Agua dulce, agua “salá”

Agua dulce, agua “salá”

Suena de fondo la melodiosa voz de un famoso cantante que dice: “Agua dulce, agua “salá” bendita la vida, te quita y te da”.

Me viene a la memoria lo incongruentes que somos, en ciertas ocasiones, los seres humanos cuando pretendemos sacar ventaja de todo y de todos. El agua de la vida se convierte en “salá”. Pero al mismo tiempo tenemos sed. Y resulta que el agua “salá” no sacia ni apaga la sed. Entonces aspiramos a beber agua dulce, sin cerrar la canilla de la “salá”. Como que intentamos que la fuente que brota de nuestro corazón dé al mismo tiempo agua dulce y agua “salá” y esto es imposible. La fuente o da un tipo de agua u otro pero no los dos al mismo tiempo.agua.dulce.agua.salada

El ser humano es un ser vigilante, un navegante en mar adentro que necesita estar atento, cuidando siempre la fuente de la que brota el agua, el espíritu. Cuando descuida la fuente que mana agua dulce se transforma, al pasarla por el filtro de nuestra mente, en salada. Purificar, limpiar la mente, el pensamiento, para que de la fuente mane agua regeneradora de vida es imprescindible para la existencia plena y feliz del ser humano. Ella alimenta, refresca, hidrata, renueva la vida, produce frutos dulces y sabrosos. La “salá” provoca ansiedad, estrés, nervios…,provoca más sed.

El agua que mana del corazón, filtrada por la mente, sale a borbotones de forma especial por la boca, a través de la lengua. Ya lo dice el refrán popular, “de la abundancia del corazón habla la boca”. Y también Santiago, el apóstol: “la lengua es un miembro pequeño, pero se jacta de grandes cosas. He aquí, ¡cuán grande bosque enciende un pequeño fuego! Y la lengua es un fuego (….) Con ella bendecimos al Dios y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, que están hechos a la semejanza de Dios. De una misma boca proceden bendición y maldición. Hermanos míos, esto no debe ser así. ¿Acaso alguna fuente echa por una misma abertura agua dulce y amarga? Hermanos míos, ¿puede acaso la higuera producir aceitunas, o la vid higos? Así también ninguna fuente puede dar agua salada y dulce” (Santiago 3, 7-9).

Sigo escuchando de fondo la música y la letra de la canción: Agua dulce, agua “salá”, bendita la vida, te quita y te da. Agua que caes del cielo sobre las olas del mar yo te quiero beber dulce y tú te pones “salá”.

─ ¿Cómo sé que estoy produciendo y tomando agua dulce o salada?─ me pregunta Amparo, una joven profesional.

─Amparo te propongo dos criterios para descubrirlo. El primero, analiza las palabras que salen de tu boca: amables, positivas, respetuosas…., por otra examina si son groseras, sucias, envidiosas, irónicas, “sobradoras”… El segundo criterio: ¿qué frutos cosechas?: alegría, paz, armonía, equilibrio, sentido positivo …. Y por otra parte investiga si son frutos amargos, negativos, podridos, resecos, …..

Elige: “agua dulce, agua “salá”

Gumersindo Meiriño Fernández

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