60 años después sigue sonriendo. A D. Antonio Villanueva

Cuando conocí a D. Antonio, el cura del Tameirón, me miró de arriba abajo me tocó el pelo y dijo: “¡Qué pelo tan bó tes caramba!” El tenía 86 años entonces, yo  tenía 29. Al escucharlo sonreí y entonces comentó con su forma de reir, tan característica: “e que dentes mais bós, caramba!”  y siguió “¿queres un café?”

Evidentemente, no lo dijo con maldad, era simple, para él tener salud pasaba por tener buen pelo y buenos dientes. Luego cuando me contó que durante decenas de años visitaba las parroquias montado a caballo, terminé de entender lo que había querido decir mi amigo Antonio Villanueva.

A continuación el artículo que publicó el Dr. Meiriño, dedicado a D. Antonio, en su sesenta aniversario de ordenación sacerdotal en el diario La Region que salió en otros diarios como La Voz de Galicia.

60 años después, sigue sonriendo

Al poco de conocerle y de haber cogido un mínimo de confianza a todo el mundo le entra la curiosidad y le pregunta: “D. Antonio, pero usted,  ¿cuántos años tiene?

La respuesta es siempre la misma: ja, ja, ja, ja …

Algunos más atrevidos insisten: “¿Más de ochenta? Y la respuesta es la carcajada característica hasta que logra, con un deje de pillería inconfundible, derivar la conversación a otros campos, dice él, “más importantes”.

Con esta filosofía no es de extrañar cuando le propusieron que había que celebrar el cincuenta aniversario de su ordenación sacerdotal, (la misma efemérides que el Papa ha celebrado el 1 de noviembre de 1996) que respondiese con la misma risa… y un “joroba esas cousas non se celebran”. De esa fecha de los cincuenta, han pasado diez años, y de su ordenación el 6 de enero de 1937 sesenta años. En sesenta años de ministerio pasan muchas cosas.

Su primer destino fue Castrelo da Cima, en Riós. El último Taméirón, la cuna de San Francisco Blanco. Nunca bajó más allá de Verín. Después de su pueblo natal Mourisca (Viana do Bolo) y de sus años en el Seminario de Astorga primero y luego en el Seminario de Orense su vida transcurrió en la comarca de Monterrey y Frieiras. Durante años surcó la sierra de Las Frierias  y alrededores acompañado de uno de los mejores aliados en la pastoral: el caballo.

Más adelante cambió los animales por una bicicleta y cuando la civilización impuso el motor llegó a usar, estando en la Trepa, una “montesa”, pero, en seguida, descubrió que “no hay nada como un buen caballo para viajar por estos parajes”.

Durante estos años conoció a cinco obispos: Cerviño, Blanco Nájera, Reboredo, y, ahora, a Carlos Osoro. D. Antonio es hombre de profundas convicciones, todavía hoy se resiste a los encantos de esa señora de compañía que todo el mundo parece necesitar que se llama televisión. “Prefiero la radio”, dice.

Después de sesenta años todavía puede encontrársele limpiando una finca cercana a su casa, de las malas hierbas o, sobre todo, rezando el breviario  en la galería de su casa, en invierno, rodeado de una manta, o, tocando la campana una hora antes de que empiece la Misa, sin fallar un solo día. Y siempre y, en cualquier momento, con  una sonrisa en la boca y dispuesto a charlar un rato y a compartir un café de los suyos: “quente coma o inferno, doce como os anxos e negro coma o demo”.

Si venís por el Tameirón y queréis conocer a D. Antonio no le preguntéis la edad. Venid con tiempo. Si es invierno sentaos al lado de la cocina de leña, con un chorizo y un buen vaso de vino. Si es en verano sentaos a la entrada del pueblo a la sombra de algún castaño, al lado del monumento a San Francisco Blanco y preguntadle lo que queráis: ¿Cómo va a celebrar el IV aniversario del martirio de San Francisco Blanco?, ¿cuál es la canción que más le gusta cantar?, ¿si echa de menos sus caballos?…, preguntadle todo, menos la edad.

Aunque hay algunos que dicen que nació alrededor del día de la fiesta de San Francisco Javier, allá por el año 8 y que cantó Misa en un día de Reyes, allá por el 37. Pero él, sigue sonriendo.

Gumersindo Meiriño

La Region 6 de enero de 1997

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El Espíritu Santo está de moda

El Espíritu Santo está de moda

El Espíritu Santo y la Nueva Era

Nos movemos en un mundo que corre a velocidades vertiginosas. Todavía recuerdo la llegada del primer teléfono móvil como la gran novedad, cuando ahora lo tiene hasta la persona más pobre. Todavía en mi retina salen de vez en cuando imágenes de personas de la India con dificultad para comer a diario pero, eso sí, con el teléfono móvil pegado a la oreja.

En alguna medida, lo mismo pasa en la Religión y la Espiritualidad. Ahora “lo que se lleva” son las espiritualidades orientales y la New Age, o Nueva Era.  Y las instituciones tradicionales tiran dardos contra estas nuevas espiritualidades de moda, como si fueran a robarles adeptos o clientes.

Se equivocan, estas instituciones, lanzando esos dardos envenenados, porque las nuevas espiritualidades son buenas y  muy buenas,  por dos motivos fundamentales. El primero porque nacen como respuesta a los interrogantes que se plantea la persona en la actualidad. Y en segundo lugar, porque sacuden la inercia y la pereza de las religiones anquilosadas en el pasado y en el adoctrinamiento de siglos sin renovación.

El Espíritu Santo es Paloma que vuela Libre. Las nuevas espiritualidades y la llamada Nueva Era, son vientos del Espíritu Santo que  hacen volar pesos viejos del pasado que  imposibilitan mirar la realidad actual. Porque ya saben, aunque algunos lo hayan olvidado, que el Espíritu Santo sopla, no donde le mandan, sino donde El quiere.

Gumersindo Meiriño