Llamando a las puertas del Cielo

Llamando a las puertas del Cielo

El ser humano progresa, evoluciona. Siempre ha sido así. Pertenece a la raza el no permanecer quieto, inmóvil, paralizado. Incluso parado, quieto, dormido,  aparentemente carece de movimiento, pero no es así, situado encima de la tierra está moviéndose porque el planeta no para ni un solo segundo. Incluso dormido, inmovilizado el cuerpo,  el corazón sigue latiendo y la sangre corriendo por sus venas…puertas-del-cielo

Pero eso no quita de que haya elementos permanentes en su esencia que hacen que el ser humano sea el mismo el del siglo uno que el del siglo veinticuatro; el negrito de África, que el rubio de Estocolmo o el de ojos rasgados de Mongolia. Uno de estos aspectos permanentes de la persona es que todos en el corazón sentimos la necesidad de  ser eternos, de seguir caminando más allá de nuestros días terrenales. La necesidad innata  de dar sentido a nuestra existencia trascendiendo y superando lo meramente material.  Esa necesidad que tenemos todos los  humanos, de todos los tiempos nos hace descubrir la parte espiritual, la dimensión trascendente. Sin ella la persona se pierde, se desorienta.

Por ello, allí donde hay personas nace la búsqueda ansiosa de descubrir y hablar con Dios, donde  caminan humanos, hay gritos, llamadas, golpes en las puertas del cielo. Todos tarde o temprano recurrimos a esa parte de nosotros que se llama espíritu en busca de agua para saciar la sed. Esa forma de llamar a las puertas del cielo se le llama aquí en Occidente, la oración.

Por eso, orar no es algo moderno ni antiguo, pasado o futuro. Es simplemente algo humano.

La persona cuando ora  está sacando afuera eso que lleva en sus entrañas. De su interior brota la fuerza de su espíritu que es capaz de salir de sí mismo en busca de una respuesta a los grandes interrogantes que se le plantean: ¿quién soy yo?, ¿de dónde vengo?, ¿a dónde voy?

El ser humano cuando reza se engrandece porque reconoce lo que es,  un ser espiritual. Reconoce su magnanimidad que está más allá de lo meramente material. Descubre que el mundo no se acaba en el cielo, si no que éste tiene puertas, puertas que se abren y te introducen en el maravilloso  mundo del Misterio de Amor.

Al mismo tiempo, cuando oras, con el alma, de forma sincera,  haces que se abran las compuertas del Cielo y caiga la lluvia sobre la tierra, un agua que hace brotar las semillas que llevas en el corazón y que corren el riesgo de secarse si falta el agua. Son las semillas de la paz, la alegría, la misericordia, la compasión, la sabiduría, …, que dan fruto, si se riegan, llamando a las puertas del Cielo.

Escúchalo haciendo clik en la palabra subrayada en azul:

PUERTAS DEL CIELO

Gumersindo Meiriño Fernández

***

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