¡Hasta luego, Padre Pablo Ferreyra!

¡Hasta luego, Padre Pablo Ferreira!

Después de semanas de lucha titánica entre el cielo y la tierra el Padre Pablo se fue, todavía, según los ojos humanos joven. Muchas de las personas que le tuvieron como guía le lloran, algunos de ellos me preguntan, ¿cómo se hace para despedir a un ser querido? Casi al mismo tiempo que recibo la noticia de la marcha de Pablo, me llega por mail el testimonio de Gladis, así lo relata su marido.

Mi señora había perdido a su mamá hacía 4 años y no se resignaba a ello, debido al gran cariño y apego que tenían, hasta tal punto que había recurrido a profesionales de la Sicología para tratar de aliviar sus penas. María, que hasta el momento de llegar a nuestra ciudad ni siquiera conocía a mi esposa, increíblemente logró concitar su atención diciéndole que su mamá estaba al lado de ella y que no se marcharía en paz hasta que ella aceptara que su mamá se había ido y que una vez que ella lo aceptara, iba a tener una señal de su mamá y que se iba a venir a despedir. Así las cosas, se produjo un cambio en la actitud de mi señora, dejó de estar triste, de estar con la mente siempre en su madre, a vivir el día a día con otra actitud y nuevamente comenzó a concurrir a misa. Un día fue a una misa de sanación, vino bastante mal, recuerdo que en mi ignorancia espiritual, le aconsejé que no fuera más, si después de la misa venía en ese estado. Pero ella siguió yendo.

Otro día, a las cuatro de la mañana me levanté para ir de viaje, mi señora se levantó conmigo y luego se volvió a acostar. Al regreso, me contó que, al dormirse de nuevo, después de mi marcha sintió la presencia de su madre que se acercó a la cama y le dio un beso en la mejilla, como habitualmente acostumbraba a hacerlo cuando estaba en este mundo y le dijo que venía a despedirse. Ella no sintió ningún miedo, al contrario, lo que sintió fue una paz muy profunda. Increíblemente mi señora comenzó un camino de espiritualidad que hasta el día de hoy la mantiene muy activa, salió de su profundo dolor de no acostumbrarse a la falta de un ser querido como su madre y acepta las cosas de la vida con otros ojos. ¡Ah, y por supuesto dejó de acudir al Sicólogo!

Los seres queridos que se van de este mundo, no se van para siempre, solo nos adelantan en un viaje que dentro de unos años, en realidad, muy pocos, nosotros mismos emprenderemos. El hecho de comprender esta situación hace que nuestra existencia dé un giro de 180 grados. Ahora bien, cuando nos empeñamos en centrarnos con toda el alma en las cosas materiales, en dejar una huella imperecedera en este mundo, como si ésta fuera nuestra casa definitiva, sufrimos horrores.

Por eso al Padre Pablo no le decimos adiós, si no solo hasta luego, orando para que en este viaje que está realizando por los mundos del más allá encuentre su lugar de Paz y de Luz, y, allí nos espere.

¡Hasta luego, Padre Pablo!

 Gumersindo Meiriño

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Reflexiones Padre Pablo Ferreyra ofm 2da parte

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El ciprés del Padre Isorna

 

El ciprés del P. Isorna

Hace unos meses me decía sonriendo, hay personas que tienen el don de caer bien, de resultar agradables a los demás… pues ahora, querido Padre Isorna, quiero añadirle algunos dones más. Valga como ejemplo el de sorprenderme cada vez que hablamos y el de no recordar ni un solo encuentro o conversación en el que no haya quedado en mi alma alguna perlita de agua fresca.

Hace unos días conversamos vía telefónica y recordamos el ciprés de Cordeiro que está en el cementerio de su querido pueblo y que su papá plantó al lado del panteón familiar. Y, en seguida, con voz bastante juvenil, me recordó que su cuerpo está muy achacoso, pero, a mi edad, casi noventa años, dijo, solo faltan unos días para llegar a esa fecha, si no tuviera algún achaque sería mucho peor porque significaría que ya no estaría vivo. Por eso no me quejo, le doy gracias a Dios. Eso sí tengo que tener cuidado al subir las escaleras y ahora me acompaña constantemente el bastón.

Y a propósito del ciprés, me dijo con el humor de siempre, gallego y educado, él sigue esperando. Cuando vengas te voy a dar la poesía sobre ese ciprés. Dice algo así. Y empezó un recitado con voz firme, segura y juvenil. Durante varios minutos escuché al otro lado del teléfono, con atención, maravillado. La voz eufónica, como la calificaron algunos, y profunda del Padre resonaba firme y segura en el hilo telefónico llamando al ciprés maestro que crece alegre alimentado por los restos de mis antepasados…,

Hoy, cumple los noventa. Y, en fecha tan señalada, me dirijo al ciprés, con respeto y le digo:

Querido ciprés apuntas al cielo pero tienes las raíces profundamente arraigadas en la tierra. Allá hacia donde señalas, al cielo, hay paz, alegría, felicidad sin fin. Acá, en la tierra, donde tus raíces se alimentan, pisamos el barro de la alegría entremezclada con luchas, esfuerzos y fatigas pero con la clara esperanza de que seguimos caminando hacia arriba, hacia lo más alto de la plenitud humana, el Amor.

En ese camino hacia la cumbre más alta nos dan aliento personas como el P. Isorna que nunca pierden la paz, la calma, la alegría, los buenos modales, la entereza, la grandeza, a pesar de que con los años su cuerpo se haga pequeño y débil, pero no su espíritu que es siempre joven y despierto. La caballerosidad y el espíritu franciscano que lleva en la sangre no han perdido ni un ápice de su vitalidad.

Contigo entono desde la tierra un canto agradecido al cielo en honor de la juventud y el brío del P. Isorna que cumple hoy noventa años y los vive al ritmo de la ilusión y alegría de siempre.

¡Feliz cumpleaños! Y, como dice usted, ¡el ciprés puede esperar!

Gumersindo Meiriño
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Padre Isorna y Gumersindo Meiriño en Santiago de Compostela Galicia – España

El Correo Gallego

El padre José Isorna y Meiriño presentan ‘De empresario a Santo’

27.10.2010 El libro se dio a conocer ayer en Follas Novas// Es la historia de un franciscano de A Gudiña

REDACCIÓN SANTIAGO

Meiriño y el padre Isorna con el fundador de Follas Novas, Rafael Silva, de pie FOTO: A. Hernández
Meiriño y el padre Isorna con el fundador de Follas Novas, Rafael Silva, de pieFOTO: A. Hernández

El conocidísimo padre Isorna y el escritor y doctor en Teología Gumersindo Meiriño presentaron ayer en la librería Follas Novas de Santiago una obra conjunta, De empresario a Santo. En sus páginas se narra la historia de Sebastián de Aparicio, un franciscano nacido en A Gudiña que fue emigrante, agricultor, ganadero, hombre de negocios y, finalmente, santo.

Y es que Sebastián de Aparicio fue beatificado en 1789 por su labor misionera. La historia dice que gracias a él se deben las primeras carretas que hubo en México tiradas por animales y en el libro De empresario a Santo se cuenta que creó líneas de transporte y distribución de mercancías con ellos. Además, se empeñó en “adaptar las carretas gallegas a Puebla”, la localidad mexicana a la que emigró, y “así se fueron fabricando los arados como los de O Riós y as Frieiras”, se lee en esta obra de 111 páginas sacadas a la luz por la Editorial De Oriente a Occidente. Uno de los autores, Gumersindo Meiriño, fue ordenado sacerdote y ejerció como tal en distintos países, como en Ecuador y Argentina. Trabajó también tres años asistiendo espiritualmente a los enfermos de la Clínica Universitaria de Navarra, ejerció como profesor catedrático y actualmente está casado, es misionero y escritor.

El padre Isorna nació en Cordeiro (Valga) y es una institución en Santiago. Es franciscano desde hace 60 años y, entre otras muchísimas actividades, es miembro de la Real Academia Gallega de la Lengua.

El Correo Gallego

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Isorna y Meiriño rescatan la figura de Sebastián de Aparicio como modelo en tiempos de crisis

Gumersindo Meiriño y el padre José Isorna presentaron ayer en la librería Follas Novas el libro De empresario a santo, una obra que indaga en la persona y la trayectoria vital del emigrante de A Gudiña Sebastián de Aparicio.
La publicación, que sale a la luz dentro del sello De Oriente a Occidente, es además un homenaje a la propia figura del Padre Isorna, que cumplirá noventa años el próximo mes de mayo. «Sebastián de Aparicio se fue a México en 1533, donde trabajó como un emigrante más. Montó nada menos que una empresa de carruajes; podemos decir que fue él el que llevó la rueda a México para crear una cultura diferente», señala el fraile coautor del libro.
Empresario de éxito
El padre Isorna dice que la escena de ver a los nativos cargando pesadas mercancías sobre sus espaldas pocos años después del descubrimiento de América sobrecogió a De Aparicio, que quiso acabar con esa situación y se convirtió en un empresario de éxito. La vida de Sebastián de Aparicio, que para los autores no deja de ser un modelo que puede servir de referencia en tiempos de crisis, cambió radicalmente a los 68 años, cuando entregó todos sus bienes al convento mexicano de Santa Clara y se hizo fraile mendicante. Sebastián de Aparicio es venerado hoy en Puebla como patrón de los transportistas, del mismo modo que en España se honra a San Cristóbal. Su cuerpo permanece incorrupto.

LA VOZ DE GALICIA, 27/10/10

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Paciencia y alegría

Paciencia y alegría

La madre espera  la llegada de su hijo al mundo. Hace unos años mientras su pancita iba creciendo poco a poco la mamá cosía, tejía, la ropa del futuro bebé. El papá construía con sus manos la cuna en la que descansaría los primeros años de su estancia en este pequeño mundo. Actualmente, los dos juntos o cada uno por su lado, recorren , con enorme paciencia,  las decenas de locales de las grandes plataformas comerciales en busca de los mejores precios para comprarle ropita  al ser humano que se prepara para aterrizar en el planeta tierra.

Cuando nace, el bebé espera que su madre le acerque el pecho o el biberón. Cuando crece, piensa en su próxima etapa escolar. Luego observa  a los compañeros del curso superior y le gustaría tener más años para ser como ellos. En la pre adolescencia , las niñas esperan que les salga el pecho, los niños la barba, luego ambos, quieren que pase el tiempo pronto para poder sacar el carnet de conducir, ir a la universidad, encontrar su primer trabajo, encontrar el amor de su vida.

Luego esperan tener un trabajo estable, encontrar a la persona adecuada para formar una familia, tener hijos. Y vuelve la rueda del molino a empezar, esperan que nazca su hijo…, Cuando se hace mayor, espera tener una buena jubilación, salud, hasta que, los más ancianos, esperan a que les llegue el momento de tomar el camino de la eternidad.

Para todo ello es necesaria la paciencia. A lo largo de la vida la ejercitamos con mucha frecuencia. No nos queda  más remedio. El refrán popular dice: “El que espera desespera”. Tiene parte de razón porque la paciencia, la sola paciencia, si se ejercita sola es coja, renga y con un pie solo se camina mal y uno termina desesperado. Pero, ¿con quién podríamos acompañar la paciencia?

Las virtudes, como los apóstoles de Jesús, deben ir, al menos , de dos en dos.

Hablo con el padre Isorna, que tiene ochenta y nueve años, le pregunto cómo está. El me cuenta que está bien  para su edad pero que le duele mucho la espalda y que muchas veces apenas puede caminar “pero que no me quejo  porque ejercito la paciencia y  la alegría, comenta, porque las virtudes nunca va una sola si no que van acompañadas por otra. Paciencia y alegría”.

Pues bien, ya tenemos la compañera de la paciencia. Se trata de la alegría, Cuando uno espera  y lo hace con alegría convierte lo que podría ser algo pesado e ingrato en algo constructivo.

Cuando uno hace trámites burocráticos tiene que esperar en ocasiones horas a que te den un turno, a que te firmen un papel, es recomendable llevarse un buen libro debajo del brazo, o un papel y lápiz o el rosario en la mano diciendo algunas jaculatorias o mantras como dicen los orientales o como los varones griegos que para relajarse juegan con una especie de rosario en la mano por horas enteras.

La paciencia forma parte de nuestra vida. No la dejes sola, dale una buena compañera, la alegría. Paciencia y Alegría.

Gumersindo Meiriño

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El santo que me llevó a América (Sebastián de Aparicio)

El santo que me llevó a América

(Sebastián de Aparicio)

Cuando estaba en la parroquia de Virasoro (Argentina) me acerqué al negocio donde encargábamos cada semana las fotocopias. Nunca había ido personalmente. Era la primera vez. Mientras esperaba el turno observé, que en la estantería situada en frente al mostrador, colgaba una pequeña estampa de un santo franciscano. No presté mucha atención, hasta que, me pareció ver la imagen de Aparicio, Beato de la orden de los franciscanos. O mi vista me fallaba o parecía que me miraba. Entonces me fijé y, sí, era realmente una estampita de del Beato. Pregunté quién era aquel santo. La dueña, una señora de mediana edad, me miró sorprendida y reconoció: “La verdad es que no se qué santo será pero seguro que se le olvidó a alguien entre los papeles cuando vino a hacer fotocopias Al ver que era un santo lo pusimos ahí para proteger el negocio”. La sra me acercó la estampa y, efectivamente, era una de las habíamos hecho en Galicia en la parroquia donde nació Aparicio. Era inconfundible porque en la parte de atrás estaba la oración que personalmente había escrito para que rezaran. La sra entendió quién era el dueño de la estampita y me la quiso devolver. Contesté: “No, señora quédesela será una buena protección para su negocio”.

Esta casualidad, ahora que vivo en América, me ha hecho recordar un pequeño detalle. La primera vez que volé rumbo a Sudamérica fue motivado por Aparicio. Corría el año 2000. El mundo vivía en torno al nacimiento de un nuevo milenio. Y A Gudiña, en torno al centenario de su hijo más sublime y famoso: Sebastián de Aparicio. Nacido en este pueblo, en el año 1502 y fallecido en Puebla de los Ángeles en el 1600, con fama de ser un santo muy milagrero e impulsor de las rutas mexicanas. Se celebraba el cuarto centenario de su muerte. Así surgió la visita a la tierra donde se conserva la urna con sus restos, expuestos al público en el Convento franciscano de la Ciudad de los Ángeles, en México. Un grupo de vecinos, nacidos en el pueblo de A Gudiña, que habían soñado con esta posibilidad desde su infancia se subieron, casi todos por primera vez, a un avión para ver a su paisano.

En aquel avión, sonriente, siempre con una palabra amable en la boca y de buen humor nos acompañó el padre Isorna. Así viajé a Sudamérica por primera vez y, de forma insospechada se convirtió en mi nuevo hogar.

Al poco tiempo pensé que la providencia me guiaba por caminos distintos a los del beato y que éste quedaba en el pasado. Primero me instalé en Ecuador luego en Argentina. Aquí Sebastián regresó al presente. No sé cómo ni porqué un buen día comentando las circunstancias de mi vida, María, mi esposa, comentó, “eso tendrías que escribirlo”. Y otro día “y qué bueno si lo hicieras con el P. Isorna”. A la vuelta del primer viaje a México, en el año dos mil, nos pidieron al P. Isorna y al que escribe, la introducción para un libro facsímil de la vida del beato.

A la vuelta de los años, Isorna y Meiriño escriben un libro, De empresario a santo, que se presenta en la Feria Internacional del libro de Buenos Aires, sobre Sebastián de Aparicio: el santo que me llevó a América.

Y la sopa …., con cuchara.

Gumersindo Meiriño

www.deorienteaoccidente.com

Presentación del libro De empresario a Santo. Feria del libro de Buenos Aires

Presenta,
en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, 

la más grande de su tipo en el mundo de habla hispana.
Lugar de encuentro entre autores, editores, libreros,  distribuidores, educadores,
bibliotecarios, científicos artistas de todo el mundo y más de 1.200.000 lectores.

SÁBADO 2  DE MAYO 2009

Se presentan en conferencia de prensa en pabellón Ocre.
los autores:


Gumersindo Meiriño

DE EMPRESARIO A SANTO:

Escrito por el Dr. Gumersindo Meiriño y el Padre franciscano Fray José Isorna, el cual responderá a la entrevista desde Santiago de Compostela. España

María Benetti Meiriño

 

DIOS Y LA MEDITACIÓN TRASCENDENTAL.

Libro sobre Meditación, siguiendo el Programa de Camino a lo Sagrado, escrito por la Maestra Zen, María Benetti Meiriño


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LA FIRMA DE LOS LIBROS

se realiza  días 2 al 6 de mayo 20 hs

Pabellón Amarillo
Stand  XUNTA DE GALICIA
Calle 12, Stand: 1710

 

 

Más información, haga clik en el enlace de la Editorial:

http://www.editorialdeorienteaoccidente.com/

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Sin perder de vista. Sebastián de Aparicio

San Sebastián de Aparicio

San Sebastián de Aparicio

Sin perder de vista

Distintos avatares de mi vida personal hizo que me encontrara varias veces con un personaje singular, llamado Sebastián de Aparicio.

Después de hacer mis estudios en la Universidad de Navarra, mi primer destino fue la Gudiña. No tenía una idea más que de haber pasado por allí en el autobús o en el tren que me llevaba destino a la Universidad o de vuelta destino a mi casa.

Recuerdo muy bien que en la Clínica Universitaria acudí a la oficina de información para pedir una lista telefónica y mirar cuántos habitantes podría tener la Gudiña. Eran tiempos aquellos en los que no había Internet había que usar otros recursos.

Allí en la Gudiña fue donde hice amistad con Aparicio.

Al principio me pareció un poquito exagerado todo lo que se decía en el pueblo de él. Pero al ir, poco a poco, conociéndolo y tratándolo descubrí que era todo un personaje digno de prestarle atención.

De la multitud de anécdotas que se cuentan de él, me quedaría con una en la que dicen que su máxima era: “no perder de vista a Dios”

Eso si que es todo un programa de vida resumido en una pequeña frase que es todo un océano de sabiduría.

Si comes, no perder de vista a Dios. Si juegas no perder de vista a Dios, si trabajas no perder de vista a Dios. Si bailas no perder de vista a Dios. Si cantas no perder de vista a Dios. Era lo mismo que decía Pablo de Tarso,” ya comáis, ya bebáis hacedlo todo para gloria de Dios”.

Y además no me extraña que Sebaschao de Aparicio le sirviera en su vida como máxima porque sus peripecias son muchas y múltiples. Tantas que seguro que tuvo más de una ocasión para perder de vista muchas cosas.

Fue emigrante en la provincia de Orense y en varias de las provincias españolas. Reciente el descubrimiento de América se embarcó para México.

Se instaló en Puebla de los Ángeles, también conocida como la Ciudad de los Ángeles. Allí fue primer agricultor, luego ganadero luego construyó carretas. Luego se dedicó a construir los caminos que cruzaban buena parte de México. Más tarde volvió a ser ganadero y levantó el primer asilo para ancianos y necesitados. Luego donó todas sus riquezas y se hizo donado del as hermanas de Santa Clara y luego fraile franciscano. No sin antes haberse casado dos veces y dos veces enviudado.

Después de todos estos avatares dignos de la mejor película de Hollywood, murió a los noventa y ocho años de edad, eso sí, “sin perder nunca de vista a Dios”.

Gumersindo Meiriño

www.deorienteaoccidente.com