La mona repite, la persona aprende

mono-o-persona.meirinoEl mono repite, la persona aprende

Estas Buenas Noticias son mías y tuyas, querido amigo que lees, comentas y compartes opiniones. Recién recibo un mail de Marcelo. El fondo del contenido es similar al que envió hace unos días Alejandro, después de hacer el Camino de Santiago (Cfr. La aventura de la vida ) Pero tiene algunos aspectos y perspectivas nuevas, compruébalo tú mismo leyendo el mail de Marcelo:

—¡Jallalla! Me llegó esto, y quiero compartirlo con usted. ¡Está bueno!…

Un grupo de científicos colocó cinco monos en una jaula, en cuyo centro pusieron una escalera y, sobre ella, un montón de bananas. Cuando un mono subía la escalera para agarrar las bananas, los científicos lanzaban un chorro de agua fría sobre los que quedaban en el suelo. Después de algún tiempo, cuando un mono iba a subir la escalera, los otros le pegaban agresivamente. Pasado algún tiempo, ningún mono subía la escalera, a pesar de la tentación de las bananas. Entonces, los científicos sustituyeron a uno de los monos. La primera cosa que hizo fue subir la escalera, siendo rápidamente bajado por los otros, quienes le pegaron. Después de algunas palizas, el nuevo integrante del grupo ya no subió más la escalera. Un segundo mono fue sustituido, y … ocurrió lo mismo. El “primer sustituto” participó con entusiasmo de la paliza al novato Un tercero fue cambiado, y se repitió el hecho. El cuarto y, finalmente, el último de los veteranos fueron sustituidos.

Los científicos quedaron, entonces, con un grupo de cinco monos que, aunque nunca recibieron un baño de agua fría, continuaban golpeando a aquel que intentase llegar a las bananas. Si fuese posible preguntar a algunos de ellos por qué le pegaban a quien intentase subir la escalera, con certeza la respuesta sería: “No sé, las cosas aquí siempre se han hecho así…” ¿Te suena conocido? “Es más fácil desintegrar un átomo que un pre-concepto”. (Albert Einstein)

Hasta aquí la historia de los monos, que envió Marcelo. Al ser humano cómodo, le pasa como a estos animalitos, no piensa por sí mismo, le gusta repetir la famosa frase con la boca y con los hechos: “siempre se ha hecho así”. Argumento muy común pero poco racional.

Lo propio del ser humano es errar, aprender, evolucionar, progresar, caminar. Por eso nacemos completamente ineptos para todo. Tan incapaces que no sabemos caminar, hablar…, lo aprendemos todo.

Repetir sin más, lo de antes, es muy similar a lo de los monos. La persona sabia comete continuamente errores. El sabio y el ignorante se parecen en esto, en que ambos comenten muchos errores. Desde este punto de vista, aparentemente, sabio e ignorante son iguales. Sin embargo el sabio y el ignorante se distinguen en un pequeño e importante detalle, mientras el ignorante repite los errores una y otra vez, el sabio aprende y no los repite sino que comete otros distintos que le van dando más sabiduría. Al ignorante cada error le hunde más en el abismo, al sabio cada error le da mayor conocimiento de la realidad, más sabiduría. Desde este punto de vista se entiende aquello de que “al que tiene se le dará y al que no tiene se le sacará, incluso aquello que tiene”.

En la escuela primaria los niños nos remedábamos unos a otros haciéndonos la burla. El niño, al que se remedaba, contestaba: “lo que dice la persona lo repite la mona. Tu eres la mona yo soy la persona”.

El mono repite, la persona aprende.

Gumersindo Meiriño Fernández

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La aventura de la vida

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Foto de Alejandro Vaccari

Alejandro, nuestro amigo del Sur de Argentina, se ha enamorado del Camino de Santiago. Alguna razón profunda tiene para ello. Hace unos meses terminó, acompañado de su esposa, la ruta denominada el Camino Portugués. De vuelta en casa me escribe para contar alguna de sus “experiencias internas”:
— “Voy a pasarte una frase que se me ocurrió y de paso te envío unas fotos del camino recorrido con María del Carmen desde Valenca hasta Finisterrae en mayo.
Lo único obvio en ésta vida son nuestras torpezas. Obvio… y damos por sentado tantas cosas: lo que siento, lo que sé, lo que entiendo incluso en temas tan ignotos como el de la muerte… y nada es obvio… la vida pasa a cada instante, y no da nada por sentado; puede haber una enorme armonía y también puede haber un enorme colapso, eso ocurre en cada instante nuevo y diferente, no hay repeticiones más allá de nuestras reincidencias; tomar la vida con naturalidad y frescura implica estar abiertos, intentar ser humildes ante los errores propios, dispuestos a cada aventura sin dar nada por sentado, intentar andar sin expectativas más allá de la novedad permanente, de la aventura en sí misma”.
Hace unos días una joven inteligente lanzaba un reto: —Tengo muchas preguntas. Vengo a que me ayude a solucionarlas. — ¡Adelante!, le contesté. A cada interrogación que hacía relacionada con Dios y la teología le respondía, como buen gallego, con otra pregunta. Después de unos minutos de diálogo nos encontramos con el resto del grupo. Una de sus amigas le saludó: — ¿Qué tal? Ella responde: — Muy bien, solo que ahora estoy más confundida. No sólo no tengo las respuestas que quería si no que tengo más dudas que antes.
Cada respuesta genera más preguntas. Muchas cuestiones quedan abiertas. Pero por otra parte, el ser humano tiene cierta tendencia a la comodidad a que le den todo hecho. También a nivel ideas. Nada de pensar, de indagar, de seguir en la búsqueda, caminando. Que me digan cómo pensar, cómo actuar y qué hacer en cada momento. Dicen los especialistas que la publicidad de hoy está preparada para mentes de ocho años. Se basa en ideas sencillas, frases cortas, fáciles de asimilar. Esas sencillas ideas se repiten incesantemente de tal forma que a la gente no le dé el tiempo para analizarlas, para pensar, ni razonar.
Para el ser humano lo más importante es la vida, es el instante, es cada segundo vivido por amor y con amor. Pon atención a lo que haces, descubre lo nuevo de cada momento. Cada segundo es una aventura. ¡Vive alerta y despierto! No hay un día igual al otro, no hay segundo que no sea apasionante.
En esta sociedad cada vez más automatizada y mecanizada, se necesitan personas que sigan planteándose cuestiones. Como dice Alejandro, “dispuestos a cada aventura sin dar nada por sentado, intentar andar sin expectativas más allá de la novedad permanente, de la aventura en sí misma”.

Gumersindo Meiriño Fernández

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“Ahora la que manda es mamá”

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“Ahora la que manda es mamá”

Josefa es una mujer de edad. Escucha el comentario de las travesuras de “Papalo”. “Papalo” es un niño de ocho años. Ya es la cuarta vez que viene con una nota de color rojo. Esto quiere decir que la mamá tiene que presentarse en el colegio, o, si no su hijo será expedientado y expulsado. La señora Josefa, escuchando todo lo que cuenta la mamá de su hijo, comenta: —“¡Pobres los padres de hoy!”.

Un chico joven, Ricardo, de unos veinte años le replica: —“¡Pobres los hijos de hoy con estos padres!”.

Mientras escuchaba el debate me vino a la mente la historia que esa misma mamá me había contado días atrás de “Papalo” que con sus ocho años ejercía de “jefe” de casa. La mamá está separada del papá y tiene dos hijos varones. Pero “Papalo” es el que siempre revoluciona o actúa de forma rebelde. Incluso a la hora de sentarse a comer su puesto es siempre en la cabecera de la mesa. El otro día la psicopedagoga le aconsejó que tenía que ponerse ella en la punta para hacer ver a sus hijos que la cabeza de la familia es mamá. Que la que pone los límites es ella, la que decide, la que va delante. Ese pequeño gesto le ayudaría a entender a “Papalo”, según la psicopedagoga, quién es la que dirige, quién es el capitán de ese barco llamado familia.

Parece ser que la mamá entendió el mensaje. A los pocos días comentaba a la psicopedagoga:

— “Amiga, ya me siento en la punta de la mesa. No fue fácil, pero luego de unos días de lucha intensa lo he conseguido. Al principio “Papalo” chilló, gritó, se enojó. Pero ya aceptó. Luego que aceptó decía con frecuencia a su hermano  y a sus amigos: “ahora la que manda es mamá”.

— “¡Pobres, hijos!, sigue hablando Ricardo. Hijos que piden y reclaman atención, los padres les dan niñeras y computadoras. Hijos que piden límites, los padres les dan juegos y dinero. Hijos que piden autoridad, los padres les dan gritos y reproches: “ya te compré estoy esto…,¿qué más quieres?”.

Los hijos re-quieren padres con autoridad, que no es lo mismo que autoritarios, que marquen el camino, que enseñen, que le dediquen tiempo, que les traten con firmeza y cariño a la vez. Padres que jueguen con ellos, que eduquen, que vayan al colegio a preguntar por sus notas, que les enseñen, que les exijan…

Dice la Biblia: — “Dios dio a los padres autoridad”.

“Papalo” se encuentra con su amigo “Beto”, de siete años: —““Beto”, ¿vienes a jugar a  mi casa?” El niño contesta: —“Ven mejor a la mía, está más ordenada, podemos jugar tranquilos”.

—“No, Beto, ahora ya podemos jugar en la mía, porque también en mi casa la que manda es mamá”.

Gumersindo Meiriño

El misterio de los Salmos. Dr. Gumersindo Meiriño en Paraguay

Blog Oficial del Dr. Gumersindo Meiriño Fernández

Entrevista en Canal 7 de Encarnación del Paraguay al Dr. Gumersindo Meiriño Fernández sobre el libro El misterio de los Salmos ISBN 978-987-1621-13-2.

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El misterio de los Salmos un libro que ayuda a rezar. Diario El Territorio

Blog Oficial del Dr. Gumersindo Meiriño Fernández

En declaración al diario El Territorio (Misiones, Argentina), el Dr. Gumersindo aclaró el objetivo de su nueva obra El Misterio de los Salmos, un libro que ayuda a rezar. Al rezarlos nos unimos a millones de místicos de las distintas religiones que los han recitado anteriormente, a Jesús, abrimos una puerta dimensional que nos une a ellos.

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