“Mi última agonía”

Contaba una amiga que su marido, cuando ya se despedía, tras una larga y dolorosa enfermedad, le pidió a ella y a sus hijos que rezaran juntos esta oración: “Jesús, José y María os doy el corazón y el alma mía. Jesús, José y María asistidme en mi última agonía”.

La familia rezaba con los ojos envueltos en lágrimas escondidas y la garganta en nudo pero con fe, con mucha fe.agonia.meirino

─Es una oración, que cuando la rezo evoco─ seguía escribiendo─ la cara sonriente de mi madre y en aquel momento tan difícil, rodeado de mi marido y mis hijos, la sentí cerca. Mi mamá siempre contaba la misma anécdota, cuando rezábamos juntas esta oración, veía mi carita, siendo muy pequeña, con los ojos muy abiertos y aquella infinita curiosidad que tenía por todo, preguntándole: ─ ¿”Mamá, qué es mi última agonía”?

La “última agonía” suena a palabra prohibida. A esas que nunca deben pronunciarse porque están cerca de la muerte. Suena como algo lejano, irreal o, al término adecuado para estacionar en el baúl de los olvidos. Una expresión, como se dice ahora, “tabú”. Pero, en definitiva, es una situación real por la que todo ser humano ha de pasar, no lo olvides, todos, tú y yo entre ellos.

Agonía es un vocablo que procede del idioma griego cuya traducción más adecuada es el de “lucha”. En este sentido, “la última agonía” sería “la última lucha”, “la última batalla”.

La vida está llena de “agonías”. Por eso se habla de “última”, porque antes, hay otras muchas. La “agonía” de la pereza, de la desidia, de la angustia, de la tristeza, de la envidia, de codicia…, agonizan los días (se llaman atardeceres), las semanas, los años, la niñez, la juventud…, todo en la tierra es “agonía”. Todos los días tenemos que “agonizar”, luchar y elegir entre tristeza y alegría, desesperación y esperanza, generosidad y codicia…, cada jornada tomamos muchas cosas pero otras muchas las dejamos ir, en un constante lucha. Son “agonías”, “batallas” infinitas en la mente y en el corazón humano que se vierten, como el río cuando desemboca en el mar, en esa “última agonía”, que son los momentos anteriores a decir adiós al planeta tierra.

Ese momento, que puede durar más o menos, según los casos,  por el que pasamos todos los humanos, tú y yo también, no lo olvides, es crucial. En ese instante todas las batallas humanas se hacen presentes. Es el momento de ir al encuentro de lo Desconocido, con fe y esperanza, en una dulce agonía o la de aferrarse con uñas y dientes al mundo conocido de lo material y caduco, en una amarga agonía. ¡Qué sabias esas palabras de la oración tradicional cristiana, pidiendo a José, María y Jesús la asistencia en la “última agonía”!

Gumersindo Meiriño Fernández

Puedes leerlo también aquí AGONIA

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Llamando a las puertas del Cielo

Llamando a las puertas del Cielo

El ser humano progresa, evoluciona. Siempre ha sido así. Pertenece a la raza el no permanecer quieto, inmóvil, paralizado. Incluso parado, quieto, dormido,  aparentemente carece de movimiento, pero no es así, situado encima de la tierra está moviéndose porque el planeta no para ni un solo segundo. Incluso dormido, inmovilizado el cuerpo,  el corazón sigue latiendo y la sangre corriendo por sus venas…puertas-del-cielo

Pero eso no quita de que haya elementos permanentes en su esencia que hacen que el ser humano sea el mismo el del siglo uno que el del siglo veinticuatro; el negrito de África, que el rubio de Estocolmo o el de ojos rasgados de Mongolia. Uno de estos aspectos permanentes de la persona es que todos en el corazón sentimos la necesidad de  ser eternos, de seguir caminando más allá de nuestros días terrenales. La necesidad innata  de dar sentido a nuestra existencia trascendiendo y superando lo meramente material.  Esa necesidad que tenemos todos los  humanos, de todos los tiempos nos hace descubrir la parte espiritual, la dimensión trascendente. Sin ella la persona se pierde, se desorienta.

Por ello, allí donde hay personas nace la búsqueda ansiosa de descubrir y hablar con Dios, donde  caminan humanos, hay gritos, llamadas, golpes en las puertas del cielo. Todos tarde o temprano recurrimos a esa parte de nosotros que se llama espíritu en busca de agua para saciar la sed. Esa forma de llamar a las puertas del cielo se le llama aquí en Occidente, la oración.

Por eso, orar no es algo moderno ni antiguo, pasado o futuro. Es simplemente algo humano.

La persona cuando ora  está sacando afuera eso que lleva en sus entrañas. De su interior brota la fuerza de su espíritu que es capaz de salir de sí mismo en busca de una respuesta a los grandes interrogantes que se le plantean: ¿quién soy yo?, ¿de dónde vengo?, ¿a dónde voy?

El ser humano cuando reza se engrandece porque reconoce lo que es,  un ser espiritual. Reconoce su magnanimidad que está más allá de lo meramente material. Descubre que el mundo no se acaba en el cielo, si no que éste tiene puertas, puertas que se abren y te introducen en el maravilloso  mundo del Misterio de Amor.

Al mismo tiempo, cuando oras, con el alma, de forma sincera,  haces que se abran las compuertas del Cielo y caiga la lluvia sobre la tierra, un agua que hace brotar las semillas que llevas en el corazón y que corren el riesgo de secarse si falta el agua. Son las semillas de la paz, la alegría, la misericordia, la compasión, la sabiduría, …, que dan fruto, si se riegan, llamando a las puertas del Cielo.

Escúchalo haciendo clik en la palabra subrayada en azul:

PUERTAS DEL CIELO

Gumersindo Meiriño Fernández

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Jesús “era” oriental

Jesús “era” oriental

Está de moda en el mundo de las religiones y la espiritualidad discutir sobre los temas orientales, yoga, meditación trascendental, hinduismo, budismo, sufismo…. Algunos los critican, incluso comentan que son “herejías” peligrosas que apartan a la gente de Dios. Otros, por el contrario, a todo lo que venga de oriente, lo abrazan, lo siguen, como si fuera la salida a todos los problemas y conflictos.jesus.es.oriental

Oriente llama la atención. Es un ambiente cultural que no mamé de pequeño, que miré de lejos, ―porque parecía que estaba más allá del horizonte,— a través de los libros, y que, ahora en los últimos años he respirado y compartido. No se puede resumir en un artículo lo  explorado en diálogo con las personas de Oriente, pero sí algún tema llamativo respecto a Jesús. He descubierto uno de los rasgos del que se habla poco: Jesús era oriental. Oriental, por su aspecto, dado el país en que nació, oriental por su educación, oriental por su comportamiento…., por su formación, por su lenguaje, su cultura. Su forma de vivir está enraizada en Oriente. Por eso cuesta entender el porqué algunos de sus seguidores se afanan por criticar, difamar a lo que viene desde esos países., el porqué tienen cierta “alergia” a las culturas y místicas de Oriente.

Si quedaba alguna duda, mis amigos la han desbaratado y  confirman la tesis de que Jesús es oriental.

A algunas personas amigas les hice una especie de encuesta informal. La pregunta a la que tenían que enfrentarse era la siguiente: “¿Qué hizo Jesús?”

Las respuestas fueron diversas. Pero la mayoría resaltó “algo” que es significativo.

―“Predicaba el Amor ―afirmaba mi buen amigo, el contador Carlos― con sus palabras y con sus actos”.

―“Daba todo de El, —comentó un ingeniero informático llamado Alfonso —para hacer el bien, se entregaba al prójimo”.

Cristian un joven empresario escribió: ―“yo creo que enseñaba y lo hacía con hechos, para que la fe tenga más fuerza”.

La mayoría insistía en este aspecto de la vida del Maestro de Nazaret: Jesús enseñaba y actuaba, era coherente, había correspondencia entre lo que decía y lo que hacía cada día.

En otros términos, Jesús ejercitaba el Sadhana. No hay una palabra en occidente, según los expertos, que pueda traducir bien su significado. Sadhana es ser y actuar al mismo tiempo, pensar y practicar unidos. Lo cual quiere decir que, para el oriental místico que practica el sadhana, no existe una buena teoría, un sistema de creencias, una serie de normas o leyes sin más. Sadahana es, un estilo de vida, una forma práctica de vivir. Significa que lo que hay en la mente no sirve de mucho si luego no lo transformas en realidad.

Jesús no repite lindas ideas, no expone hermosos discursos, no relata historias inmejorables, simplemente…, No enseña de “oídas” o de “leídas”. Al contrario pisó el barro de la realidad para luego mostrar cómo se camina en él. Jesús practica la filosofía oriental del Sadhana, porque sabe de lo que habla y habla de lo que sabe por experiencia propia.

Jesús “era” oriental.

Gumersindo Meiriño Fernández

Léalo también en:

http://radiocataratas.com/noticia_23925.htm

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Oración para la Cuaresma

Oración  para  la  Cuaresma

Hoy es Miércoles de Ceniza. Hoy empieza la Cuaresma. Hoy empieza un tiempo favorable para conectarnos con nuestra parte espiritual y despertar. Hoy  aprovechemos esta nueva oportunidad que tenemos de acercarnos a Dios.

¿Cómo?

Durante estos cuarenta días te invito a que recites una de las oraciones más preciosas que se han escrito nunca el Salmo 51-50.

Haz antes con tu lengua la señal de la cruz en el paladar y después dilo con el corazón.

Cada noche antes de dormir anota en tu cuaderno una oración o frase que Dios haya puesto en tu corazón, sugerida durante el rezo de este Salmo.

Al día siguiente, cada vez que tengas alguna dificultad, cada vez que venga algún pensamiento turbio a tu mente, cada vez que…, en cualquier momento, eleva tu mente y repite esa frase, oración que has anotado en tu cuaderno.

Paz y Bien, de parte de Dios Padre-Madre,

Misericordia  y  Compasión

cuaresma.

Salmo 51- 50


3Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
4lava del todo mi delito,
limpia mi pecado.

5Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi pecado:
6contra ti, contra ti solo pequé,
cometí la maldad que aborreces.

En la sentencia tendrás razón,
en el juicio resultarás inocente.
7Mira, en la culpa nací,
pecador me concibió mi madre.

8Te gusta un corazón sincero,
y en mi interior me inculcas sabiduría.
9Rocíame con el hisopo: quedaré limpio;
lávame: quedaré más blanco que la nieve.

10Hazme oír el gozo y la alegría,
que se alegren los huesos quebrantados.
11Aparta de mi pecado tu vista,
borra en mí toda culpa.

12Oh Dios, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme;
13no me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu.

14Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu generoso:
15enseñaré a los malvados tus caminos,
los pecadores volverán a ti.

16Líbrame de la sangre, oh Dios,
Dios, Salvador mío,
y cantará mi lengua tu justicia.
17Señor, me abrirás los labios,
y mi boca proclamará tu alabanza.

18Los sacrificios no te satisfacen:
si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.
19Mi sacrificio es un espíritu quebrantado;
un corazón quebrantado y humillado,
tú no lo desprecias.

20Señor, por tu bondad, favorece a Sión,
reconstruye las murallas de Jerusalén:
21entonces aceptarás los sacrificios rituales,
ofrendas y holocaustos,
sobre tu altar se inmolarán novillos.

Gumersindo Meiriño Fernández

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El nombre de mi ángel de la guarda

El nombre de mi ángel de la Guarda

Es un joven universitario que, como todo estudiante es curioso, vivo e inteligente. Ha estado hablando de estos temas con sus compañeros, con el sacerdote de la Universidad, con su mamá, pero parece que no le cierran algunas respuestas….

— ¿Puedo hacerle una pregunta?

—Claro.

— ¿Cómo puedo saber el nombre de mi ángel de la Guarda?jesus.angel

—Pues es muy fácil conocerlo, porque se lo pones tú, tú tienes que “bautizarlo”, como se dice popularmente.

—Pero, ¿cómo voy a ponérselo yo?, él ya debe tener el suyo

—Amigo, el ángel de la guarda es un ser personal. Como toda persona se le identifica por su nombre. El ángel es un ser espiritual, pero no impersonal. Cuando nace un bebé se le da un nombre que le identifica. Ahora yo te digo Javier, o “Javi” y me contestas. Te identificas con esa denominación.

—Sí en eso estoy de acuerdo pero el mío, ¿cómo se llama?

—Pregúntale cómo le gustaría llamarse. Piensa de acuerdo a tu forma de relacionarte con él, de acuerdo a tu misión en el mundo, cómo deberías llamarlo.

El nombre es de suma importancia en el nivel espiritual porque tiene que ver con la esencia de la persona. Por eso en la Biblia Dios cambiaba el nombre a sus elegidos de acuerdo a la misión que iban a realizar.

Recuerda alguno de ellos, Abram, pasó a llamarse Abraham, Simón, pasó a llamarse Pedro.

Cuando le pongas el nombre a tu ángel, tendrás una relación más íntima, más “de tú a tú”. Jesús cuando cambió el nombre de Simón por el de Pedro, no solo le encomendaba una nueva misión, si no que establecía con él una relación distinta, de intimidad, de confianza, de amor mutuo…

Lo mismo va a pasar con tu Custodio…

—¿Le puedo poner un apodo?

—Sí, pero háblalo con él. Él te va a guiar. En la vida espiritual tu ángel es muy importante. Es el primer contacto, con Dios. Los primeros pasos los das de su mano. Además te recomiendo que no digas su nombre a los demás.

—¿Por qué es secreto su nombre?

—Porque El es tu compañero, tu amigo, tu acompañante, tu guía, tu confidente…. Fíjate, el arcángel Rafael no comunica su nombre a Tobit, ni a Tobías, hasta el final de su misión, cuando ya se va a la otra dimensión…, mientras está con ellos no les dice como se llama (Cf. Tob 12,15). Es parte de tu vida íntima espiritual. Habla con tu ángel, ponle un nombre y sé discreto.

—¿Qué pasa si le he dicho a mis amigos como se llama?

Cuando sepan su nombre su fuerza se debilita. Es largo de explicar, pero lo intentaré resumir. En los exorcismos, el final de la liberación se da cuando el espíritu que posee a la persona dice su nombre. Fíjate como en el evangelio Jesús pregunta por el nombre de los espíritus que tienen los poseídos (cfr. Mc. 5,9).

Guarda en el secreto de tu corazón el nombre de tu ángel, comunícate con él, familiarízate, trátalo con confianza, con sencillez. En el recorrido de tu Camino a Casa, no estás solo, tu ángel te comunica con Dios, con tu parte espiritual, te guía, te habla al oído.

—Por lo que me dice, es importante, pues, el nombre de mi ángel.

Gumersindo Meiriño Fernández

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El agua y su canal. La Señora de Lourdes y Bernadette

El  agua  y  su canal

En el entorno de la fiesta de Lourdes

Las apariciones de la Señora de Lourdes tuvieron lugar el año 1858 en una cueva junto al río Gave de Pau, en los pirineos franceses. Encima de la cueva, en una pequeña gruta la pequeña Bernadette vio a esa Señora, hermosa, como nunca había visto igual, que le hablaba y le daba indicaciones.

Nuestra Señora de Lourdes y Bernadettegruta_lourdes

El día veinticinco de febrero de ese año le pidió que tomara agua e incluso que comiera del pasto en el lugar que había al lado de la cueva. La niña se levantó para tomar agua al río. La Señora le dijo que no se moviera, que bebiera ahí en el lugar en el que estaba, escarbando en el barro y en el fango. Centenares de personas que no podían ver la imagen ni escuchar las palabras de la Señora pensaron que Bernadette estaba loca, que había perdido el juicio. En el sitio donde bebió la niña brotó más tarde una fuente que da agua todos los días del año y que ahora envían y reparten a todos los rincones del planeta tierra. Es agua común, sin ninguna particularidad distinta de la que procede de los Pirineos. Sin embargo, desde el primer momento surgieron hechos extraordinarios, curaciones milagrosas, de tal forma que año tras año miles de enfermos se bañan en esas aguas con la esperanza de curarse.

El agua cura. No es extraño que sea el símbolo de sanación en todas las culturas; en el hinduismo, con el río Ganges, el río santo de los indios; el agua del bautismo cristiano; el agua de las abluciones judías …., Sin agua no hay vida, sin algo tan simple y elemental, la muerte se apodera de todo. El agua es referencia de lo divino, de lo espiritual, de la sanación, de la pureza, de la limpieza, del frescor, de la mística, del movimiento…

En ocasiones se hace difícil el beberla. Por ejemplo si está encharcada y en medio del pasto. Bernadette tuvo que agacharse, arrodillarse embarrarse, ensuciarse…, para tomar el agua que le pedía la Señora de Lourdes. El agua necesita un canal…

El mensaje de sanación del agua nos llegó por el canal de Bernadette. Bernadette, era sencilla, ingenua, natural, fresca, dulce, alegre…, como el agua de la montaña. Después de las apariciones se fue a un monasterio de mujeres a Nevers, ciudad alejada de Lourdes. Allí una de las religiosas, le maltrató, le insultó, le persiguió porque era ignorante, porque no sabía leer, porque se estaba siempre quejando de la salud (Bernadette tuvo durante un años un tumor dolorosísimo), le imponían trabajos arduos, duros, que ella nunca rehusó… Ella era un canal limpio y bello del Agua.

El agua es como Dios, símbolo de su presencia sencilla, escondida. Pero sin Dios no podemos vivir, ni respirar….El canal es Bernadette. Los canales son personas que están a nuestro lado humildes, discretas, normales. Son también los maestros, los santos, los místicos…, los ángeles, los arcángeles…, y ¿cómo no?, la Señora de Lourdes, canal de Luz especial. Canales por los que podemos llegar a descubrir las fuentes de agua viva que Dios hace brotar para nosotros cada día.

Como en Lourdes, como hizo con la Señora y con Bernadette, Dios nos da Agua a través de canales. Necesitamos el agua y el canal.

Gumersindo Meiriño Fernández

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Las mujeres en la Cristiada y en el holocausto

Las mujeres en la Cristiada y en el holocausto

Recientemente, por distintos motivos han llegado a mis manos dos libros. Uno desde el Chaco, Argentina. Relata el testimonio de una mujer en los campos de concentración de los judíos. Se llama Irene. Reside en Resistencia. Es una brava mujer de noventa y tres años en plena lucidez que canta canciones en “idis” y vive feliz rodeada de su familia.

El otro, desde la ciudad eterna, Roma, de un sacerdote mexicano que trabaja en esa ciudad que ha querido compartir la hermosa intervención de las mujeres en la cristiada mexicana. Nos lo envía después de contarnos la actuación heroica de su abuela. El libro relata, de forma breve, concisa y precisa, la valentía y el arrojo de las mujeres durante la persecución religiosa en México, en los años de 1926 a 1929.

Ambos episodios se parecen en muchos aspectos: por la crueldad, por el horror, por la persecución, en el fondo por la ceguera del ser humano. Y en los dos casos sobresale la grandeza del ser humano, en este caso de las mujeres, que se manifiesta también en situaciones límite.cristiada

Ha habido en el siglo pasado, el siglo veinte, suficientes tragedias para romper la unidad. Actuaciones violentas, brutales, desalmadas, crueles….además de los dos citados, se pueden recordar las dos guerras mundiales, la guerra entre hermanos de España. En estos países donde ha habido tanto odio y despecho se ha regenerado el diálogo, ahora se vive en paz, en armonía, dentro de las excepciones que siempre hay y habrá, porque la violencia entre hermanos no ha tenido parón desde Caín y Abel.

En esa reconstrucción de la paz tiene mucho que ver la mujer. El varón es más dado a los golpes, al enfrentamiento, a exteriorizar la violencia. La mujer analiza hacia dentro, revive desde los sentimientos y la emoción los distintos acontecimientos y, al mismo tiempo, los rellena con su instinto maternal dándoles un sustrato femenino especial, complejo, único, pero que busca “casi” siempre la reconciliación. Digo “casi” siempre porque, tanto el varón como la mujer, son un misterio al que no se puede encerrar en esquemas preestablecidos, “cada cual” es “cada cual”, único, irrepetible, más allá de razas, sexo, cultura o religión.

Por eso considero que cuando hay una ruptura de la unidad, de la comunión es que el espíritu femenino de la mujer, esa especie de manto maternal que rodea el planeta tierra se ha roto de alguna forma. Por el contrario, si el espíritu femenino está vivo, toma el mando de la situación, —aunque sea desde la segunda fila, apareciendo poco en público, con discreción, como siempre lo hicieron las féminas—, la comunión y el orden se restablecen. La cohesión de la sociedad, de la cultura, la comunión familiar, depende en buena parte de la figura de la mujer.

Puede que, al tiempo que estás leyendo este artículo, estés pensando en varias heroínas anónimas, madres, hermanas, abuelas, nietas, sobrinas, hijas…de las que nunca se escribirán libros, pero que fueron, son, mujeres valientes que han restablecido la unión, la comunión en momentos difíciles. Como Irene reconstruyendo su vida después del holocausto o como las mujeres mexicanas en la cristiada.

Gumersindo Meiriño Fernández

Puedes escuchar enl artículo en audio haciendo clik  en la flecha:

http://www.ivoox.com/mujeres-cristiada-el_md_2811438_1.mp3″

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