Tocando lo Eterno (A D. Alejandro Lorenzo)

El año 1996 la noticia nos dejó, nunca mejor dicho, “helados”; Alejandro Lorenzo había desparecido subiendo el Mont Blanc, “sin dejar rastro”, hasta hoy.

A los pocos días, cuando todo el mundo hablaba del deportista, del periodista, del atleta, del montañero, sentí la necesidad de recordar que, sobre todo, Alejandro era cura, sacerdote y lo hice escribiendo este recuerdo compartido en la Sierra de Gredos

Tocando lo Eterno  (A D. Alejandro)

Tengo en mi mesa a un lado la foto de un escalador, y al otro, el recorte de un  periódico, quizá tu último artículo. Recuerdo que nos decías cuando hiciste cima en el Mont Blanc por primera vez: “he alargado la mano y parecía que tocaba lo Eterno”.

Delante de estos dos testigos mudos, recuerdo aquella escalada que hicimos guiados por ti a la Sierra de Gredos.

En medio de aquellos escarpados picos, nos celebrabas la Eucaristía en un altar de piedra, “al natural”. Ni un solo día, entre escalada y marcha, dejamos de tener ese Encuentro misterioso con el Maestro. Sabías, como “sacerdote cien por cien”, como gustabas comentar, que en ese momento se reduce la distancia hacia el Infinito, se acerca uno a lo Eterno, más que al coronar la cima, que en ese momento el Creador se elevaba misteriosamente pequeño entre tus manos.

Recuerdo con especial cariño aquella tarde al bajar del Almanzor, en la que nos invitaste a hacer unos minutos de oración, ¡qué fácil te resultaba orar en la montaña!, y en voz alta comentaste aquel primer punto de Camino: “Que tu vida no sea estéril! Sé útil. Deja poso. Ilumina con la luminaria de la fe y de tu amor (…) Y enciende todos los caminos de la tierra con el fuego de Cristo que llevas en el corazón” Y cuando de repente en plena subida elevabas tu voz de tenor,  en un canto espontáneo, al Creador, que el coro de los montes redoblaba con su poderoso eco.

Amigo, Alejandro, no sé dónde estás pero tú sabes que te alcanzaremos porque sí sabemos por dónde has ido y que te encontraremos al tomar “la tercera estrella a la derecha, luego todo recto hasta el Amanecer”. Mientras tomo la segunda estrella a la derecha escucho viva tu voz de montañero, buscador de lo Eterno, que se ha quedado grabada en el alma: “Que tu vida no sea una vida estéril. Sé útil. Deja poso”.

¡Pax, Alex!

Gumersindo Meiriño

Publicado en La Region

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60 años después sigue sonriendo. A D. Antonio Villanueva

Cuando conocí a D. Antonio, el cura del Tameirón, me miró de arriba abajo me tocó el pelo y dijo: “¡Qué pelo tan bó tes caramba!” El tenía 86 años entonces, yo  tenía 29. Al escucharlo sonreí y entonces comentó con su forma de reir, tan característica: “e que dentes mais bós, caramba!”  y siguió “¿queres un café?”

Evidentemente, no lo dijo con maldad, era simple, para él tener salud pasaba por tener buen pelo y buenos dientes. Luego cuando me contó que durante decenas de años visitaba las parroquias montado a caballo, terminé de entender lo que había querido decir mi amigo Antonio Villanueva.

A continuación el artículo que publicó el Dr. Meiriño, dedicado a D. Antonio, en su sesenta aniversario de ordenación sacerdotal en el diario La Region que salió en otros diarios como La Voz de Galicia.

60 años después, sigue sonriendo

Al poco de conocerle y de haber cogido un mínimo de confianza a todo el mundo le entra la curiosidad y le pregunta: “D. Antonio, pero usted,  ¿cuántos años tiene?

La respuesta es siempre la misma: ja, ja, ja, ja …

Algunos más atrevidos insisten: “¿Más de ochenta? Y la respuesta es la carcajada característica hasta que logra, con un deje de pillería inconfundible, derivar la conversación a otros campos, dice él, “más importantes”.

Con esta filosofía no es de extrañar cuando le propusieron que había que celebrar el cincuenta aniversario de su ordenación sacerdotal, (la misma efemérides que el Papa ha celebrado el 1 de noviembre de 1996) que respondiese con la misma risa… y un “joroba esas cousas non se celebran”. De esa fecha de los cincuenta, han pasado diez años, y de su ordenación el 6 de enero de 1937 sesenta años. En sesenta años de ministerio pasan muchas cosas.

Su primer destino fue Castrelo da Cima, en Riós. El último Taméirón, la cuna de San Francisco Blanco. Nunca bajó más allá de Verín. Después de su pueblo natal Mourisca (Viana do Bolo) y de sus años en el Seminario de Astorga primero y luego en el Seminario de Orense su vida transcurrió en la comarca de Monterrey y Frieiras. Durante años surcó la sierra de Las Frierias  y alrededores acompañado de uno de los mejores aliados en la pastoral: el caballo.

Más adelante cambió los animales por una bicicleta y cuando la civilización impuso el motor llegó a usar, estando en la Trepa, una “montesa”, pero, en seguida, descubrió que “no hay nada como un buen caballo para viajar por estos parajes”.

Durante estos años conoció a cinco obispos: Cerviño, Blanco Nájera, Reboredo, y, ahora, a Carlos Osoro. D. Antonio es hombre de profundas convicciones, todavía hoy se resiste a los encantos de esa señora de compañía que todo el mundo parece necesitar que se llama televisión. “Prefiero la radio”, dice.

Después de sesenta años todavía puede encontrársele limpiando una finca cercana a su casa, de las malas hierbas o, sobre todo, rezando el breviario  en la galería de su casa, en invierno, rodeado de una manta, o, tocando la campana una hora antes de que empiece la Misa, sin fallar un solo día. Y siempre y, en cualquier momento, con  una sonrisa en la boca y dispuesto a charlar un rato y a compartir un café de los suyos: “quente coma o inferno, doce como os anxos e negro coma o demo”.

Si venís por el Tameirón y queréis conocer a D. Antonio no le preguntéis la edad. Venid con tiempo. Si es invierno sentaos al lado de la cocina de leña, con un chorizo y un buen vaso de vino. Si es en verano sentaos a la entrada del pueblo a la sombra de algún castaño, al lado del monumento a San Francisco Blanco y preguntadle lo que queráis: ¿Cómo va a celebrar el IV aniversario del martirio de San Francisco Blanco?, ¿cuál es la canción que más le gusta cantar?, ¿si echa de menos sus caballos?…, preguntadle todo, menos la edad.

Aunque hay algunos que dicen que nació alrededor del día de la fiesta de San Francisco Javier, allá por el año 8 y que cantó Misa en un día de Reyes, allá por el 37. Pero él, sigue sonriendo.

Gumersindo Meiriño

La Region 6 de enero de 1997

El Espíritu es el Amor – Gumersindo Meiriño

El Espíritu es el Amor

Cuando La Region  publicó el artículo sobre el año del Espíritu Santo no pensé que daría lugar a varios cambios de impresión con las personas que con paciencia heroica lo habían leído y se paraban en la calle a saludarme. En uno de esos cambios de impresiones una señora me comentó que a ella lo del Espíritu Santo le era fácil de entender y explicar. Se lo había explicado un profesor de los que había antes, que no estudiaban pedagogía ni falta que les hacía, pero que tenían unas dotes extraordinarias para darse a entender.

Decía con expresión de imitar a tan gran pedagogo: “Desde la Santísima Trinidad es cómo se explica bien quién es el Espíritu Santo” Se tomó un respiro mientras varios interlocutores la mirábamos. “El Padre se mira, como si fuera en un espejo y sale el Hijo. O sea que el Hijo es la imagen del Padre. Al verse en su imagen, ama a esa imagen, ama al Hijo y ese Amor es el Espíritu Santo. Otro breve respiro y termina ¿Está bastante claro no? El Espíritu es el Amor.

Quedé pensativo, porque hablar de amor, y, sobre todo, de Amor hoy por hoy, resulta peligroso. Dice el filósofo J.A. Marina, “hace mucho tiempo que prohíbo a mis alumnos usar esa palabra, que se ha convertido en comodín de nuestra baraja emocional.

Nada nos  hace más felices  como el amor. Nada nos hace más parecidos al Espíritu Santo que el amor, el amor auténtico.

Cuando uno es fiel al amor de verdad siente en su interior la voz del Espíritu. Nos ha tocado vivir una época en la que resulta difícil comprender cuál es el amor, el de verdad. Vivimos demasiado de prisa. No tenemos tiempo para mirar a las personas que están a nuestro lado y a las que deberíamos prestar más atención. Se temen los compromisos definitivos. Es, entonces, cuando pensamos que el amor es provisional, que es bueno mientras esta persona me sirve, me ayuda, me entiende, me dedica tiempo; terminamos instrumentalizando el amor.

El amor, si lo es en verdad, no es provisional. Y , si es provisional, no es amor.

No sé si recuerdan la historia de Penélope. La mujer de Ulises , el valiente guerrero y gran protagonista de “la Odisea”. El gran Ulises se ha ido a la guerra y tarda años en regresar. Veinte años, veinte. Penélope es la reina y mujer hermosísima, esposa de Ulises.

A Penélope le llueven pretendientes que le acosan. Hasta 136. Le dicen al oído que su marido ha muerto en la batalla, que nunca volverá, que le ha abandonado. Y ella fiel, les dice que escogerá al marido entre tantos pretendientes, cuando acabe de tejer la mortaja para su suegro. “Aguardad para mi boda a que acabe este lienzo, les dice, no sea que se me pierdan inútilmente los hilos”. Una escusa ingenua. Penélope se pasa las noches en vela descosiendo lo que ha tejido pacientemente por el día para hacer tiempo y esperar el regreso de su esposo. Cuando ya no puede esperar más tiempo decide que se casará con el que logre disparar con el arco de su marido Ulises y atravesar doce cabos de doce hachas en fila. Ni decir que ninguno de aquellos cobardes comodones  lo consiguió, a no ser un anciano extranjero que, ante el asombro de todos, consigue el disparo. Lo ha hecho un valiente. Se trata de Ulises, que disfrazado, quiso probar la fidelidad de su mujer.

El amor de Penélope es de los de verdad. Había merecido la pena. Alegría inmensa en el rostro de la mujer fiel y del esposo valiente. Hasta aquí la historia de amor de Ulises y Penélope.

La otra historia, la del Espíritu Santo, sigue viva en la actualidad. Porque el Amor sigue siendo el Motor de la humanidad. Un Amor tan grande, el Espíritu Santo, Divino, que ha traspasado los minutos, las horas, los días y los años; tan fiel que sigue acompañándonos cada día. El Amor de Dios no se olvida de nosotros nunca.

Cercano el tercer mileno del nacimiento del Hijo de Dios, su Amor no descansa. Sigue vivo dentro de nosotros, por eso somos “Templos del Espíritu Santo”. “El amor es paciente, afable, no tiene envidia, no presume ni se engríe, no es mal educado, ni egoísta, no se irrita, no lleva cuentas del mal, no se alegra con la injusticia, sino que goza con la verdad. Disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin límites, aguanta sin límites. El Amor no pasa nunca (1. Cor 13)

Un año dedicado al Amor, no provisional, como Dios manda.

De todas formas, no todo es tan fácil, como cree nuestra amiga piensa, porque el Espíritu Santo sigue perteneciendo al Misterio, ahora bien, Misterio de Amor.

Gumersindo Meiriño

 Publicado en el diario La Region el 14 de febrero de 1998

Familia: La vida en el nido

Familia: La vida en el Nido

La familia es una de las grandes instituciones. Las encuestas revelan que su prestigio se mantiene dentro de la crisis que ataca a todas las instituciones. Sin embargo, ni a un ciego se le escapa el ataque brutal y metódico que poderosos imperios han emprendido contra esta entrañable institución.

Y es que la familia es como el nido. Los pajarillos recién nacidos esperan ruidosos a que papá y mamá pájaro les traigan la comida. Pero si los pajarillos se caen o los tiran del nido se encuentran desprotegidos. Su destino fuera del nido es la muerte. Cualquiera puede hacer daño al pajarillo recién nacido fuera del nido. Alejados de ese pequeño refugio son vulnerables, manejables.

Lo mismo pasa con el ser humano: deshecho el nido, o sea, la familia, se ha roto toda protección del ser humano.

En la cátedra del nido se aprenden las grandes maravillas de la persona. En la familia amas y eres amado. En el nido familiar perdonas y eres perdonado, comprendes y eres comprendido. Cuando todo parece que tiene un precio, hasta la sonrisa de un vendedor o de esas hermosas señoritas de las publicidades, en la familia recibes gratis, eres amado por lo que “eres”, no por lo que “tienes”.

En la familia no se apuntan las horas de dedicación de unos padres, de unos abuelos, son “gratis total”. La familia es, además, la mejor defensa, como el nido de los pajaritos. Hasta los psiquiatras recomiendan que se vea la televisión en familia y que los padres elijan los programas adecuados porque también ante la “caja tonta” los niños están indefensos y desprotegidos.

Me viene a la memoria una pequeña anécdota muy ilustrativa.

Alfonso tenía que hacer un trabajo para el colegio, presentar una factura. Después de mucho pensar, recordó que su madre pagaba varias facturas al mes: luz, agua, …

Sin demora se dispuso a presentar también él la factura a su mamá por todos los servicios que él había prestado, seguro que ella, como hacía con las demás, se las pagaría. Cogió papel y lápiz y escribió:

Por acarreo de leña 4 euros. Por encargos varios 3 euros. Por secar los platos 2 euros. Por cuidar a los hermanitos 5 euros. Total de la semana: 14 euros. Alfonso metió la  hoja en un sobre y antes de salir a jugar la dejó encima de la mesa con la dirección bien puesta para que su madre se fijara en ella.

Esa noche la mamá no dijo ni mú de la factura. Alfonso estaba nervioso y preocupado. Pero su mamá le preparó la cena, le ayudó con los deberes y luego rezó con él antes de dormir como si nada pasara.

A la mañana siguiente, después de desperezarse y que su mamá le levantó para ir a la escuela se encontró junto al desayuno con un sobre cerrado y con su nombre. “Bien”, dijo en su interior, “mi paga, ¡por fin!”. Abrió el sobre y su sorpresa fue mayúscula. Contenía una factura que decía:

Alfonso Rodríguez debe a su mamá: 3650 servicios de café y desayunos, total 0 euros; 3650 servicios de almuerzo, merienda y cena, total: 0 euros; Diez años de lavar ropa sucia; Diez años de compra y arreglo de ropa y zapatos, total 0 euros; 4 años de ayudas en las tareas escolares, total: 0 euros …. Al final de una larga lista concluía. Total de 10 años de servicios a Alfonso Rodríguez: 0 euros.

El pobre Alfonso se fue corriendo, con los ojos llenos de lágrimas a los brazos de su mamá.

Alfonso aprendió la lección del nido y entones empezó a saldar su cuenta. Resolvió ahorrar todo el dinero que le daban los domingos y los festivos y por Navidad le haría un gran regalo a su mamá.

De ahí que los imperios del mundo intenten deshacer el nido de la familia. Fuera del nido, el joven es vulnerable a la droga, al alcohol, a la moda, a las ideologías, a la publicidad. Los ataques son fáciles de entrever. El nido familiar es acechado por el divorcio, por el aborto, por las parejas del mismo sexo, la eutanasia, el egoísmo, la superficialidad.

El Nido de la familia, la mayúscula es intencionada, es la Cátedra del ser humano. Sin embargo, hasta en las mejores familias hay problemas, Por ello debemos acercar a la familia a Dios. Alejarse de Dios es empezar a caerse del nido.

Gumersindo Meiriño

A Gudiña 17 de agosto de 1998

La tierra Sagrada del Dolor-Gumersindo Meiriño

La Tierra Sagrada del Dolor

Este artículo fue publicado en el diario La Region el 22 de junio del año 2000

El tema de la enfermedad y la muerte es siempre polémico. Una cosa es cierta, tarde o temprano nos encontramos con estas realidades que son hermanas que acompañan al hombre en el camino de cada día.

Hablar de dolor y enfermedad hoy en día es peligroso. Nadie quiere oír hablar de ello. Pero, las personas que nos consideramos sanas actualmente, no somos más que , en palabras de Vitorio Messori, “enfermos en libertad condicional”. Dicho de forma más prosaica, que todos somos personajes abonados al dolor, a la enfermedad. Esos serán protagonistas de nuestra vida tarde o temprano, a no ser que nos muramos de jóvenes de forma trágica.

Esta idea tan elemental cuesta mucho aceptarla en la práctia. Cuando uno va cumpliendo años y se siente enferm, cansado, calvo, encorvado, se pregunta, ¿dónde va mi juventud y mi fuerza? Sin embargo, no vendría mal recordar aquella fina ironía: “Si a partir de lso cincuenta años te levantas de la cama y no te duele algo…., malo”.

Se sobrevalora, en nuestro mundo, demasiado el aspecto físico, la jueventud, la fuerza, la belleza física… En pocas películas de Holliwod salen viejos demacrados y decrépitos o enfermos, no venden, son poco fotogénicos.

 

Aún recuerdo la visita a la Residencia de Grandes Inválidos de A Farixa en Ourense. Acababa de inagurarse y yo todavía era un jovencito seminarista. Me acompañaban personas de 18 a 20 años. Al salir el comentario era unánime: “Esto impresiona”. Y tanto, han pasado más de veinte años y todavía vivo aquel primer encuentro con el lado menos “guapo” de la vida.

El mundo de hoy contribuye a que tengamos una imagen tergiversada de la realidad. Los hospitales apartan al enfermo de su entorno. Los niños y los familiares apenas comparten el dolor del enfermo y su lucha titánica por seguir vivo. Los tanatorios apartan la muerte del contexto familiar. Todo ello tiene consecuencias positivas. Pero también negativas: vivimos en una burbuja artificial esos momentos que son trascendentales en la vida humana.

Aún más, se acepta como norma común el ocultar a los moribundos su próximo encuentro con la señora muerte, como si eso no fuera a pasar nunca. Y está por ver que esto sea lo mejor. La ignorancia en este tema, como en todos, es mala consejera. Dice Guuanfrancschi: “Durante miles de años hemos sido dueños de nuestra muerte y de nuestras circunstancias, mientras que hoy hemos dejado de serlo. Hubo un tiempo en el que el que estaba muriéndose tenía conocimiento de lo que le pasaba, bien porque comprendía las señales de la muerte o porque alguno de los le rodeaban tenía la obligación de advertírselo. Mayor que el miedo a la muerte era el miedo a verse privado de la propia muerte, a no poder tomar parte en ella conscientemente y con las debidas disposiciones de ánimo. En cambio ahora la regla es ocultar la verdad a quien sufre una enfermedad mortal. Dicen que es un modo de actuar inspirado en intenciones humanitarias. La verdad es que se trata de una norma inhumana, porque da lugar a las renuncias del espíritu. Morir sin saberlo es dos veces morir.”

No podemos olvidarlo: Dolor, enfermedad y muerte no son algo extraño a la persona humana. Intentar vivir como si estas realidades fueran totalmente ajenas nos lleva a vivir con menos intensidad la vida misma. El día del enfermo, que ha pasado totalmente desapercibido, es un día dedicado a todos los humanos porque los que estamos sanos, ahora mismo no somo sanos, sino “enfermos en libertad condicional”.

Y, para los creyentes, el dolor y el sufrimiento son el lugar que el Hijo de Dios utilizó como medios para salvar al hombre. Para un cristiano, el dolor y la enfermedad es la tierra sagrada en la que pisó de forma especial el hijo de Dios hecho hombre: Jesús de Nazareth.

Gumersindo Meiriño

La Región 22 de junio de 2000