El águila

aguila.gumer.meirinoEl águila

Querida Ofelia, todo lo que cuentas me trae a la memoria el águila y la gallina. Hay personas que están preparadas para volar alto, para subir a las altas cumbres, para respirar aire puro. Hay otras, sin embargo, que prefieren vivir en el corral, comer basura del suelo, engordar como “pavitos para fin de año” y no ver más que las cuatro paredes que rodean el gallinero.

El águila vive en las cordilleras. Mira desde el cielo. Tiene la perspectiva desde arriba. Ama el sol, vuela libre, saborea el viento fresco de las cumbres. Ve mucho mejor y más lejos que las demás aves. Se encuentra con otras de su especie, en lo alto. Se conocen, se distinguen, se respetan… De vez en cuando baja al suelo, a cazar algún animalillo, algún conejo, comparte algunos segundos en la tierra, lo necesario para alimentarse, para hacer algo concreto y regresa a su hábitat.

Ofelia en tu trabajo encontrarás cuervos, víboras, áspides, …, todo tipo de bichos…, como águila no pierdas el tiempo con ellos. Dedícale lo imprescindible y luego vuela, vuela, vuela…, mi querida águila, vuela.

En las reuniones sociales vendrán a saludarte mucho tipo de personas que intentarán aparentar que son grandes porque tienen muchas cosas, porque son muy listas, porque ganan mucho dinero, salúdalas, escúchalas, dedícale el tiempo justo y necesario. Luego vuela, vuela, vuela…, mi querida águila, vuela.

En las instituciones que participas escucharás palabras lindas que se tornarán en críticas despiadadas en cuanto te vayas. Esto pasa en las iglesias, en los vecindarios, en los comercios, en las familias, entre las “ pandillas de amigos”…, no permitas que nadie hable mal de nadie que no esté delante para defenderse y participa en esas reuniones como águila, dando un poco de tu tiempo para luego volar alto.

Estate atenta porque te encontrarás con los de tu especie, personas trabajadoras, sencillas, discretas, honradas, nobles, en cualquier lugar. Ellos también bajan al mundo y, a veces, se topan con gallineros, con gallos y gallinas. Luego se limpian y otra vez con las alas del amor extendidas surcan los cielos. Son personas águilas, como tú. Con ellas tendrás encuentros gratos, enriquecedores.

Después de las reuniones, pasajeras, con las aves de corral,  se te pegará barro, basura, mal olor, aguas sucias, los gusanos que comen las aves de corral…., entonces, sigue el consejo de Jesús en el Evangelio, “sacude tus pies”. Sí, “sacude tus pies”, incluso materialmente, no entres en el nido de tu hogar, sin antes dejar todo lo sucio que se te ha pegado en los zapatos afuera.

Querida Ofelia, no juzgues a las gallinas, están hechas para engordar y picotear las sobras que arrojan al corral, no  pierdas el tiempo con los bagres, que nadan felices en las aguas sucias y turbias. Tú eres águila, vuela, respira, disfruta de la paz, de la amistad, del amor, de la naturaleza… Cada uno sabe lo que es, gallina o águila.

Gumersindo Meiriño

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La oración de Camila

camila.gumer.meirinoLa oración de Camila

Con el paso de los años inevitablemente vamos despidiendo a  personas queridas. Hace unos días nos tocó acompañar en el viaje a otras dimensiones a Camila.

Camila era una mujer grande que tenía arraigadas muchas costumbres, algunas de ellas le traían ciertos conflictos con sus creencias católicas. En el despacho de la parroquia, hace años, me planteó si era pecado “vencer el empacho”. Le pregunté cómo hacía. Me contó los ritos, las invocaciones religiosas, la oración del padrenuestro . Le dije: “¿solo eso y es eficaz?”, respondió, ¿qué quiere que haga más? y claro que sirve por eso vienen a pedirme que “les cure el empacho”. Entonces le contesté con una sonrisa: “¡adelante!, no solo no es pecado, sino una obra de caridad.

Crió nueve hijos, muchas veces sola, porque el marido, por motivos de trabajo se desplazaba  y estaba varias jornadas, incluso semanas, afuera de la casa.

Dos de sus hijas contaron que una tarde en el lugar donde trabajan  vieron pasar  la sombra de un hombre que subía al tejado. Lo buscaron pero no lo encontraron por ninguna parte. Se asustaron y se lo confesaron a su mamá, Camila. Ella les aconsejó lo siguiente: “Hijas, no tengan miedo. Cuando les suceda algo así, tienen que decir: ¡Jesús, Jesús, Jesús! Si es algo malo, se va; si es algo bueno no tienen nada que temer”.

No sé de dónde sacaría Camila tanta perspicacia pero su enseñanza es práctica, fácil y de una gran sabiduría, en lo teológico, en lo ecuménico, o, si quieren mejor, en lo interconfesional.

En lo teológico porque algo semejante escribió Pablo de Tarso en uno de los libros de la Biblia: “al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra y en los abismos” (Fp 2,10)

En lo interconfesional y ecuménico porque es lo mismo que enseñaba, nada más y nada menos que, Gandhi. Cuando le preguntaron cómo oraba comentó que, aunque era hinduista, nunca fue muy partidario del yoga porque el practicaba otro ejercicio aprendido de su nodriza en la infancia. Tenía miedo a los fantasmas y la niñera le enseñó el Ramanama,  es decir, la pronunciación y repetición del nombre de Dios, ¡Rama, Rama, Rama!

¿¡Cómo puede coincidir en su forma de dirigirse a Dios, un sabio hindú que provocó la liberación de su país, con Camila, una madre de familia numerosa que vivió en el cerro de una pequeña población de Argentina!? El Espíritu Santo no tiene puertas ni nacionalidades, sopla en todas partes; en donde quiere.

¡Jesús, Jesús, Jesús!, la oración que Camila enseñó a sus hijas.

Gumersindo Meiriño

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Para el 2013, ninguna página en blanco

pagina.en.blanco.En el último año santo compostelano, (dos mil diez) decidimos darnos una vuelta por Finisterre, al que siguen llegando cientos de peregrinos después de pasar por Santiago y al que los romanos consideraban el “finis” ( fin)  “terrae”, (de la tierra).

El lugar tiene “ángel”, como dirían los andaluces. Y las personas que merodean por allí, después de cientos de kilómetros en sus pies, también tienen “algo”. Entre otros, conocimos a un peregrino que tenía cara de satisfacción. Tostado por el sol, alegre y meditativo observaba absorto el inmenso mar desde la roca que señala el “finis terrae”.

El mundo es cada vez es más pequeño. Resultó que nuestro amigo peregrino era de Argentina, lugar donde, el que escribe y su esposa residen parte del año. Nos contó su experiencia, lo vivido en cientos de kilómetros, desde la salida de Saint Jean Pie de Port en Francia, su estancia en la catedral de Santiago y su llegada a Finisterre. Le pregunté qué ritos había hecho al llegar al punto cero del Camino. Es conocido que algunos de ellos queman la ropa vieja con la que han hecho el Camino y luego arrojan las cenizas al mar. Desde ese momento empiezan una nueva vida. Así lo recuerdan un zapato de caminante en bronce, las ropas y  el calzado colgados que se ven a las orillas del mar, al lado del faro de Finisterre.

“Aquí quemé una página en blanco, contestó Alejandro. Me inspiró esto la letra de la canción de un cantante español que dice “nunca más, en mi vida, una página en blanco”. Con ella he quemado todos los momentos de dolor y sufrimiento de mi vida pasada y empiezo de nuevo, pero sin dejar nunca más, una hoja en blanco. Pase lo que pase hay que seguir escribiendo”.

Me quedé pensado en la cara de Alejandro, tostada por el sol, en su caminar pensativo y feliz, por las orillas del mar Cantábrico, hasta llegar a la meta, el kilómetro cero del Camino de Santiago. Vi los miles de peregrinos de la historia que llegaron a aquel punto. También a aquellos que quemaron todo y comenzaron de nuevo, valientes soldados de la existencia cotidiana que decidieron recomenzar de cero, dejando lo viejo enterrado para siempre entre las olas de la llamada, por los gallegos, “A Costa de Morte”. Para aquellos aventureros del Camino, el kilómetro cero de su nueva vida era aquí, frente al mar, después de horas de soledad, de mirar las estrellas, los pájaros, la lluvia, el calor, de escuchar la música del viento… Y decidieron escribir en la página en blanco que se abre cada día.

Todos corremos el riesgo de paralizarnos, de quedarnos sentados con la mirada en nada ni en nadie, después de algún choque con la vida. El cobarde que deja páginas en blanco recuerda mucho a aquel del Evangelio, vago y holgazán, que escondió su talento. Jesús le dijo: “A este vago e inútil echadle a las tinieblas, donde será el llanto y el rechinar”.

No dejan de resonar en mi mente las palabras del peregrino argentino, a partir de hoy, sin mirar atrás, “nunca más una página en blanco”. Un buen lema para este 2013 que empieza.

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