El grano de cacao En la fiesta de San Josemaría

El grano de cacao

En la fiesta de San Josemaría

Hace un tiempo me pasaron una película diciendo, ─“a lo mejor le sirve para sus talleres.”

El film se titula “Encontrarás dragones”. El argumento principal cuenta los años del joven sacerdote católico, Josemaría, durante la guerra civil española. La película es entretenida y con trasfondo histórico sustentable.

Lo que más me ha quedado grabado, después de verla, es el gesto del grano de chocolate.encontraras.dragones

El padre de Josemaría, cuando este era niño, tenía una fábrica de chocolates. El gerente de la fábrica le mostró al niño un grano de cacao diciéndole, “este grano, común y corriente, con paciencia, esmero y amor se le pule y sale lo que tiene dentro, un sabor exquisito, el chocolate. Aunque parece pobre y feo, de él brotan los sabores divinos que esconde en su interior”

La enseñanza del grano de cacao encierra ciertamente muchos matices y una gran sapiencia.

Cualquier trabajo, por muy insignificante que sea, realizado con paciencia, esmero y amor tiene sabor a chocolate, un sabor divino.

A propósito del mundial de fútbol, una persona comentaba: ─”Cuando en este país a  un bombero, a un médico o a un policía le den tanta importancia como a un futbolista, nos irá mucho mejor”. Aunque no aduje nada, porque no era el momento ni el lugar oportuno, en mi corazón apareció el grano de cacao y pensé: Cuando en el mundo el bombero, el barrendero, el médico,  el policía o el futbolista valoren la grandeza de su trabajo, lo hagan con paciencia, esmero y amor el mundo empieza a cambiar.

El mensaje de Josemaría merece respeto y atención porque va al meollo de lo que es el ser humano. Descubrir a Dios en el trabajo de cada día, en lo más pequeño, en lo que pasa desapercibido al común de los mortales, es el camino de la mística. El ser humano o es místico o se pierde en la maraña de lo mundano, cada vez más complicado y exigente.

─ “Hay algo santo, divino escondido en las situaciones más comunes que toca a cada uno de vosotros descubrir”─solía repetir Josemaría.

Escribo estas letras en el día de la fiesta de san Josemaría al tiempo que recibo la noticia del nacimiento de una nueva vida, Enma. En la vida, en esa pequeña bebé de tres kilos ochocientos gramos, está Dios, en ese pequeño cuerpo, late el espíritu de Dios.

En definitiva, solo hay un camino para llegar a Dios, lo humano. Todo lo humano, también lo más pequeño, como el grano de cacao, tiene sabor a chocolate, esconde sabores divinos.

Gumersindo Meiriño Fernández

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EL GRANO  DE  CACAO

 

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San Antonio de Padua: el que busca encuentra

 San Antonio de Padua: el que busca encuentra 

Se llama Fernando. Hace algunos años, sin querer, mientras paseamos, aprovechando un descanso por el corazón de Lisboa, nos encontramos con una iglesia de San Antonio. A la entrada un letrero en portugués indica que en ese lugar sobre el que estaba construido el templo, había nacido a finales del siglo XII, el niño Fernando. Los años de su infancia los pasa en la capital de Portugal, hasta que siendo joven entra en el monasterio de los monjes agustinos a las afueras de la ciudad. Los agustinos son sacerdotes y monjes que, que siguen las enseñanzas del gran Agustín de Hipona. Allí se dedica con profundidad al estudio de la Teología y de las Sagradas Escrituras.San-Antonio-de-Padua

Eran tiempos convulsos dentro de la iglesia católica. Los curas y obispos de aquel entonces luchaban por las prebendas económicas y sociales. Los temas espirituales y religiosos eran para ellos, más bien, secundarios. En este ambiente un joven italiano había revolucionado la estructura de la iglesia creando un grupo renovador, los llamados franciscanos, que anunciaban un cristianismo de lo sencillo, la pobreza, el contacto con Dios en la naturaleza…, y, menos estudio, menos luchas por poder y riquezas. Propugnaba una vuelta, en definitiva, al Evangelio original. Fernando se enamora de este nuevo camino, abandona a los agustinos pasando a la comunidad de sacerdotes y frailes que siguen el nuevo espíritu iniciado por Francisco de Asís, a los franciscanos. Entró en un convento dedicado a un famoso santo, llamado  San Antonio Abad, por lo que decidió cambiar su nombre de pila, Fernando, por el de Antonio.

A partir de entonces, empieza a predicar, a anunciar, el evangelio más puro, más auténtico, sin tantas especulaciones. Era muy elocuente. Predica por toda Europa, sobre todo en Italia. Vive muchos años en Padua, de ahí que se le denomine San Antonio de Padua. El año de su fallecimiento el trece de junio, por eso se celebra su fiesta ese día, era ya famoso por sus milagros, santidad y por algunos signos extraordinarios, como el de la bilocación.

El responso de San Antonio es uno de los poemas más recitados y conocidos en el mundo católico. Te invito a rezar otra sencilla oración, distinta del ya famoso responso,  durante esta semana que sigue a su fiesta:

 

Oh Dios que por medio de Antonio de Padua abriste las puertas a muchas personas, a lo largo de la historia, para que pudiesen encontrar lo que buscaban. Ayúdanos a buscar y desear siempre los dones que nos den la paz y la felicidad; ayuda a todas las personas a que recorran los caminos del mundo con la misma humildad y sencillez que lo hizo Antonio de Padua, siendo sembradores de la paz y el bien. Amén

 

Gumersindo Meiriño Fernández

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