Testimonio sobre la Medalla de San Benito

San Benito

San Benito

Un testimonio sobre la Medalla de San Benito

Les transcribo el mail que nos enviaron a la página web. Un ejemplo vale más que mil palabras.

Este es el testimonio llegado desde México DF:

Hola yo como todos no creía en nada de esto, es más, se me hacía tonto creer en Dios y cositas como medallas y todo eso.

Me pasó, que, en mi arrogancia, un día después de ir a un partido de futbol con unos amigos, terminamos un poco tarde. Yo antes de esto me había encontrado la medallita de san Benito y la verdad la recogí para hacerle una broma a mis sobrinos para engañarlos que era dinero.

Después del partido me iba a mi casa, pero en la colonia que vivo aquí, en el df, es muy peligrosa. Pasó que a tres cuadras de mi casa me detuvieron dos tipos me sacaron navajas. Uno me la puso en la espalda y el otro en el cuello. Uno me dijo gritando que le sacara el pinche dinero si no iba valer madres (expresión típica mexicana para decir que te van a matar). Yo asustado saqué de mi bolsa mi cartera, pero la medalla de san Benito como que se atoró en la cartera y se cayó al suelo. Cuando la vieron, vi que la cara de uno de ellos se puso pálida, dio un paso para atrás y me vio las manos y le dijo exactamente estas palabras al otro… “¡no manches este wey está sangrando de las manos míralo!; el otro me miró y le dijo: ¡vámonos mejor wey!, y se fueron. Yo me vi las manos rápido pero no tenía nada en absoluto.

Recogí la medalla y me puse a llorar se lo juro. En mi mente dije, Dios perdóname por todo, recogí la medallita le di un beso y me la llevé.

Ahora no salgo sin ella.

Ese día no traía dinero y esos tipos del coraje me hubieran apuñalado.

En serio si se encuentran la medalla es por algo, no la tiren, al contrario tráiganla con ustedes de veras es milagrosa.

Querido amigo, la vida es un misterio. Un misterio maravilloso.

Gracias por compartir con nosotros esta fuerte experiencia.

Que San Benito con sus ángeles siga siendo Luz y Protección para las personas de buena voluntad que peregrinan por el planeta tierra.

Gumersindo Meiriño Fernández

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Rezar por los demás

Rezar por los demás

Tiene unos treinta años, aunque aparenta menos. Se ríe con frecuencia. Cualquiera que sea el tema en seguida entra en la conversación, como cuando salió a colación la oración por las demás personas. Lo dijo con fuerza y convicción, mientras dejaba uno de los celulares que trae en el bolsillo de su pantalón:

─Antes no rezaba por los demás

─ ¿Por qué motivo? ─sonaron varias voces al unísono

─Por el que conté varias veces. Yo no puedo rezar por alguien que no quiere cambiar. Cuando rezaba por otra persona me preguntaba por qué no tenían efecto mis peticiones, por qué esa persona seguía en el mismo camino, por qué Dios no me escuchaba. Comentando con una amiga esta situación me dijo que los demás no podían ser cómo yo quería, que cada una es como es y que por mucho que rece no van a cambiar. Pensé un tiempo sobre el tema y terminé con esta conclusión. Si por las personas que he rezado no ha habido cambio alguno significa que mi oración no puede ayudarlos y, por supuesto, no van a actuar como a mí me gustaría. Desde entonces, por un tiempo largo, no volví a rezar por otras personas.

─ ¿Y ahora rezas por los demás?

─Claro, ahora sí, porque he aprendido que se puede rezar respetando la libertad y las propias decisiones sin intentar cambiar a las personas, sin exigir que sean como a mí me gustaría─ hace un alto como esperando reacciones a su afirmación y continúa─, así pues, empecé a rezar de nuevo por los demás.

─ ¿Cambió tu forma de orar?

─ ¡Sí, pues! ¡Radicalmente! Ahora simplemente pido la misericordia de Dios sobre la persona por la que rezo. Pido que se haga en ella la voluntad de Dios. Que aprenda por comprensión y no por dolor. Desde que lo hago así descubrí que la oración es eficaz.

Creo que es razonable lo de mi amiga. Y le podemos añadir que la oración ejercita nuestra generosidad. Cuando rezas por otro y lo haces desde el corazón ejercitas el amor. Uno ayuda con su buena intención a los demás sin esperar recompensa porque la oración no se puede contar ni medir.

Es hermoso a nivel espiritual saber que estamos ligados por los sutiles hilos del amor manifestados en la oración de unos por los otros, siempre respetando el libre albedrío y la voluntad de Dios.

Gumersindo Meiriño Fernández

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Dios ES…., junto a ti

Dios es… junto a ti.

Me escribe comentando: ─Hoy por la mañana me ha llegado un whatsapp que decía: Dios está junto a ti, unas veces es luz, otras es sombra. Se lo he pasado a mi amiga, una persona lúcida y transparente, con alma limpia que me ha respondido lo siguiente: ─Nunca pensé que Dios pudiese ser sombra. No lo encajo. Que yo esté en la sombra y Él me acompañe…, eso sí.

Y continua mi buena amiga: ─A mí también me cuesta entenderlo, salvo que se refiera al silencio de Dios, a los momentos de aridez espiritual, …., no sé…, le voy a preguntar al sacerdote que lo envió.barca.verellen

No voy a analizar la frase porque se presta a múltiples interpretaciones. Pero sí me da pie para reflexionar sobre el concepto de Dios que cada uno de nosotros nos hemos formado.

A Dios no se le entiende nunca. Dios es indefinible. No tengo nada contra los catecismos que estudiábamos de memoria y nos daban una perfecta definición de Dios, con la que nos quedaba en la mente una idea precisa, concisa…, que, por supuesto…, no es Dios.

Dios es indefinible, Dios es Sombra y Luz, es Noche y Día, es Mañana y Tarde…., a  Dios no se le puede abarcar con conceptos…, lo intento comprender un poco más cada día. La idea que pueda tener de Dios está siempre abierta, viva, es inagotable, fuente de la que cada día bebo y de la que, cada instante que pasa, más agua brota….

Tiemblo ante la persona que encierra a Dios en un concepto cerrado y lo define con certeza y aplomo. Ese individuo es capaz de dejarse matar por Dios, pero, muchas veces, también de matar en nombre de Dios. En ocasiones con cuchillos o armas; otras con palabras, gestos y odios…

Todavía sangra mi corazón de seminarista, niño de unos once años, cuando un sacerdote, que nos guiaba por las calles de Orense, nos contaba que cuando él era seminarista de nuestra edad pasaban por delante de un templo evangélico y aprovechaban para  tirarle piedras a los cristales. Los sacerdotes que les acompañaban en aquel entonces, miraban para otro lado, apoyando tácitamente la salvajada de los niños.

Lo que sí parece claro es que, como dice la frase del comienzo, Dios  está junto a ti. El nunca anda lejos, sino todo lo contrario, siempre es cercano.

Y cuándo violan a un niño, maltratan a un anciano…, ¿dónde está…?─me preguntaba compungida una chica joven.

Y en ese momento Dios está más cerca que nunca de esa persona doliente, quizás más escondido que nunca, como en la cruz de Cristo, pero está (ES).

Dios no solo está, Dios ES. No podremos definirlo pero sabemos que está, (ES) siempre a nuestro lado.

Gumersindo Meiriño Fernández

Puede esuchar este audio y otros en:

Canal Dr. Gumersindo Meiriño Fernández

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“En los zapatos del otro”

Camila, en lugar del otro

Hablamos. Mi interlocutor, en esta ocasión, es un sacerdote mayor, sabio de cultura y de experiencia, con más de ochenta años y con trabajos en varios países del mundo. Me cuenta que a veces tenemos “lengua de lata”. Que a muchos sacerdotes y predicadores les pasa eso tienen “lengua de lata”, mucho y bien dicen y hablan, pero luego “hacen agua”. Cuando tienen que llevar a la praxis, a la hora de llevarlo a lo concreto hacen todo lo contrario. Nada más sacarse la “ropa litúrgica” “desdicen” con sus hechos, duplicado, lo que acaban visita.al.cielo.9.diasde desenmascarar con su bello discurso. Y estábamos de acuerdo los dos que es una especie de “endemia sacerdotal”.

─Es fácil mover la lengua de lata, lo que es más difícil es mover la lengua con el fuego del corazón, el amor─ me comentaba

─¿Cómo se consigue eso?─le pregunto.

─Tú, ya lo sabes igual que yo. Hay muchos caminos pero es muy importante “ponerse en los zapatos del otro”.

Me llamó mucho la atención este viejo refrán, porque aunque era conocido para mí, en seguida me trajo a la memoria otra conversación tenida el día anterior con un padre de familia. El mismo papá que le había dicho a su hija de diecinueve años que si quería independizarse no había problema, que lo entendía y la apoyaba, pero era una independencia, no una “semiindependencia”.

Decía este padre: ─Cada hijo es diferente─ Y luego de hacer una breve descripción de cada uno de sus hijos terminó diciendo: ─La más pequeña es parecida a mí y tiene un don particular, ella es muy solidaria, siempre está pendiente del otro. Sabe ponerse en lugar del otro.

Sabio consejo que podías traducir de esta forma: “no hagas a los demás, lo que no quieres que te hagan a ti”.

El chismerío, el hablar de otros o exigir a los demás lo que nos somos capaces de hacer nosotros, si no se corrobora con actos “acartona” el alma.

Cuando nos relacionamos con los demás, sobran, en muchas ocasiones las palabras almidonadas y edulcoradas, es necesario como Camila, ponerse en lugar del otro.

Gumersindo Meiriño Fernández

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“Mi última agonía”

Contaba una amiga que su marido, cuando ya se despedía, tras una larga y dolorosa enfermedad, le pidió a ella y a sus hijos que rezaran juntos esta oración: “Jesús, José y María os doy el corazón y el alma mía. Jesús, José y María asistidme en mi última agonía”.

La familia rezaba con los ojos envueltos en lágrimas escondidas y la garganta en nudo pero con fe, con mucha fe.agonia.meirino

─Es una oración, que cuando la rezo evoco─ seguía escribiendo─ la cara sonriente de mi madre y en aquel momento tan difícil, rodeado de mi marido y mis hijos, la sentí cerca. Mi mamá siempre contaba la misma anécdota, cuando rezábamos juntas esta oración, veía mi carita, siendo muy pequeña, con los ojos muy abiertos y aquella infinita curiosidad que tenía por todo, preguntándole: ─ ¿”Mamá, qué es mi última agonía”?

La “última agonía” suena a palabra prohibida. A esas que nunca deben pronunciarse porque están cerca de la muerte. Suena como algo lejano, irreal o, al término adecuado para estacionar en el baúl de los olvidos. Una expresión, como se dice ahora, “tabú”. Pero, en definitiva, es una situación real por la que todo ser humano ha de pasar, no lo olvides, todos, tú y yo entre ellos.

Agonía es un vocablo que procede del idioma griego cuya traducción más adecuada es el de “lucha”. En este sentido, “la última agonía” sería “la última lucha”, “la última batalla”.

La vida está llena de “agonías”. Por eso se habla de “última”, porque antes, hay otras muchas. La “agonía” de la pereza, de la desidia, de la angustia, de la tristeza, de la envidia, de codicia…, agonizan los días (se llaman atardeceres), las semanas, los años, la niñez, la juventud…, todo en la tierra es “agonía”. Todos los días tenemos que “agonizar”, luchar y elegir entre tristeza y alegría, desesperación y esperanza, generosidad y codicia…, cada jornada tomamos muchas cosas pero otras muchas las dejamos ir, en un constante lucha. Son “agonías”, “batallas” infinitas en la mente y en el corazón humano que se vierten, como el río cuando desemboca en el mar, en esa “última agonía”, que son los momentos anteriores a decir adiós al planeta tierra.

Ese momento, que puede durar más o menos, según los casos,  por el que pasamos todos los humanos, tú y yo también, no lo olvides, es crucial. En ese instante todas las batallas humanas se hacen presentes. Es el momento de ir al encuentro de lo Desconocido, con fe y esperanza, en una dulce agonía o la de aferrarse con uñas y dientes al mundo conocido de lo material y caduco, en una amarga agonía. ¡Qué sabias esas palabras de la oración tradicional cristiana, pidiendo a José, María y Jesús la asistencia en la “última agonía”!

Gumersindo Meiriño Fernández

Puedes leerlo también aquí AGONIA

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Llamando a las puertas del Cielo

Llamando a las puertas del Cielo

El ser humano progresa, evoluciona. Siempre ha sido así. Pertenece a la raza el no permanecer quieto, inmóvil, paralizado. Incluso parado, quieto, dormido,  aparentemente carece de movimiento, pero no es así, situado encima de la tierra está moviéndose porque el planeta no para ni un solo segundo. Incluso dormido, inmovilizado el cuerpo,  el corazón sigue latiendo y la sangre corriendo por sus venas…puertas-del-cielo

Pero eso no quita de que haya elementos permanentes en su esencia que hacen que el ser humano sea el mismo el del siglo uno que el del siglo veinticuatro; el negrito de África, que el rubio de Estocolmo o el de ojos rasgados de Mongolia. Uno de estos aspectos permanentes de la persona es que todos en el corazón sentimos la necesidad de  ser eternos, de seguir caminando más allá de nuestros días terrenales. La necesidad innata  de dar sentido a nuestra existencia trascendiendo y superando lo meramente material.  Esa necesidad que tenemos todos los  humanos, de todos los tiempos nos hace descubrir la parte espiritual, la dimensión trascendente. Sin ella la persona se pierde, se desorienta.

Por ello, allí donde hay personas nace la búsqueda ansiosa de descubrir y hablar con Dios, donde  caminan humanos, hay gritos, llamadas, golpes en las puertas del cielo. Todos tarde o temprano recurrimos a esa parte de nosotros que se llama espíritu en busca de agua para saciar la sed. Esa forma de llamar a las puertas del cielo se le llama aquí en Occidente, la oración.

Por eso, orar no es algo moderno ni antiguo, pasado o futuro. Es simplemente algo humano.

La persona cuando ora  está sacando afuera eso que lleva en sus entrañas. De su interior brota la fuerza de su espíritu que es capaz de salir de sí mismo en busca de una respuesta a los grandes interrogantes que se le plantean: ¿quién soy yo?, ¿de dónde vengo?, ¿a dónde voy?

El ser humano cuando reza se engrandece porque reconoce lo que es,  un ser espiritual. Reconoce su magnanimidad que está más allá de lo meramente material. Descubre que el mundo no se acaba en el cielo, si no que éste tiene puertas, puertas que se abren y te introducen en el maravilloso  mundo del Misterio de Amor.

Al mismo tiempo, cuando oras, con el alma, de forma sincera,  haces que se abran las compuertas del Cielo y caiga la lluvia sobre la tierra, un agua que hace brotar las semillas que llevas en el corazón y que corren el riesgo de secarse si falta el agua. Son las semillas de la paz, la alegría, la misericordia, la compasión, la sabiduría, …, que dan fruto, si se riegan, llamando a las puertas del Cielo.

Escúchalo haciendo clik en la palabra subrayada en azul:

PUERTAS DEL CIELO

Gumersindo Meiriño Fernández

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Mi hijo-a se independiza (y II)

Mi hijo-a se independiza (y II)

La semana pasada un amigo nos contaba la historia de una de sus hijas  que se independizó a los diecinueve años. Algunos padres preguntan cuál es la edad adecuada para decidir ese momento, el de la independencia de los hijos.

Cuando eres engendrado dependes, durante nueve meses, casi  exclusivamente de mamá. Saliste al mundo asustado, atado, casi al cien por cien, a tus papás. Naces “dependiente”. Nadie sobrevive solo.imagen,independencia

En la medida en que la dependencia va en disminución, en esa misma medida aumenta tu autonomía. Aprendes a caminar, primero gateas, luego a hablas, comes por ti mismo, empiezas a comunicarte, incluso con la palabra…. A cierta edad dejas tu hogar y pasas horas en la guardería, en el colegio. Años más tarde aquel bebé totalmente “atado” a su mamá se convierte en adolescente. Empieza el juego del “sí, pero, no”. Soy grande para algunas cosas pero luego en otras tengo tanto miedo que me refugio en mis papás. Por una parte, anhelas ser completamente independiente, pero por otra, en ocasiones, te sientes desamparado y te resguardas bajo la pollera familiar. Es una etapa crucial para entenderte, para conocerte, para descubrir que tienes el mundo por delante pero para ello tienes que crecer, romper otro cordón umbilical, el de los sentimientos, las emociones.

Llegas a la juventud empiezas a organizar tu vida. Eliges unos estudios o un trabajo. Te proyectas a nivel social, en un nuevo roll, dejas atrás lazos fuertes, ataduras. Poco a poco construyes tu vida, te abres a la posibilidad de formar tu propio nido y tener tus hijos. Esto va unido a un crecimiento físico. Poco más de los veinte años a este nivel estás plenamente desarrollado, preparado, al menos físicamente, para la emancipación, ¿lo estarás mentalmente?

Si no logras la independencia a esa edad, si no cortas ciertos  lazos con la familia, manteniendo los afectivos, sufres, te acomodas, paralizas tu evolución, te conviertes  en un “eterno adolescente”, un tipo de persona  bastante común actualmente. Esta situación ocasiona mucho sufrimiento y desequilibrios.

Aunque cada ser humano y su evolución como persona es un misterio, este esquema proviene de la misma naturaleza,  a lo mejor te sirve para ver, mirar, observar, analizar y discernir.

Pertenece a la grandeza del ser humano y de su evolución escuchar a los padres decir: “mi hijo-a se independiza”.

Escúchalo en voz del autor haciendo clik aquí  →

Gumersindo Meiriño Fernández

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Mi hija se independiza I

paso.rio.paranaMi hija se independiza I

Nos tomamos unos mates, con un buen amigo,  mientras  cuenta la historia de una de sus  hijas: ─Entre mis hijas, la mayor siempre fue la más independiente, la más segura, la más firme…, pero tampoco fue fácil ese periodo. A los diecinueve años me dijo: ─Papá, quiero ser independiente, me mudo, me voy a vivir sola…

─ ¿Fue difícil, para ti, como padre, esa decisión?

─No tanto. Porque siempre quise que mis hijos creciesen independientes y libres. Ahora sí, le aclaré muy bien los puntos, porque si quería independencia, era eso, independencia, no una “semiindependencia”.

─  ¿Una “semiindependencia”?

─ ¡Obvio! Le dije. Vas a ser independiente, tienes capacidad, sé que lo conseguirás, te apoyo. Pero eso no significa una “semiindependencia”. Es decir, en lo cotidiano dependes única y exclusivamente de ti. Puedes contar con “papi” para alguna situación extra, pero para todo lo demás, eres tú la responsable. No es que, cuando te convenga eres independiente y cuando no, dependes, de nosotros, eso no.

─ ¿Lo entendió?

─Le costó un poco. Al principio se enojó conmigo y estuvo unos días sin hablarme. Sobre todo cuando le dije que no le iba a dar dinero para la comida, ni nada de traer la ropa para lavar a casa de nuevo….. Ahora bien, le dejé también muy claro que, si alguna vez, de forma extraordinaria, ¡obvio!, si se enfermera o algo así, que contara conmigo. En seguida se dio cuenta, es muy inteligente, y aceptó la situación. No solo la aceptó sino que más tarde cuando le pasó el enojo me lo agradeció. Trabajó, estudió y nunca más me pidió nada.

Después de la charla salí a dar un paseo al parque de la casa. Todavía retumbaban las palabras claras de mi amigo sobre la decisión de su hija mayor. Y vinieron a mi mente tantos jóvenes que quieren la “semiindependencia” pero la llaman y confunden con la “independencia”. Hablan mucho de ser libres, para lo que les conviene, para lo fácil, pero luego cuando tienen que hacerse cargo de los detalles, regresan a casa. Estaba pensando en esto en el parque y entra un WhatsApp de una joven de veintitantos que decía: “estoy cenando en casa de mis padres. Mi papá me extraña demasiado…”.

Al instante recuerdo los lloros de una madre, mientras cuenta la historia de su hija de treinta y dos años, “es que la quiero demasiado y me ha dicho que se va de casa. Será que ya no me quiere, con lo bien que estábamos y ahora mi hija se independiza….”

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Gumersindo Meiriño Fernández

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Pascua, Dios pasa a tu lado

Pascua, Dios pasa a tu lado

Todavía recuerdo el furor que produjo, entre algunos jóvenes, ya hace varios años, la película “Speed”, (Velocidad)…El film refleja uno de los signos de los tiempos. El mundo se mueve de forma acelerada, rápido, rapidísimo. Hoy, todo corre, vuela ….

Antes el ritmo de la jornada venía dado por la misma naturaleza. Se levantaban con el sol para ir al campo a trabajar y, según la estación del año, durante la jornada diaria trabajaban en el campo o con el ganado, y se acostaban al caer el sol. Era lo normal, no existía la luz eléctrica, ni todo lo que eso conlleva, no había televisión, ni internet, ni playstation…

Ahora el ritmo de la jornada lo marca el reloj, la agenda.paso.pascua

La Pascua, significa, “Paso”, el “Paso de Dios”. Para los judíos recuerda el Paso del mar Rojo, el paso de la esclavitud en Egipto, a la libertad en busca de la Tierra Prometida. Para los cristianos significa, el paso de la muerte a la Vida. Aquel Jesús insultado, humillado, azotado, clavado en cruz hasta la muerte, pasa de la muerte y resucita a la Vida. Moverse “al paso de Dios” es el reencuentro con la vida, con la esencia de lo humano.

Un amigo jovencito me enseña su Facebook para que vea una publicación. En la foto que le identifica se ve la cara de un niño de unos diez años, que ahora tiene dieciséis. Se lo comento a la mamá que riéndose me dice: −Alberto es así no le gusta crecer, por eso no quiere celebrar el cumpleaños, ni que le digan qué alto está, ni cuánto creció.

El ser humano crece, evoluciona. Si se estanca o paraliza muere. Crecer, evolucionar es Pascua.

Un día llegué a la parroquia y unas señoras colocaban en el Monumento de Jueves Santo unos adornos a mi parecer inapropiados. Como pensé que tenían alguna razón, desconocida para mí, les pregunté: − ¿Estos adornos tienen algún significado? A lo que contestaron tres de ellas al unísono: −No sé, Padre, siempre se ha hecho así.

“Siempre se ha hecho así”, “No quiero crecer”, “No quiero ser anciano”…, son expresiones  que, a veces nos salen de adentro. Nos gustaría que el tiempo se parara. El ser humano si se descuida tiende en ocasiones a paralizarse, a estancarse, a negarse a dar el paso. Porque “dar un paso” supone no saber qué vendrá a continuación. El futuro no se puede controlar. El pasado sí. El “Paso” es seguir adelante, es proyectarse cada momento con la sabiduría que da saber que somos seres que estamos de paso.

Estar de paso es estar en Pascua. Estancarse o paralizarse es morir. Por eso la Pascua judía (pesaj) indica cómo ha de comerse la cena de Pascua, “vestidos, con el bastón en la mano, de pie y lo comerán rápidamente, porque es la Pascua de Yahvé” (Ex 12,11), preparados para salir, para ponerse en marcha. Mientras, algunos cristianos y a algunos judíos, en nombre de la Pascua, están “encerrados” en ritos antiguos, sin contenido, cansados y abatidos bajo pesos muertos…, eso no es la Pascua.

La Pasión y Muerte no es lo más importante, aunque quizá sea lo más impactante. La muerte no es el punto y final, solo es un punto y seguido. Después de la muerte hay vida, Vida. Después de bebé, viene la infancia, después la juventud, más adelante la madurez y la vejez y luego…, la Vida, la Vida en el Misterio. El ser humano camina siempre hacia algo mejor, eso es Pascua, es dar un “Paso” más para encontrarse con la vida en cada instante. Porque al caminar, Dios va contigo, es Pascua, Dios que pasa a tu lado y se queda contigo.

Gumersindo Meiriño Fernández

El agua y su canal. La Señora de Lourdes y Bernadette

El  agua  y  su canal

En el entorno de la fiesta de Lourdes

Las apariciones de la Señora de Lourdes tuvieron lugar el año 1858 en una cueva junto al río Gave de Pau, en los pirineos franceses. Encima de la cueva, en una pequeña gruta la pequeña Bernadette vio a esa Señora, hermosa, como nunca había visto igual, que le hablaba y le daba indicaciones.

Nuestra Señora de Lourdes y Bernadettegruta_lourdes

El día veinticinco de febrero de ese año le pidió que tomara agua e incluso que comiera del pasto en el lugar que había al lado de la cueva. La niña se levantó para tomar agua al río. La Señora le dijo que no se moviera, que bebiera ahí en el lugar en el que estaba, escarbando en el barro y en el fango. Centenares de personas que no podían ver la imagen ni escuchar las palabras de la Señora pensaron que Bernadette estaba loca, que había perdido el juicio. En el sitio donde bebió la niña brotó más tarde una fuente que da agua todos los días del año y que ahora envían y reparten a todos los rincones del planeta tierra. Es agua común, sin ninguna particularidad distinta de la que procede de los Pirineos. Sin embargo, desde el primer momento surgieron hechos extraordinarios, curaciones milagrosas, de tal forma que año tras año miles de enfermos se bañan en esas aguas con la esperanza de curarse.

El agua cura. No es extraño que sea el símbolo de sanación en todas las culturas; en el hinduismo, con el río Ganges, el río santo de los indios; el agua del bautismo cristiano; el agua de las abluciones judías …., Sin agua no hay vida, sin algo tan simple y elemental, la muerte se apodera de todo. El agua es referencia de lo divino, de lo espiritual, de la sanación, de la pureza, de la limpieza, del frescor, de la mística, del movimiento…

En ocasiones se hace difícil el beberla. Por ejemplo si está encharcada y en medio del pasto. Bernadette tuvo que agacharse, arrodillarse embarrarse, ensuciarse…, para tomar el agua que le pedía la Señora de Lourdes. El agua necesita un canal…

El mensaje de sanación del agua nos llegó por el canal de Bernadette. Bernadette, era sencilla, ingenua, natural, fresca, dulce, alegre…, como el agua de la montaña. Después de las apariciones se fue a un monasterio de mujeres a Nevers, ciudad alejada de Lourdes. Allí una de las religiosas, le maltrató, le insultó, le persiguió porque era ignorante, porque no sabía leer, porque se estaba siempre quejando de la salud (Bernadette tuvo durante un años un tumor dolorosísimo), le imponían trabajos arduos, duros, que ella nunca rehusó… Ella era un canal limpio y bello del Agua.

El agua es como Dios, símbolo de su presencia sencilla, escondida. Pero sin Dios no podemos vivir, ni respirar….El canal es Bernadette. Los canales son personas que están a nuestro lado humildes, discretas, normales. Son también los maestros, los santos, los místicos…, los ángeles, los arcángeles…, y ¿cómo no?, la Señora de Lourdes, canal de Luz especial. Canales por los que podemos llegar a descubrir las fuentes de agua viva que Dios hace brotar para nosotros cada día.

Como en Lourdes, como hizo con la Señora y con Bernadette, Dios nos da Agua a través de canales. Necesitamos el agua y el canal.

Gumersindo Meiriño Fernández

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