El sol que disipa las nubes

El Sol que disipa las nubes

Sentirse querido es algo que alienta, fortalece, refresca el alma y la sana. Estoy mirando por la ventana de mi despacho y veo como las palmeras, los árboles y algunas rosas en su esplendor son agitados por el viento. Parecen contentos  a la espera de la tormenta porque van a refrescarse y alimentarse del agua copiosa que hace días no aparece oculta bajo un intenso sol de verano. En este contexto releo el testimonio de una persona que se sintió igual que la naturaleza en sequía y que una simple gota de agua en su espíritu hizo que rebrotase y comenzara a dar fruto de nuevo.

Así lo relató ella misma:

“Soy una joven de veintinueve años que pasó por momentos muy duros y que gracias a Dios regresó al mundo de la felicidad. Me casé hace varios años y tengo unos hijos estupendos y un esposo que es especial por todo lo que tuvo que padecer por mi causa. Me casé, feliz. Cuando empezaron a llegar los hijos mi peso aumentó varios kilos. Al encontrarme con mis amigas y conocidas todas me recordaron lo gordita que estaba quedando. Empecé a ir al gimnasio, a caminar … pero era peor porque me daba hambre y terminaba engordando todavía más. Entonces empecé a tomar comidas dietéticas, artificiales y productos para adelgazar. Cuanto más adelgazaba más gorda me veía. Empezaron mis visitas al psicólogo y luego al psiquiatra. Me dijeron que padecía anorexia. Me medicaron pero cada vez mi situación era peor. Hasta que un día me dejaron en un Centro Psiquiátrico con muchos medicamentos. Allí pasé un verdadero tormento. No sé cómo es el infierno pero si es como esos días que pasé ingresada en ese Centro no se lo recomiendo a nadie.

A veces entre nebulosas pensaba en mis hijos y lloraba, lloraba. No entendía nada y quería estar con ellos, con mi marido. La desesperación hacía que muchas veces pensara en la muerte. Entonces recordaba a mi familia y el dolor se hacía insoportable. Estaba perdida, desorientada, triste, desesperada, acorralada…, Padre ponga usted todos los calificativos que quiera y no serán exagerados. A parte de la medicación y la atención de los profesionales que supongo que ayudarían hubo algo que cambió mi vida. Una amiga me trajo una Biblia. Soy católica y suelo ir a Misa e incluso fui catequista en la parroquia. Me aferré a la Biblia. Pasaba horas leyendo. Hasta que un día leí el Salmo veintisiete y lloré de alegría y ahí empezó mi nueva vida. Al llegar al versículo diez, “Si mi padre y mi madre me abandonan, el Señor me recogerá”, mi corazón dio un vuelco, no estaba sola, me sentía acogida….

He regresado a mi hogar recuperada. Hace pocos días me han confirmado que estoy de vuelta embarazada y feliz. Reconozco que a veces vienen pequeñas nubes tormentosas a mi cabeza, pero llevo una vida normal.

Cuando aparecen esas nubes oscuras, como las llama usted, recuerdo que Dios me ama y que, aunque todos me abandonen, Dios me recogerá y entonces siento como el sol va disipando las nubes.

Gumersindo Meiriño

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