El gorrión y el águila

gumer,meirino.aguilaEl gorrión y el águila

Ofelia, la persona que inspiró el artículo de la semana pasada, respondió:

“¡Hace tantos años que nadie me llamaba Águila!  El águila ha sido siempre mi animal favorito. De niña y adolescente forme parte de un grupo scout católico, mi tótem era águila y mi nombre  águila Ofelia, por eso usé  ese nombre en alguna ocasión.

Siempre me causó fascinación poder volar, elevarme en el aire y verlo todo desde arriba. De niña y joven a menudo volaba en sueños y me resultaba una sensación muy agradable. Debe ser que me he hecho ya muy, muy mayor, que hace mucho, mucho tiempo, que no vuelo en sueños, ni siquiera recuerdo normalmente lo que sueño. Durante las muchísimas horas que he dedicado al patinaje artístico, lo que más me gustaba era la sensación del viento en la cara cuando me deslizaba, saltaba o hacía piruetas a mucha velocidad”.

El universo, la naturaleza tiene un orden. Viene el otoño, se caen las hojas, en la primavera se siembra, en el verano se cosecha y en el invierno, con el frío, todo se recoge hacia el interior, en una especia de letargo. Cada jornada tiene noche y  día. El ser humano inmerso en medio del universo, formando parte de él, también o se mueve de acuerdo a un orden o se autoflagela.

El águila Ofelia quiere volar porque va en la naturaleza de la persona. Si no surca con sus alas los aires de la espiritualidad es como un invierno sin frío o una primavera sin flores. El ser humano ha de volar, como dicen en Argentina, “sí o sí”. Ha nacido para alcanzar altas cumbres, sueños elevados, para sentir en su cara la sensación fascinante del viento, para que su alma vibre a tanta altura que como decía el gran místico Juan de la Cruz,  “volé tan alto, tan alto, que le di a la caza alcance”.

Un día hablaba de esto con un chico joven que me miró con cara de asombro como diciendo, “¡qué iluso, eso solo existen en los cuentos”. Me vino a la memoria la cita de otro escritor conocido, llamado Escrivá, que decía que se sentía como gorrión que fue arrebatado por un águila y que ésta al llegar a las altas cumbres suelta al gorrión y le dice, “ahora vuela”.

Los seres humanos somos águilas, nacidos para metas altas, porque tenemos lo más valioso de lo que se conoce aquí en el planeta tierra, la inteligencia, la voluntad, el espíritu.  Lo material, la codicia, la avaricia, la envidia, la pereza… son cosas del barro.  La alegría, la generosidad, la amabilidad, la cordialidad, el optimismo …son de los que vuelan.

Pero si alguna vez te sientes gorrión, no temas, agárrate de los brazos de tu Padre Dios, de las águilas que Él puso a tu lado, y vuela alto, alto…

Gumersindo Meiriño

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