Oración a la Virgen de Lourdes por los enfermos

En la Gruta de la  Virgen de Lourdes nos acordamos de los enfermos…., ¿te quieres unir?

En medio de las montañas del sur de Francia, no muy lejos de la frontera con España, se apareció una Señora a una jovencita que recogía leña, llamada Bernadette Soubirous. El lugar se llamaba Lourdes.

Desde las Apariciones de la Señora de Lourdes, cada año no dejan de sanarse personas en contacto con el agua de la Gruta de Masabielle.

Año tras año, millones de personas, millones de enfermos acuden a esa Gruta de la que sigue manando el agua, símbolo de la sanación de la enfermedad.

¿Quieres venir conmigo a los pies de la Gruta del Pirineo francés y hacer una oración por los enfermos?

¡Oh Virgen de Lourdes!, acudimos al lugar donde te manifestaste a la joven Bernadette.
Con fe y confianza nos ponemos delante de la Gruta donde todavía está tu presencia espiritual.
Pedimos, como lo hizo Bernadette, con la misma fe, que sanes a todos los enfermos de sus dolencias (aquí puedes decir el nombre o nombres de enfermos). Que aprendan por comprensión y no por dolor.
Pedimos que nos ayudes a cuidar nuestro cuerpo, templo del Espíritu Santo y que nos ilumines para que, son salud y alegría, cumplamos la misión que Dios nos ha encomendado a cada uno de nosotros en el planeta tierra.
¡Virgen de Lourdes Ruega por nosotros!

Oración de Gumersindo Meiriño Fernández, el día 11 de febrero de 2014

gumersindo.maria.lourdes

Cuento de Navidad. Dr. Gumersindo Meiriño Fernández

Blog Oficial del Dr. Gumersindo Meiriño Fernández

navidad.cuento.meirinoCuento de Navidad

Era corpulento, gordito y autoritario. Se movía, a pesar de su peso, con cierta agilidad. Recién salía de celebrar Misa. Vestía camisa de clerygman que le identificaba como sacerdote de la iglesia católica. Atardecía. Las casas de los alrededores sonaban a Navidad. Árboles y casas adornadas con luces de colores que se apagaban y encendían. Del templo brotaba la melodía de un conocido villancico.

El cura se paró con un grupo de personas que cuchicheaban algo entre ellas. Una mujer de mediana edad le comentó, “¡qué lindas palabras las suyas, Padre! ¡Cuánta razón tiene! Ahora la navidad es una parafernalia, nadie se acuerda de Dios, todos piensan en comer, beber, fiesta, regalos…, ¡ya nadie se acuerda de Dios”!.

“Sí, —contestó, con su vozarrón el cura, gesticulando exageradamente— Mira con la cantidad de gente que se muere de hambre y todo el mundo gastando en luces…

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