El “Dios no conocido”. Desde Atenas, Grecia

En el areópago de AtenasEl “Dios no conocido”

En Atenas subiendo hacia la Acrópolis nos encontramos con el Areópago. Es una gran roca escarpada situada entre el Ágora y la Acrópolis. Subidos al Areópago se domina con la vista gran parte de la  capital de Grecia y hacia el otro lado se divisan las grandes columnas del Partenón y la excelsa Acrópolis.

Un grupo de filósofos griegos ávidos de nuevos conocimientos quieren escuchar a Pablo y sus teorías renovadas. Por eso le invitaron a debatirlas y exponerlas en público. El lugar más adecuado para ello, el sitio donde se exponían las nuevas ideas era el areópago.

Ayer mientras paseábamos delante la montaña del Areópago, llegaron tres personas. Una de ellas de raza negra con la Biblia en la mano, mientras los acompañantes se distanciaban él se fue a la zona  donde se dice que Pablo leyó el pasaje de los Hechos de los Apóstoles (17, 10 ss) y habló un rato sobre este acontecimiento en lengua griega.

Pablo disertó en el Areópago del “Dios no conocido”, del “Dios que no habita en los santuarios construidos por manos humanas”.

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Los atenienses, como los seres humanos de todos los tiempos, tenían sus ideas, sus conceptos de Dios. Cuanto más estudiaban y mayor era su cultura, la idea era más elaborada, mejor creían conocer a Dios, la religión, los secretos escondidos a los demás seres humanos. Pues bien, Pablo nos despierta a una nueva forma de pensar sobre la divinidad. Dios es “no conocido”, no se le puede conocer, no se le puede encerrar en cuatro conceptos o ideas por muy bien elaboradas que estén, ni se le puede “enclaustrar” entre las cuatro paredes de un templo, por muy hermoso que sea a los ojos humanos. La persona es buscadora incansable de la verdad, del bien, de la bondad, de la belleza pero no la encontrarán sino en su interior, pues, como dijo Pablo en ese precioso discurso a los filósofos atenienses, “en Él vivimos, nos movemos y existimos”.

Dios no necesita proselitismos porque, como escucharon los filósofos griegos en el Areópago, “Dios no es servido por manos humanas como si de algo estuviera necesitado”.

Pienso en esto mientras escucho al pastor de raza negra hablando en el mismo lugar que Pablo. Hay que resucitar al “Dios no conocido” que vive en nuestro corazón, romper las corazas de tantos años de ideas y escritos de mentes brillantes para amar a Dios en la vida, en los ojos del hermano que está a nuestro lado, en la naturaleza, en el canto del viento, en el de los pájaros, en la voz de los seres humanos, en… la vida.

Pablo respetó las creencias de los griegos no impuso sus ideas ni se mostró dogmático, solo propuso ante los demás dioses griegos, otro más, el “Dios no conocido”.

Atenas, Octubre 2013

Gumersindo Meiriño Fernández

Lealo también en el enlace:

htm/www.radiocataratas.com/noticia_22719.htm

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