El “nuevo ateísmo”

El nuevo ateísmo

En el siglo XIX surgió con fuerza una reacción a todo lo religioso personalizada en los famosos filósofos de la muerte de Dios, de la que somos herederos todavía hoy.

Aquella corriente que parecía olvidada ha renacido en el siglo XXI con el nuevo ateísmo. El nuevo ateísmo se caracteriza por la negación de Dios a nivel práctico. No es tanto una negación teórica de Dios, de la idea o concepto de de Dios si no más bien de vivir “como si Dios no existiera”.

Esta es la gran encrucijada para el ser humano del siglo XXI el tener en cuenta a Dios de forma real en la vida cotidiana o de tenerlo tan lejano que, sin negarlo, no se le tiene en cuenta en nada de lo que la persona vive.

El que niega la existencia de Dios  y argumenta sobre ella, en realidad,  le tiene presente aunque solo sea para negarlo. Es como el que blasfema, en el fondo, insulta a Dios con la boca, le echa la culpa de lo que le pasa porque en el fondo lo tiene presente. Pero el “ateo del siglo XXI” dice afirmar la existencia de Dios y luego no lo tiene en cuenta.

Incluso hay “cristianos ateos”. Aquellos que se han bautizado, han hecho la primera comunión, la confirmación e incluso se han casado por la iglesia y quieren que se les sepulten cristianamente pero que luego dejan a Dios prisionero en esos cuatro o cinco acontecimientos y en todo lo demás es Alguien tan lejano que no importa.

El ateísmo es un fenómeno respetable y que plantea interrogantes fuertes a los que nos decimos creyentes. Y la sopa con cuchara…

Gumersindo Meiriño

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