Basilio

Basilio

(In memoriam de Basilio Hazman)

Tenía ochenta y tres años. Vivía en una pequeña ciudad del Chaco. Desde hace varias decenas convivía con un tumor maligno que le habían diagnosticado como mortal. Los años pasaron, el cáncer decidió pararse y él llevó una vida normal. Tan normal que uno de sus disgustos, ocasionados por la edad y el desgaste físico, fue tener que dejar, los últimos meses de su vida, una de sus compañeras inseparables, la bicicleta. Su esposa venía desde hacía algunos años insistiendo en que, a su edad, no podía andar en la bicicleta, que era muy peligroso, que había muchos autos, que ella no se quedaba tranquila. Una de las últimas conversaciones que tuve con ella me pidió, —“por favor, dígale usted que no ande más en bicicleta, a usted le hará caso, me preocupa mucho”—. Yo, no sé si hice bien o mal, pero olvidé ese tema aunque hablamos bastante rato. Porque Basilio era vital, alegre, dinámico, curioso …. Conversamos de tantas cosas. Entre ellas del Reiki.basilio

Basilio era sencillo, llevaba muchos años “jubilado”. Cuando le diagnosticaron el tumor irreversible, siendo todavía joven, se negó a esperar que le enfermedad avanzara así no más. Buscó alternativas. Fue como llegó al Reiki. Hizo varios cursos. Se sintió mucho mejor y siempre atribuyó su recuperación a esta técnica, sumado a su oración, a su cariño a la Virgen, a sus prácticas religiosas en la iglesia católica. Desde ese momento utilizó el argumento de sentido común que ya no lo abandonó jamás: —“Padre Gumer, si a mí me ayudó, pensé que podía beneficiarle a otros, fue así como hice la maestría en Buenos Aires. Desde entonces doy cursos de reiki a personas individuales, a grupos pequeños…, no sería agradecido con Dios, con el don de la salud que me regaló, si no compartiera con otros el medio que él utilizó para sanarme”.

Cuando supo que un sacerdote había escrito un libro sobre Reiki Crístico investigó hasta poder conocerlo. Desde entonces estuvimos en contacto. Un buen día recibí una llamada suya. Me leyó un folleto que habían escrito algunos eclesiásticos  de la zona en la que vivía en contra del Reiki. Al terminar de leerlo me dijo que no iba a entrar en polémicas con nadie. No era quién para juzgar ni criticar. El seguiría haciendo su camino espiritual. No iba a dejar la iglesia, ni sus oraciones a la Virgencita, ni su Misa…, “ni tampoco de enseñar Reiki “porque Dios nos regaló el don de la libertad. Yo me siento libre y agradecido a Dios, decía, por los años que me ha regalado y lo comparto con los demás”.

Hace unas semanas se fue al encuentro del Dios Libertad, del Dios Papá-Mamá. Unos meses antes se había ido su esposa, su compañera de siempre. Y ahora lo veo allá arriba, subido a la bicicleta, grandote, vital, alegre, sonriente, reflexivo, dialogando con sus amigos de todo lo divino y humano, con paz y libertad.

Desde aquí abajo, un abrazo, amigo Basilio.

Gumersindo  Meiriño  Fernández

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