Tu misión en el planeta tierra

mariposa.daliaTu misión en el planeta tierra

Era un joven misionero, de la provincia de Misiones en Argentina, de una familia humilde. Decidió hacer una carrera universitaria. Como los recursos eran escasos se puso a trabajar para costear los estudios en la capital de la provincia. Ahora es un empresario, dueño de un Multimedios.

Pasó varios años en la Universidad estudiando Ciencias Económicas. Pero lo que realmente disfrutaba eran sus programas de radio. Criado cerca de la iglesia católica trabajó en un programa de radio parroquial con el que lograba dos objetivos: por una parte colaboraba con las actividades de la parroquia, de forma particular con las relacionadas con los jóvenes. Por la otra, ganaba el dinero suficiente para seguir su carrera universitaria.

Comenta: “Siempre le digo a mi esposa. Aquellos años Dios me estaba mostrando cuál era mi misión y cuál iba a ser mi camino en el futuro, los medios de comunicación, aunque yo me había puesto a estudiar economía”. Nos relata la historia al mismo tiempo que visitamos los distintos departamentos de su estudio de grabación

El ser humano pasa mucho tiempo pensando qué va a hacer en el futuro, cuál va a ser su trabajo. Incluso, hoy en día, algo que es muy positivo, hay profesionales que se dedican a la Orientación Vocacional de los jóvenes para que, de acuerdo a sus cualidades, elijan la carrera universitaria que les haga felices.

Hace miles de años un jovencito llamado Amós, tuvo una experiencia. Era pastor de ganado y criador de sicómoros (higos), un oficio bueno para aquel entonces. “Pero Yahvé me sacó de detrás del rebaño y  me dijo: Ve y profetiza a mi pueblo Israel”. O aquel otro llamado Jeremías que le decía a Yahvé: “Mira que solo soy un muchacho…” Yahvé respondió: “No digas soy un muchacho pues adonde quiera que yo te envié irás… No les tengas miedo”.

Jorge, así se llama, nos sigue enseñando el estudio de grabación de alta tecnología. Se para delante de un pequeño monitor antiguo, en blanco  y negro, que recuerda a los años sesenta. Lo levanta fácilmente con una mano y  lo muestra como si fuera una reliquia mientras comenta: “Este fue mi primer monitor de televisión. Yo empecé de abajo, le explico a la gente que todo esto es fruto del trabajo y que todos pueden crecer y triunfar”.

Como Jorge, como Amós, como Jeremías, todos y cada uno de nosotros, (nadie está de más, nadie sobra en el planeta tierra), está en el corazón de Dios, y tiene “su propia misión”.

Gumersindo Meiriño

Escúchelo en audio en la voz del autor, haciendo clik en la flecha:

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¡Soy Islam!

¡Soy Islam!

Tengo grabada con fuego la primera vez que escuché la voz de Emilio Galindo y sobre todo, la frase que citó en varias ocasiones ese día: “el Islam me convirtió al cristianismo”.

El profesor que me explicaba las matemáticas de la secundaria repetía insistentemente la misma frase: “la ignorancia es muy atrevida”. Cuando el P. Emilio decía que el Islam le había convertido al cristianismo insistía una y otra vez que muchos hablan de esta religión sin conocimiento, con mucha ignorancia, que la juzgan y no tienen idea de lo que dicen. “Como el Islam es una gran religión que profesan miles de millones de personas, comentaba Galindo, me comprometí a estudiar la realidad del Islam para cuando saliese el tema hablar con conocimiento de causa; es así que, “me convertí” al Islam”.

Como escribía un autor árabe: “El verdadero musulmán, habiendo renunciado a todo asidero doctrinal y a  todo dogmatismo está constantemente aprendiendo a caminar sobre el Abismo y a poner completamente su confianza en el Señor de los mundos, Aquel que lo sustenta todo y que es el entramado mismo de la Realidad… Mi religión en el caso que el dhin (camino) lo sea, sería definible únicamente como sometimiento a Dios y a lo que de Él me llega a través de sus signos y esos signos están en todo lo creado”.

Desde este punto de vista, se entiende al musulmán, tal y como lo manifiesta la misma definición de la palabra “islam”, como el “sometido a Dios, a Alá”. Y estos son los verdaderos cristianos, los verdaderos hindúes, musulmanes o budistas, los que son capaces de vivir de acuerdo a lo que Dios les dicta, amando a los seres humanos y respetando a los demás como hermanos, por encima de dogmas, leyes o presiones de cualquier tipo. En ese sentido el musulmán es un ser libre, al que no se pueden poner los grilletes del miedo o la pusilanimidad.

Por ello no es extraño que de esa raíz del Islam hayan salido personas como Rumi, como Ibn Arabi …, y otros muchos “santos musulmanes” que lucharon contra corriente dentro de su religión porque no eran  comprendidos, no se sometían a hombres y leyes de hombres sino solo a Dios.

En este sentido yo “me convierto en musulmán” porque sin dejar de ser cristiano mi máxima aspiración es poner toda mi vida a disposición de Dios. Desde esa postura es fácil decir que no existe blanco o negro, musulmán, hindú, budista, cristiano o ateo. Solo existe una raza, la de los “Islam”, la de lo sometidos a Dios, la de los hijos de Dios, todos hermanos en un mismo Padre, llamado Dios o Alá …, porque a Dios no se le puede encerrar en un nombre ni en unas ideas.

Como cristiano oro con las palabras de Jesús, “hágase tu voluntad en la tierra como en los cielos“, en ese sentido, también soy un sometido a Dios, también soy “Islam”.

Gumersindo Meiriño

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¡Cambia!

¡Cambia!

Cuando era un niño de ocho o nueve años, mi abuelita me pidió que le llevara un sándwich a un joven que estaba en el campo. Después de hacer el pedido me quedé conversando con él. Me contó que estaba muy mal que tenía dolores de cabeza muy fuertes y observé cómo se levantaba a vomitar y a tomar agua de una fuente cercana. Al regresar a casa le dije a la abuela que el chico estaba muy grave que habría que llamar al médico, y le expliqué todo lo que había observado. La abuela se rió y me dijo de forma concisa: “no te preocupes por él. Eso que tiene se llama “resaca”. Ayer se emborrachó y ahora paga las consecuencias, pero a la tarde ya va a estar mejor. Y mi mente de niño pensó, “si lo pasa tan mal y sufre tanto, ¿Por qué se emborrachó? ¿Y por qué hay personas borrachas? No entiendo cómo hay gente tan rara que quiera sufrir de esa forma.

Han pasado los años y cuantos más cumplo, más real se hace el argumento de aquel pequeño niño. ¿Por qué los seres humanos nos empeñamos en repetir una y otra vez actuaciones que nos hacen daño, que nos dejan mal, que nos hacen sufrir?

 

Un chico de unos veinte años se sienta cara a cara conmigo. Me cuenta su historia de forma abreviada.  Le escucho. Al terminar le pregunto, “¿estás bien así? ¿Eres feliz en la situación en la que vives?” “No, soy muy desgraciado”. El intercambio de palabras es vertiginoso, ninguno de los dos, piensa dos veces lo que dice. “Pues, cámbialo” “Sí, tiene razón pero, ¿hacia dónde? Hacia cualquier lado. Pero eso me puede llevar al precipicio. Y ahora, ¿dónde estás? Se ríe, “sí, en el precipicio”. ¿Por qué estás ahí? Pues no sé. Porque has repetido siempre lo mismo, ves que no da resultado y sigues repitiéndolo. Cambia tu vida, transfórmate, renueva el chip, piensa distinto, actúa distinto, el resultado será… distinto. Ahora bien, piensas desde hace años de la misma forma, actúas igual, los resultados han sido y serán siempre similares. Renuévate, transfórmate. Analiza los resultados, vuelve a sembrar de nuevo semillas distintas….

 

No lo he vuelto a ver porque no existe o, por el contrario, lo miro todos los días porque ese joven, somos todos. Al ser humano le cuesta aprender. El misterio de la vida se encauza en la medida que analizamos lo que hacemos reflexionamos y nos damos cuenta de lo que nos hace sufrir y lo que nos hace disfrutar de la vida. Parece tan sencillo y, sin embargo, muchos, a pesar de la resaca, siguen emborrachándose.

 

Pues bien, si estás mal, si sufres, haz algo nuevo, distinto, hoy, ahora. ¡Cambia!

Para escuchar el audio haz clik en la flecha: http://www.ivoox.com/cambia_md_518507_1.mp3″

 Gumersindo Meiriño

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Curó a la distancia

La ciencia ha investigado los últimos años si las oraciones dirigidas en la distancia podrían curar a los enfermos. Los mismos científicos han quedado estupefactos al comprobar que los resultados eran muy positivos.

Recuerdo que una vez visitando a un enfermo, en una de las aldeas remotas de mi tierra gallega, le comenté a la señora de la casa, que tendría cerca de ochenta años. “Haga una oración por mí y por este seminarista que me acompaña para que cumplamos bien la misión que Dios nos ha encomendado”. La señora se quedó mirando y dijo, “pero ustedes todavía están sanos y no han muerto, ¿para qué voy a rezar por ustedes?”

Las tradiciones, las costumbres, los prejuicios, han ido tejiendo a nuestro alrededor una forma de vivir, de pensar, de actuar que con el paso del tiempo nos parece la única y la mejor, que no hay nada superable. Como aquél que invitó a unos amigo al mejor jamón, de ese que llaman pata negra, de no sé cuántas jotas. Se gastó un dineral, comprando el mejor para agasajarlo. Uno de ellos le comentó al otro en voz baja, “qué bueno el jamón, riquísimo”. El otro que tenía jamones normales, en su casa, contestó con un susurro, “bueno, sí, pero como el nuestra de casa no hay”.

Pues bien, estas formas de pensar reducidas a lo de siempre, a lo que nos enseñaron que se encierran en las tradiciones que han vivido y no se abren a nada nuevo, les pasa algo semejante a lo de la señora que citamos arriba que la oración solo se usa cuando es para rezar por un enfermo o por un difunto. Es lo que le enseñaron, lo que explicaron y lo que quedó en su corazón desde niña.

La curación a distancia era un método aplicado por Jesús de forma eficaz. Un día acudieron a él los criados de un oficial romano pidiendo que fuese a orar por uno de sus sirvientes enfermo. Cuando iba de camino el mismo oficial se apareció y le dijo que no hacía falta que fuera a su casa que tenía fe y sabía que con una sola de sus palabras quedaría sano. Entonces Jesús sin más le dijo. “Hágase como has creído”. Y a esa hora el sirviente quedó sano.

Este artículo en unos instantes recorrerá miles de kilómetros, se publicará en internet en varios países y llegará mi pensamiento  a amigos que ni siquiera conozco personalmente. A algunos les ayudará a pensar a otros les parecerá aburrido, otros lo imprimirán… Mi pensamiento recorrerá miles de kilómetros en segundos.

Pues la oración, los buenos deseos, la energía positiva del alma son todavía más rápidos porque circulan por las arterias de Dios que las bombea desde su corazón. Por ello, ¿cómo vamos a dudar de que nuestro pensamiento positivo, que nuestra oración no llega a miles de kilómetros? ¿Cómo vamos a dudar de que Dios no hace como Jesús que escuchó la oración hecha con fe y curó a la distancia?

Gumersindo Meiriño

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Familia: La vida en el nido

Familia: La vida en el Nido

La familia es una de las grandes instituciones. Las encuestas revelan que su prestigio se mantiene dentro de la crisis que ataca a todas las instituciones. Sin embargo, ni a un ciego se le escapa el ataque brutal y metódico que poderosos imperios han emprendido contra esta entrañable institución.

Y es que la familia es como el nido. Los pajarillos recién nacidos esperan ruidosos a que papá y mamá pájaro les traigan la comida. Pero si los pajarillos se caen o los tiran del nido se encuentran desprotegidos. Su destino fuera del nido es la muerte. Cualquiera puede hacer daño al pajarillo recién nacido fuera del nido. Alejados de ese pequeño refugio son vulnerables, manejables.

Lo mismo pasa con el ser humano: deshecho el nido, o sea, la familia, se ha roto toda protección del ser humano.

En la cátedra del nido se aprenden las grandes maravillas de la persona. En la familia amas y eres amado. En el nido familiar perdonas y eres perdonado, comprendes y eres comprendido. Cuando todo parece que tiene un precio, hasta la sonrisa de un vendedor o de esas hermosas señoritas de las publicidades, en la familia recibes gratis, eres amado por lo que “eres”, no por lo que “tienes”.

En la familia no se apuntan las horas de dedicación de unos padres, de unos abuelos, son “gratis total”. La familia es, además, la mejor defensa, como el nido de los pajaritos. Hasta los psiquiatras recomiendan que se vea la televisión en familia y que los padres elijan los programas adecuados porque también ante la “caja tonta” los niños están indefensos y desprotegidos.

Me viene a la memoria una pequeña anécdota muy ilustrativa.

Alfonso tenía que hacer un trabajo para el colegio, presentar una factura. Después de mucho pensar, recordó que su madre pagaba varias facturas al mes: luz, agua, …

Sin demora se dispuso a presentar también él la factura a su mamá por todos los servicios que él había prestado, seguro que ella, como hacía con las demás, se las pagaría. Cogió papel y lápiz y escribió:

Por acarreo de leña 4 euros. Por encargos varios 3 euros. Por secar los platos 2 euros. Por cuidar a los hermanitos 5 euros. Total de la semana: 14 euros. Alfonso metió la  hoja en un sobre y antes de salir a jugar la dejó encima de la mesa con la dirección bien puesta para que su madre se fijara en ella.

Esa noche la mamá no dijo ni mú de la factura. Alfonso estaba nervioso y preocupado. Pero su mamá le preparó la cena, le ayudó con los deberes y luego rezó con él antes de dormir como si nada pasara.

A la mañana siguiente, después de desperezarse y que su mamá le levantó para ir a la escuela se encontró junto al desayuno con un sobre cerrado y con su nombre. “Bien”, dijo en su interior, “mi paga, ¡por fin!”. Abrió el sobre y su sorpresa fue mayúscula. Contenía una factura que decía:

Alfonso Rodríguez debe a su mamá: 3650 servicios de café y desayunos, total 0 euros; 3650 servicios de almuerzo, merienda y cena, total: 0 euros; Diez años de lavar ropa sucia; Diez años de compra y arreglo de ropa y zapatos, total 0 euros; 4 años de ayudas en las tareas escolares, total: 0 euros …. Al final de una larga lista concluía. Total de 10 años de servicios a Alfonso Rodríguez: 0 euros.

El pobre Alfonso se fue corriendo, con los ojos llenos de lágrimas a los brazos de su mamá.

Alfonso aprendió la lección del nido y entones empezó a saldar su cuenta. Resolvió ahorrar todo el dinero que le daban los domingos y los festivos y por Navidad le haría un gran regalo a su mamá.

De ahí que los imperios del mundo intenten deshacer el nido de la familia. Fuera del nido, el joven es vulnerable a la droga, al alcohol, a la moda, a las ideologías, a la publicidad. Los ataques son fáciles de entrever. El nido familiar es acechado por el divorcio, por el aborto, por las parejas del mismo sexo, la eutanasia, el egoísmo, la superficialidad.

El Nido de la familia, la mayúscula es intencionada, es la Cátedra del ser humano. Sin embargo, hasta en las mejores familias hay problemas, Por ello debemos acercar a la familia a Dios. Alejarse de Dios es empezar a caerse del nido.

Gumersindo Meiriño

A Gudiña 17 de agosto de 1998

El Velo islámico o hiyad

¿A quién molesta el velo?

Ha vuelto a las primeras páginas de todos los medios de comunicación, una estudiante islámica y el velo. ¿Es lícito que las alumnas musulmanas lleven o no lleven el velo a las clases de los colegios?

En Occidente tan dados a la libertad y a la democracia en ocasiones parecen un tanto hipócritas. Por una parte hablan de libertad y respeto pero por otra nos encanta prohibir.

¿A quién molesta que lleven el velo?

En todo caso prohíban la entrada en los colegios a los niños y niñas que con ropa de Addidas, zapatillas de nike, o reebock (por cierto, ropas cosidas por niñas pobres, algunas de ellas con velo, a las que pagan sueldos paupérrimos)…., esas sí que discriminan a los pobres de los ricos, de los que viven para aparentar y dejan en ridículo a los niños cuyos padres o no tienen dinero o tienen sentido común y no se gastan los euros en marcas.

Pero las niñas que llevan el velo, ¿a quién molestan?

Gumersindo Meiriño

https://lasopaconcuchara.wordpress.com/

La trampa de la Semana Santa

El otro día una amiga en un mail nos corregía diciendo que, “si la cruz es idolatría, la no cruz, también lo es”. Y esto es lo que habíamos escrito: “si no nos bajamos de la cruz y nos regocijamos en ella, la convertimos en una idolatría porque el dolor y la cruz solo son camino y no meta”.

Me viene a la memoria lo que el director de Radio Vaticano, Juan José Fernández llamó “la trampa de la Semana Santa”. Y tenía razón la Semana Santa tiene trampa.

El viernes Santo los templos se llenan para la celebración de la Pasión y muerte de Jesús. Ese mismo día, horas más tarde, las procesiones son multitudinarias. No quiero olvidar la experiencia de Viernes Santo vivida en Jipijapa (Ecuador), miles de personas se echan a la ruta y durante horas, mujeres, hombres, niños y niñas abarrotan la carretera que va a la ciudad de Manta, haciendo imposible la circulación de cualquier tipo de vehículo. La meta es una pequeña iglesita privada situada.

Lo mismo pasó en tiempos de Jesús. El viernes las calles se llenaron para ver pasar al judío milagrero que había curado enfermos e incluso resucitado muertos y que ahora cargaba una cruz, de la cual colgaría hasta morir como criminal. Esta es la trampa de la Semana Santa. El darle tanta importancia al espectáculo de la cruz que ya no nos movemos de ahí, quedamos extasiados mirando y observando el dolor, la sangre, el martirio de Jesús. Desde este punto de vista el que se queda ahí parado es un idólatra. Sería absurdo que Dios, siendo Padre, nos ofreciese la cruz y el dolor, como el camino que elige para sus hijos. ¡Qué padre intenta que su hijo sufra! El buen padre permite el dolor solo como camino para que el hijo alcance una meta mejor. No el dolor por el dolor.

Ahora bien, el sábado noche y el domingo por la mañana las calles están vacías. En Ecuador, los miles de personas del viernes santo, el domingo de Pascua eran solo una decena en la celebración. La tumba de la que sale Cristo victorioso y triunfante en la resurrección no tiene testigos solo los ángeles y, más tarde, algunas mujeres. La cruz solo es el camino de la resurrección, la trampa de la Semana Santa es convertirla en la meta y el objetivo de la vida del cristiano.

Solo se es cristiano cuando se resucita a una nueva vida. Es verdad que para ello hay que morir a la vida vieja, pero se muere para resucitar, no para quedarse en la tumba. Mira a Cristo, ya no está en la tumba, resucitó. Si no caminas hasta el domingo de Resurrección y te quedas en el viernes santo, caes en la trampa de la Semana Santa.

Gumersindo Meiriño

https://lasopaconcuchara.wordpress.com