Cambiar el mundo

Cambiar el mundo

Se llama Tiberio. Tiene veintiún años y me mira como si fuera un sabio que recién sale de su cascarón eufórico. Me pide opinión sobre un tema. Relata con aire grandilocuente su vida, sus dudas. Cuanto intento responder no me deja terminar y me comenta algo de que, a pesar de su juventud, ha vivido muchas experiencias y ha recorrido el mundo… Como no logro que escuche le pregunto por los países que ha visitado a lo que contesta inmediatamente, Chile, Bolivia y Argentina. Tiberio habla y habla. Apenas logro encadenar cuatro frases seguidas que vuelve a interrumpirme. Entonces le pido una tregua.

“Mira no sé en qué puedo ayudarte, pero, ¿tú me puedes ayudar a mí? Tiberio responde: “Síiiiiiii, por suspuesto… Agarro una hoja de mi anotador y se la doy en la mano diciendo: Lee este pasaje, escribe tu opinión y regresa en media hora para que sigamos conversando. El joven toma la hoja y gira dando media vuelta, bien erguido.

De joven yo era un revolucionario y mi oración consistía en decir a Dios: “Señor, dame fuerzas para cambiar el mundo”. A medida que fui haciéndome adulto y caí en la cuenta de que me había pasado media vida sin haber logrado cambiar a una sola persona, cambié mi oración y comencé a decir: “Señor, dame la gracia de transformar a cuantos entran en contacto conmigo. Aunque sólo sea a mi familia y a mis amigos. Con eso me doy por satisfecho”.

Ahora, que soy un viejo y tengo los días contados, he empezado a comprender lo estúpido

que he sido. Mi única oración es la siguiente: “Señor, dame la gracia de cambiarme a mí mismo”.

Si yo hubiera orado de este modo desde el principio, no habría malgastado mi vida”.

Tiberio regresa presuroso a los diez minutos. Ya traigo las conclusiones.  Le contesto: “Te dije media hora porque yo también tengo que hacer una labor que me llevaba ese tiempo. Por favor, ahora necesito otra media hora. Vuelve a leer el párrafo, haz un nuevo comentario y regresa dentro de ese tiempo, porque ahora estoy ocupado. Con cara de poco agrado giró de nuevo sobre sus talones y se fue. A la media hora leo algunas de sus anotaciones.

A partir de hoy voy a escuchar cuando hablo con otra persona. A partir de hoy no me va a ganar la ansiedad y el egocentrismo. A partir de hoy voy a intentar cambiar a una sola persona, a mí mismo…, voy a cambiar el mundo empezando por mí.


Gumersindo Meiriño
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