El fracaso

EL  FRACASO

Tiene veinte años. Su mirada es limpia, de niño, con alguna picaresca propia de su tierna edad. Pero, como suelen decir, esto de la juventud y la inexperiencia es “una enfermedad” que se cura con el tiempo. Arnaldo es la primera vez que ejercita su profesión. Pone manos en la masa y empieza con mucha ilusión que intenta esconder detrás de su timidez y de su corta edad. Pero empieza. Reparte los pedidos. El mismo se da cuenta de que no va. Pone el corazón, toda su voluntad, se levanta temprano, se esfuerza, toda la familia “le echa una mano”. Agotado, un poco triste termina su labor porque no le ha salida nada bien. Agotado y triste se lava las manos y se encierra en su habitación…, mientras escucha una voz queda en su mente, “esto es un fracaso, no sirvo para nada”.

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Hace unos años un compositor italiano estrenaba su gran obra de ópera. Años de trabajo, de coordinación, de noches sin dormir, de esfuerzos, luchas, sacrificios…, en el primer acto aplausos, en el segundo acto, risas, burlas, en el tercer acto, su obra que era una tragedia que debía mover a las lágrimas por el drama que se representaba se convirtió en un montón de burlas, risas y carcajadas.  Todos sufren el escarnio el director de la orquesta, los actores, el compositor…, un rotundo fracaso. Años más tarde esta ópera se convierte en un éxito, ahora mismo en  una de las más prestigiosas de la historia, la número uno en representaciones en todo el mundo. Es La Traviata, de Guiuseppe Verdi.

Le miro a Arnaldo y me gustaría contarle la historia de La Traviata, la de Hellen Keller, la del “ángel rubio”…, ¿que quiénes son estas personas?

Son personas normales que se levantaron, que una y otra vez lucharon por salir adelante, aunque sus primeros pasos, por circunstancias de la vida, o por motivos de su propio aprendizaje fueron un fracaso . Un fracaso que, gracias a su tenacidad, su ilusión, su fe, se convirtió en un éxito dejando escritas páginas hermosas en la historia de la humanidad.

Hace unos años llegaba de Inglaterra un joven indio a su patria original. Recién estrenaba su título de abogado. En los primeros pleitos que defendió se le trababa la lengua, le temblaban las piernas …., varios de sus primeros juicios fueron un fracaso total. Años más tarde se plantaba delante del Congreso para pedir la liberación de su país, le golpeaban, le apaleaban, le metieron en la cárcel.., el nunca levantó un dedo contra nadie. Es el padre de la nación India: Gandhi.

Miro a los ojos a Arnaldo. Da la impresión de que tiene ganas de llorar, que no sabe qué hacer, que no cree que haya elegido el mejor camino, que es un perezoso, un inútil… y le digo con la mirada: —Arnaldo, amigo, te parecerá loco pero es la verdad. Hay cosas como la humildad, la necesidad de esfuerzo, la paciencia, la tenacidad, la confianza en Dios… que se aprenden mucho mejor y más fácil cuando en nuestra vida no todo son éxitos. Si todo es fácil y cómodo la persona se aburguesa, se acomoda, como decimos aquí en la Argentina, “se achancha”. Por eso, hay que agradecer que en los primeros pasos esté presente ese gran maestro que no nos gusta tener al lado, ese maestro duro, implacable y, en ocasiones cruel que es el único que es capaz de enseñarnos “los secretos escondidos de la felicidad y el éxito”, ese maestro llamado: fracaso.

Gumersindo Meiriño Fernández

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La historia de un queso. El ser humano que busca afuera

flor.gumer.meirinoLa historia de un queso. El ser humano que busca afuera

Me cuentan una historia de pueblo simpática y, al mismo tiempo, elocuente. Resulta que un matrimonio se desplazaba con frecuencia de la ciudad a su pueblo y de paso compraban quesos. La señora, repetía con frecuencia a los vecinos que recorría los sesenta y cuatro kilómetros de la ciudad al pueblo con el propósito de llevarse unos quesos y pregonaba las excelencias de tal producto culinario. Cabe señalar que el vendedor le sacaba la etiqueta original de dónde procedía.

Un buen día el marido que salía de la tienda de la compra de los quesos se enzarzó en una acalorada discusión con un vecino del pueblo. En ella se subieron un poco los decibelios y se le ocurrió decir que “los de pueblo son más brutos y atrasados que los de la ciudad”. En ese momento, el vecino tocado en su orgullo, respondió: “los del pueblo seremos brutos y atrasados, pero los de la ciudad sois más tontos que nosotros. Mira que llevas haciendo kilómetros y perdiendo el tiempo comprando los quesos aquí, cuando tienes la fábrica y al vendedor oficial de los mismos en la ciudad, a cien metros de tu casa”.

Leyenda o verdad, lo que le pasó con los quesos a este buen hombre es lo que puede sucederle a cualquier ser humano, dado que cierto designio nos lleva a pensar que lo que tenemos entre manos es siempre peor o, al menos, no es de la misma calidad que lo que viene de lejos o hay que ir a buscarlo.

Me hizo recordar todo esto una publicidad de un auto en la que el acompañante del coche le dice al que maneja, “te has fijado en el auto del de al lado”.

Hablaba, el que les escribe, en una conferencia sobre la figura de Ignacio de Loyola. A la salida una de las oyentes comentó. “He hecho decenas de cursos sobre espiritualidad oriental y lo que usted nos dijo de este santo es muy parecido”.

La búsqueda de nuevos caminos es humana, saludable y aconsejable pero el que no sabe disfrutar lo que tiene al lado no lo hará de lo novedoso y lejano.

Y hoy va de ejemplos. Una joven me contaba que le había pedido a Dios que, por favor, le ayudara a romper el compromiso con el novio porque se estaba enamorando de otro. Al mes el novio le amenazó con abandonarla. Entonces ella vino llorando a consultarme desconsolada,  “¿y ahora qué hago Padre?, no quiero perder a mi novio”.

¿Qué haces? Te lo digo a ti y a mí al oído: disfruta de lo que tienes, dale gracias a Dios por todos los dones, mira, observa, escucha, saluda, sonríe, toma con entusiasmo todo lo que tienes entre manos. Cuando ames lo que tienes entre manos podrás descubrir la belleza de otros horizontes.

A nuestro lado crece el alimento que necesitamos para ser felices, en nuestro corazón, en nuestro interior brota la fuente de la sabiduría. Busca en lo más íntimo de tu ser, y no pierdas el tiempo yendo al pueblo vecino en busca de queso.

 

Gumersindo Meiriño

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