La oración de Camila

camila.gumer.meirinoLa oración de Camila

Con el paso de los años inevitablemente vamos despidiendo a  personas queridas. Hace unos días nos tocó acompañar en el viaje a otras dimensiones a Camila.

Camila era una mujer grande que tenía arraigadas muchas costumbres, algunas de ellas le traían ciertos conflictos con sus creencias católicas. En el despacho de la parroquia, hace años, me planteó si era pecado “vencer el empacho”. Le pregunté cómo hacía. Me contó los ritos, las invocaciones religiosas, la oración del padrenuestro . Le dije: “¿solo eso y es eficaz?”, respondió, ¿qué quiere que haga más? y claro que sirve por eso vienen a pedirme que “les cure el empacho”. Entonces le contesté con una sonrisa: “¡adelante!, no solo no es pecado, sino una obra de caridad.

Crió nueve hijos, muchas veces sola, porque el marido, por motivos de trabajo se desplazaba  y estaba varias jornadas, incluso semanas, afuera de la casa.

Dos de sus hijas contaron que una tarde en el lugar donde trabajan  vieron pasar  la sombra de un hombre que subía al tejado. Lo buscaron pero no lo encontraron por ninguna parte. Se asustaron y se lo confesaron a su mamá, Camila. Ella les aconsejó lo siguiente: “Hijas, no tengan miedo. Cuando les suceda algo así, tienen que decir: ¡Jesús, Jesús, Jesús! Si es algo malo, se va; si es algo bueno no tienen nada que temer”.

No sé de dónde sacaría Camila tanta perspicacia pero su enseñanza es práctica, fácil y de una gran sabiduría, en lo teológico, en lo ecuménico, o, si quieren mejor, en lo interconfesional.

En lo teológico porque algo semejante escribió Pablo de Tarso en uno de los libros de la Biblia: “al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra y en los abismos” (Fp 2,10)

En lo interconfesional y ecuménico porque es lo mismo que enseñaba, nada más y nada menos que, Gandhi. Cuando le preguntaron cómo oraba comentó que, aunque era hinduista, nunca fue muy partidario del yoga porque el practicaba otro ejercicio aprendido de su nodriza en la infancia. Tenía miedo a los fantasmas y la niñera le enseñó el Ramanama,  es decir, la pronunciación y repetición del nombre de Dios, ¡Rama, Rama, Rama!

¿¡Cómo puede coincidir en su forma de dirigirse a Dios, un sabio hindú que provocó la liberación de su país, con Camila, una madre de familia numerosa que vivió en el cerro de una pequeña población de Argentina!? El Espíritu Santo no tiene puertas ni nacionalidades, sopla en todas partes; en donde quiere.

¡Jesús, Jesús, Jesús!, la oración que Camila enseñó a sus hijas.

Gumersindo Meiriño

***

Gracias por su visita

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2 comentarios

  1. HERMOSO MENSAJE!!GRACIAS POR COMPARTIRLO.

  2. Que buena enseñanza ” el aguila”. Felicidades

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