Padre malo, padre bueno I

rio.gumer.meirinoPadre malo, padre bueno I

Todavía lo estoy viendo en un negocio de Galicia. Un amigo en común me lo presenta y comenta: —“Es Ambrosio, el hijo mayor de Lucilo”.

El amigo en común sabe que tengo cierto trato con Lucilo. Le digo a Ambrosio.—“Tu papá es muy buena persona”.

Durante unos minutos no contesta solo escucha. Luego me cuenta su historia.—“Me fui de casa. Me cansé. Tengo veintiún años. Me arreglo solo, ya no vivo más con mis padres. Ellos me lo reprochan pero no aguantaba más. Estudio y trabajo. Usted dice que mi padre es bueno. Ya lo he escuchado de otras personas pero no sé si será tan así. Yo me he ido de mi casa porque a mis padres no le importamos, solo se preocupan por ellos mismos y por sus cosas”.

—“¿Te pega? ¿Te castiga? ¿Es muy exigente?”, pregunto asombrado.

—“No, nunca me ha tocado un pelo. Siempre nos ha dado lo que quisimos. Mi hermano tiene una moto impresionante. A mí, nada más cumplir los dieciocho años, me compró un auto nuevo. Nunca nos pegó. Pero mi otro hermano tiene catorce años, llega borracho a la madrugada, nadie le presta atención. Mi padre y mi madre duermen. Trae chicas a casa. Ni se enteran. No saben a la hora qué llegan sus hijos, ni cómo. Son padres ausentes. Me cansé de esta situación y me fui de casa. Vivo mucho más tranquilo”.

Al terminar la conversión caminaba por la cuesta que me llevaba a mi hogar pensando, ¿cómo es el padre bueno y el padre malo?, ¿quién es el mal padre y el buen padre?

Recibí, años más tarde, a una niña de doce años. Venía con su mamá. —“Padre, le traigo a mi hija que quiere hablar con usted”. La jovencita se sienta y comenta:—“Mi padre es muy malo. Me exige, me pone en penitencia, me corrige y, en ocasiones, me grita…”

Mientras llora aprovecho para preguntarle: —¿Te castiga?

—“Sí, me responde, muchas veces me ha castigado…”, no puede seguir con el diálogo porque llora amargamente.

Más tarde conversé con los papás. Una pareja normal que tenía dos hijos. La de doce años y uno de cuatro. El padre era bueno con ellos, les daba cariño pero era exigente sobre todo con la mayor. Le reclamaba las tareas de cada día, que ayudara a la mamá, que cuidara al hermano pequeño …. Todo normal, sin embargo, para la hija el padre era malo.

Es mal padre, el “padre bueno” que deja a la deriva a sus hijos. Es buen padre, el “padre malo” que pone los límites adecuados, que exige, que se esfuerza por marcarles el rumbo con firmeza, con cariño, con fuerza.

Gumersindo Meiriño

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Las apariencias engañan

gumer.meirinoLas apariencias engañan

Las apariencias engañan. Es apasionante la lectura de la vocación de David.  Me refiero al famoso rey de Israel cuya historia se relata en algunos de los libros de la Biblia.

Dios envía al profeta Samuel a la casa de Jesé para que unja un rey. Cuando Jesé presentó a Eliab, su primogénito, Samuel pensó que era el elegido porque, además de los derechos que tenían los primogénitos en esa cultura, era apuesto, inteligente, fuerte. Pero Dios dijo a Samuel: “No mires su apariencia ni su gran estatura, pues yo lo he descartado. No es cómo ve el hombre, pues el hombre ve las apariencias”. Así fueron pasando uno a uno todos los hijos hasta llegar al más despreciado humanamente, al más joven, David, que será el elegido por Dios para ser el rey de Israel (Cf. 1Sam, 16).

Dios es el que elige, el que sale al encuentro, el que toma la iniciativa. En tus pensamientos has de tener en cuenta esto. A ti te corresponde tener las disposiciones adecuadas, pero será Dios quien te hable primero al corazón. ¡Estate atento!

Cuando tratas con Dios, desde este punto de vista, hay dos movimientos; uno muy importante, que es la invocación a Dios, el levantamiento del corazón a lo Alto, esperando la respuesta del Todopoderoso. Es un movimiento de abajo hacia arriba. La persona se dirige a Dios. En este caso, tú recitas palabras sagradas que esperas tengan resonancia en el cielo y abran las dimensiones de la trascendencia en tu vida descargando bendiciones.

Pero este movimiento de abajo hacia arriba no tendría sentido sin que antes Dios abriese las compuertas de lo Alto. Él es quien busca al ser humano, Él es el que se pone a la distancia necesaria para que los humanos puedan gritar y ser escuchados. Sería el segundo movimiento de Arriba hacia abajo.

La sucesión de tiempos en toda oración auténtica, se desarrolla así. Dios te busca, te encuentra y te elige. Eres importante para Él. Vives en su corazón, en su mente, en su presencia. Luego tú aceptas esa presencia, la cuidas, la cultivas, la entiendes, la comprendes, la amas y usas las herramientas adecuadas cuando la descubres de verdad, para no perderla nunca. Pues has encontrado una perla de gran valor, el tesoro escondido, del que habla el Evangelio (Cf. Mt. 13, 44-46).

El espíritu de David que es elegido por Dios te invita a descubrir que no eres un cero a la izquierda, porque Dios está interesado por ti y por tus cosas, está cerca, está a tu lado, te escucha.

Con Dios no puede haber actitudes mentirosas. Ante Él uno es lo que es. No es más porque tenga mucho dinero, un magno “curriculum”, un gran futuro, mucho poder o tenga un cuerpo escultural. Ante Él, solo vale lo real, lo que somos y tenemos en el corazón

Si en lo humano pasa muchas veces, cuando Dios anda por medio pasa (casi) siempre, como en el caso de David, las apariencias engañan.

Gumersindo Meiriño

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La evasión de lo real a lo virtual (Un sueño con Ignacio de Loyola)

gumer.meirino.internetLa evasión de lo real a lo virtual (Un sueño con Ignacio de Loyola)

Esta noche soñé con Ignacio de Loyola, el fundador de los jesuitas. Los dos estábamos en Manresa, cerca de Barcelona, donde él pasó tres años de purificación y penitencia, esperando para tomar un barco que le llevara a Tierra Santa.

Paseábamos por las orillas del río Cardoner. Ignacio me habló la imagen que solía ver los primeros meses que pasó en Manresa: —“Veía una cosa en el aire …, de algún modo parecía una serpiente, y tenía muchas cosas que resplandecían como ojos, aunque no lo eran. Yo me deleitaba mucho y me consolaba viendo eso, y cuantas más veces la veía tanto más crecía mi consolación y cuando aquello desaparecía me disgustaba”.

—“Hijo, me dijo Ignacio, esa imagen que yo veía en Manresa sigue dándose hoy de igual forma pero más moderna. Son las imágenes virtuales a los que la gente del siglo XXI tiene fácil acceso. Me refiero a las imágenes de internet, de los canales de multimedia. Parece que las personas de hoy en día se tranquilizan, se relajan, se encuentran cómodas cuando llegan delante de la computadora y se conectan al mundo virtual de internet”.

Ignacio puso la mano sobre mi hombro. Caminaba cojeando levemente. No podía verle bien, pero sentía como la sotana movida por el viento tocaba mi cuerpo. Seguimos río arriba por la orilla del Cardoner. Nos sentamos al lado de una cruz donde me comentó: — “Hijo, estando delante de esta cruz vi bien que no tenía aquella cosa tan hermosa el color que solía tener; y tuve un claro conocimiento de que no era de Dios, sino del demonio, el cual me había estado distrayendo e incluso me había hecho perder el barco que yo estaba esperando para ir a Tierra Santa”.

Sentí, otra vez, la mano del fundador de los jesuitas en mi hombro mientras me decía: —Algo semejante pasa con las nuevas imágenes de internet, televisión etc., el demonio las usa para entretener a las personas. Ellas se confunden, les parece que reciben consuelo, pero no son más que imágenes, “cosas en el aire”, parecen buenas, parecen reales, pero no lo son, no son realidad. Pierden el tiempo. Pasa el barco de la vida a su lado con millones de oportunidades y no se dan cuenta. ¡Cuántos de tus compañeros se mueven en un mundo imaginativo y no son capaces de pisar tierra firme! Fíjate como algunos de ellos, buena gente, por este motivo están necesitados de tratamientos psicológicos. Ten esto en cuenta para ti y para los que van a cruzarse en tu camino, ¡ayúdalos!”.

¿Es malo internet?, le pregunté.

No, hijo, no lo es. Lo que es perverso es el uso que le dan algunas personas que se dejan robar el tiempo y se evaden de lo real a lo virtual, respondió con voz clara y amable.

En esto una suave lluvia que golpeaba el techo de la casa me sacó del sueño con Ignacio en Manresa.

Gumersindo Meiriño

Puede leer este artículo y escuchar el programa semanal de radio De Oriente a Occidente en este enlace:

http://www.radiocataratas.com/noticia_20754.htm

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