 euros. Por cuidar a los hermanitos 5 euros. Total de la semana: 14 euros. Alfonso metió la  hoja en un sobre y antes de salir a jugar la dejó encima de la mesa con la dirección bien puesta para que su madre se fijara en ella.

Esa noche la mamá no dijo ni mú de la factura. Alfonso estaba nervioso y preocupado. Pero su mamá le preparó la cena, le ayudó con los deberes y luego rezó con él antes de dormir como si nada pasara.

A la mañana siguiente, después de desperezarse y que su mamá le levantó para ir a la escuela se encontró junto al desayuno con un sobre cerrado y con su nombre. “Bien”, dijo en su interior, “mi paga, ¡por fin!”. Abrió el sobre y su sorpresa fue mayúscula. Contenía una factura que decía:

Alfonso Rodríguez debe a su mamá: 3650 servicios de café y desayunos, total 0 euros; 3650 servicios de almuerzo, merienda y cena, total: 0 euros; Diez años de lavar ropa sucia; Diez años de compra y arreglo de ropa y zapatos, total 0 euros; 4 años de ayudas en las tareas escolares, total: 0 euros …. Al final de una larga lista concluía. Total de 10 años de servicios a Alfonso Rodríguez: 0 euros.

El pobre Alfonso se fue corriendo, con los ojos llenos de lágrimas a los brazos de su mamá.

Alfonso aprendió la lección del nido y entones empezó a saldar su cuenta. Resolvió ahorrar todo el dinero que le daban los domingos y los festivos y por Navidad le haría un gran regalo a su mamá.

De ahí que los imperios del mundo intenten deshacer el nido de la familia. Fuera del nido, el joven es vulnerable a la droga, al alcohol, a la moda, a las ideologías, a la publicidad. Los ataques son fáciles de entrever. El nido familiar es acechado por el divorcio, por el aborto, por las parejas del mismo sexo, la eutanasia, el egoísmo, la superficialidad.

El Nido de la familia, la mayúscula es intencionada, es la Cátedra del ser humano. Sin embargo, hasta en las mejores familias hay problemas, Por ello debemos acercar a la familia a Dios. Alejarse de Dios es empezar a caerse del nido.

Gumersindo Meiriño

A Gudiña 17 de agosto de 1998

El santo que me llevó a América (Sebastián de Aparicio)

El santo que me llevó a América

(Sebastián de Aparicio)

Cuando estaba en la parroquia de Virasoro (Argentina) me acerqué al negocio donde encargábamos cada semana las fotocopias. Nunca había ido personalmente. Era la primera vez. Mientras esperaba el turno observé, que en la estantería situada en frente al mostrador, colgaba una pequeña estampa de un santo franciscano. No presté mucha atención, hasta que, me pareció ver la imagen de Aparicio, Beato de la orden de los franciscanos. O mi vista me fallaba o parecía que me miraba. Entonces me fijé y, sí, era realmente una estampita de del Beato. Pregunté quién era aquel santo. La dueña, una señora de mediana edad, me miró sorprendida y reconoció: “La verdad es que no se qué santo será pero seguro que se le olvidó a alguien entre los papeles cuando vino a hacer fotocopias Al ver que era un santo lo pusimos ahí para proteger el negocio”. La sra me acercó la estampa y, efectivamente, era una de las habíamos hecho en Galicia en la parroquia donde nació Aparicio. Era inconfundible porque en la parte de atrás estaba la oración que personalmente había escrito para que rezaran. La sra entendió quién era el dueño de la estampita y me la quiso devolver. Contesté: “No, señora quédesela será una buena protección para su negocio”.

Esta casualidad, ahora que vivo en América, me ha hecho recordar un pequeño detalle. La primera vez que volé rumbo a Sudamérica fue motivado por Aparicio. Corría el año 2000. El mundo vivía en torno al nacimiento de un nuevo milenio. Y A Gudiña, en torno al centenario de su hijo más sublime y famoso: Sebastián de Aparicio. Nacido en este pueblo, en el año 1502 y fallecido en Puebla de los Ángeles en el 1600, con fama de ser un santo muy milagrero e impulsor de las rutas mexicanas. Se celebraba el cuarto centenario de su muerte. Así surgió la visita a la tierra donde se conserva la urna con sus restos, expuestos al público en el Convento franciscano de la Ciudad de los Ángeles, en México. Un grupo de vecinos, nacidos en el pueblo de A Gudiña, que habían soñado con esta posibilidad desde su infancia se subieron, casi todos por primera vez, a un avión para ver a su paisano.

En aquel avión, sonriente, siempre con una palabra amable en la boca y de buen humor nos acompañó el padre Isorna. Así viajé a Sudamérica por primera vez y, de forma insospechada se convirtió en mi nuevo hogar.

Al poco tiempo pensé que la providencia me guiaba por caminos distintos a los del beato y que éste quedaba en el pasado. Primero me instalé en Ecuador luego en Argentina. Aquí Sebastián regresó al presente. No sé cómo ni porqué un buen día comentando las circunstancias de mi vida, María, mi esposa, comentó, “eso tendrías que escribirlo”. Y otro día “y qué bueno si lo hicieras con el P. Isorna”. A la vuelta del primer viaje a México, en el año dos mil, nos pidieron al P. Isorna y al que escribe, la introducción para un libro facsímil de la vida del beato.

A la vuelta de los años, Isorna y Meiriño escriben un libro, De empresario a santo, que se presenta en la Feria Internacional del libro de Buenos Aires, sobre Sebastián de Aparicio: el santo que me llevó a América.

Y la sopa …., con cuchara.

Gumersindo Meiriño

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Sin perder de vista. Sebastián de Aparicio

San Sebastián de Aparicio

San Sebastián de Aparicio

Sin perder de vista

Distintos avatares de mi vida personal hizo que me encontrara varias veces con un personaje singular, llamado Sebastián de Aparicio.

Después de hacer mis estudios en la Universidad de Navarra, mi primer destino fue la Gudiña. No tenía una idea más que de haber pasado por allí en el autobús o en el tren que me llevaba destino a la Universidad o de vuelta destino a mi casa.

Recuerdo muy bien que en la Clínica Universitaria acudí a la oficina de información para pedir una lista telefónica y mirar cuántos habitantes podría tener la Gudiña. Eran tiempos aquellos en los que no había Internet había que usar otros recursos.

Allí en la Gudiña fue donde hice amistad con Aparicio.

Al principio me pareció un poquito exagerado todo lo que se decía en el pueblo de él. Pero al ir, poco a poco, conociéndolo y tratándolo descubrí que era todo un personaje digno de prestarle atención.

De la multitud de anécdotas que se cuentan de él, me quedaría con una en la que dicen que su máxima era: “no perder de vista a Dios”

Eso si que es todo un programa de vida resumido en una pequeña frase que es todo un océano de sabiduría.

Si comes, no perder de vista a Dios. Si juegas no perder de vista a Dios, si trabajas no perder de vista a Dios. Si bailas no perder de vista a Dios. Si cantas no perder de vista a Dios. Era lo mismo que decía Pablo de Tarso,” ya comáis, ya bebáis hacedlo todo para gloria de Dios”.

Y además no me extraña que Sebaschao de Aparicio le sirviera en su vida como máxima porque sus peripecias son muchas y múltiples. Tantas que seguro que tuvo más de una ocasión para perder de vista muchas cosas.

Fue emigrante en la provincia de Orense y en varias de las provincias españolas. Reciente el descubrimiento de América se embarcó para México.

Se instaló en Puebla de los Ángeles, también conocida como la Ciudad de los Ángeles. Allí fue primer agricultor, luego ganadero luego construyó carretas. Luego se dedicó a construir los caminos que cruzaban buena parte de México. Más tarde volvió a ser ganadero y levantó el primer asilo para ancianos y necesitados. Luego donó todas sus riquezas y se hizo donado del as hermanas de Santa Clara y luego fraile franciscano. No sin antes haberse casado dos veces y dos veces enviudado.

Después de todos estos avatares dignos de la mejor película de Hollywood, murió a los noventa y ocho años de edad, eso sí, “sin perder nunca de vista a Dios”.

Gumersindo Meiriño

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