Plantas de invernadero

pajaro.arbolPlantas de invernadero

Las manzanas de la finca de mi padre a veces maduran y a veces no. Algunos años los manzanos se llena de frutas y otros no. Suelen tener como inquilinos habituales en su interior a unos hambrientos gusanitos y suelen estar adornadas, cuando maduran bien, por unos agujeros hechos por los felices pajaritos que las picotean . Pero saben a manzana, huelen a manzana, …Son criadas en medio de heladas, fríos y calores.

Las manzanas del supermercado tienen un lindo color, son todas iguales, hermosas a la vista, nunca tienen el gusanito dentro, ni las picaduras de los pájaros, siempre hay cientos apiladas …, pero saben a plástico, no tienen olor, ni sabor a manzana …. Son criadas en invernadero.

Parece que alguna de las generaciones de personas con las que nos toca convivir proceden de criaderos, de invernadero.

Este diálogo es real. Son las nueve y veinte de la mañana de un día de verano. Lorenzo, que tiene veinticuatro años había quedado a las nueve de la mañana de enviar un mensaje avisando para empezar un trabajo en equipo online. Alberto, el compañero, le manda un mensaje por el famoso whatsapp. “¿Te levantaste ya?” A los dos minutos se escucha un pitido, el amigo lee la respuesta: “Sí, ya me conecto”. Pasan varios minutos de silencio. Alberto le envía un nuevo whatsapp: “¿Ehhhh…., estás ahí?….”  A escasos segundos llega la respuesta, que suena como un lloro en plena guerra mundial: “¡Cómo cuesta levantarse!”.

Podría ser un cuento, pero no lo es. Es real. Cierto número de jóvenes de hoy, que rondan los veintitantos, son cada vez más parecidos a las frutas de invernadero. Por fuera, buenos, simpáticos, agradables, vicios los justos, no son demasiado rebeldes…, pero luego les falta el contacto con la vida, los fríos, las heladas, los calores. Han vivido bajo las alas de unos padres o abuelos que se han preocupado por darles de todo, abundante comida, ropa de marca, buenos colegios, …, pero se olvidaron que las personas nos movemos y existimos si nos educan y ponemos en marcha la inteligencia y, sobre todo, la voluntad. Si estos dos motores del ser humano no funcionan podemos lustrarnos, aparentar, movernos…, pero no dejamos de parecernos a seres de otra especie que viven para comer, procrear, dormir y despertar al otro día cuando el instinto lo determine. Incluso estos últimos, los animales, tienen más vida porque les mueve el instinto.

Al ser humano o le mueve la inteligencia y la voluntad o no lo mueve nada ni nadie, como dicen en Argentina de forma magistral, “se achancha”

Lo bueno y real de la juventud es que aún le queda un “tiempito”. La vida le espera y todavía puede levantarse. Algunos lo han hecho, a tiempo, otros …

Al poco rato entra otro whatsapp en el teléfono de Alberto: “Espérame un minuto que ya me levanto”.

Gumersindo Meiriño

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