El muerto, el ilusionista y el Viviente. Mensaje de Pascua

flor_violetaEl muerto, el ilusionista y el Viviente

Mensaje de Pascua

Con motivo de las fiestas de la Pascua, la Resurrección de Cristo, me encuentro que todo funciona a un ritmo distinto, incluso veo las caras más alegres, risueñas. Y recorriendo distintos caminos me encontré con el muerto, el ilusionista y el vivo.

Al muerto lo encontré recordando una experiencia en el Seminario, en mis años de adolescencia. Había vivido con tanto entusiasmo el jueves santo y, sobre todo, me había tomado tan en serio la oración ante el Monumento que, cuando llegó el Viernes y el Sábado, que no había Monumento, me pareció que no sabía qué hacer o a dónde ir a orar. Este es uno de los riesgos, quedarnos en el pasado, mirando la sepultura, paralizados en el ayer. Unas mujeres acudieron a la sepultura de Jesús para ungirlo y unos ángeles se les aparecieron y les dijeron: ¿por qué buscáis entre los muertos al que está vivo? Cuando vivimos recordando, pensando en el pasado, en lo que hemos vivido en épocas anteriores nos pasa como a estas mujeres perdemos el contacto con lo real. Algunos se dicen cristianos pero no lo son, porque creen en los muertos. Volver la mirada atrás es casarse con un muerto. El pasado no existe. Ya está enterrado. Si uno se casa con un cadáver y duerme con con él ¿qué le pasa? Estamos hablando del muerto.

El otro extremo es vivir en la ilusión del futuro. Cuando Cristo, después de aparecerse a los discípulos, se fue de este mundo terrenal (en la teología católica eso se llama la Ascensión de Jesús en cuerpo y alma al cielo), muchos de sus seguidores empezaron a soñar con la nueva venida de Jesús en el futuro. Así surgieron grupos, que todavía tienen alguna vigencia, como los milenaristas. Viven pensando en cuándo va a regresar el Maestro para poner orden y establecer el verdadero Reinado de Cristo. Creen que lo mejor está por venir y viven preparándose para ello. Les pasa como aquellos apóstoles que miraban al cielo viendo cómo Jesús se elevaba y entonces se les aparecieron unos ángeles que les dijeron: Qué hacen ahí pasmados mirando al cielo el mismo que ven subir volverá. Y así viven en la ilusión de un futuro pero se olvidan del hoy, del presente. Navegan en el mundo de lo irreal. Estamos hablando del ilusionista.

En el camino del medio está el que vive el hoy. Conoce su pasado, lo ha masticado, lo ha digerido, le da gracias a Dios por todo lo vivido. Es experiencia que le ayuda a analizar el presente y elegir sabiamente. Vive de acuerdo aquella máxima sabia, a cada día le basta su afán. Proyecta el futuro pero viviendo el presente. Duerme en paz porque ni el pasado ni el futuro le privan del sueño, y así resucita alegre y optimista cada mañana en el presente de cada día. Estamos hablando del resucitado, del que vive, el Viviente.

Mira en tu interior quizás reconozcas en ti el muerto, el ilusionista y el Viviente.

Gumersindo Meiriño

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¿Es el Islam una religión peligrosa?

¿Es el Islam una religión peligrosa?

Esta es una de las grandes preguntas que se formulan muchas personas en la calle y que miran de reojo cuando ven que se les acerca una persona con turbante o con aspecto de árabe.

¿Es el Islam un peligro?

Pues no, no lo es. Lo que sí es peligroso es el uso que se hace del Islam por parte de algunos.

¿Qué quiere decir esto?

Cuando la religión se utiliza para conseguir poder, mantenerse en él, o seguir aumentándolo, cualquier religión es un peligro.

A lo largo de la historia todas las religiones cuando se han utilizado como instrumento de poder han resultado sumamente peligrosas pues ocasionaron guerras, injusticias, robos, asesinatos …

La religión es un instrumento poderosísimo y sumamente eficaz. Si se le utiliza de forma incorrecta puede provocar daños extraordinarios. Al mismo tiempo que, si se emplea de forma adecuada es un medio poderosísimo para la paz, el equilibrio y la concordia entre las personas y las naciones.

Por lo tanto, el Islam no es el peligro, la cuestión es el uso que le dan al Islam algunos de los hombres de esa religión, lo mismo que pasa en el cristianismo, en el hinduismo, en el judaísmo ….

Gumersindo Meiriño

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Las revoluciones sociales en el mundo árabe y las religiones

Las revoluciones sociales en el mundo árabe y las religiones

Los cambios en el mundo árabe a nivel político y social el cambio en el mundo árabe es impactante. Cabe preguntarse, ¿qué pasará en estos países donde el más del noventa por ciento son musulmanes?, ¿qué pasará con la religión?

Las religiones pelean por poder, ventajas sociales, por los derechos …

Los cristianos se sienten discriminados en estos países, los musulmanes les pasa algo similar, en los países europeos, aunque salvando ciertas diferencias referidas a la libertad religiosa y de culto.

Gadafi decía en Italia hace unos meses que el Islam debería ser la religión de toda Europa

¿Estos cambios sociales cómo influirán en la religión?

¿Cambiarán las religiones? ¿Dejarán de ser instrumentos de poder social?

En mi opinión si las políticas sociales y las libertades siguen aumentando, los que van a avanzar son los hombres de la espiritualidad y del amor. Las religiones seguirán teniendo muchos adeptos, sumisos, con ansias de sacar ventajas de todo tipo. Los que van a sumar y aumentar la habitabilidad de esta tierra son los hombres de Dios, alimentados de las distintas religiones, del Islam, del cristianismo, del judaísmo, del hinduismo,… que sacan agua de la misma fuente, es decir, de Dios-Amor, pero con distintos minerales y embases, es decir, con distintas religiones. Y la sopa con cuchara …

Gumersindo Meiriño

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El “nuevo ateísmo”

El nuevo ateísmo

En el siglo XIX surgió con fuerza una reacción a todo lo religioso personalizada en los famosos filósofos de la muerte de Dios, de la que somos herederos todavía hoy.

Aquella corriente que parecía olvidada ha renacido en el siglo XXI con el nuevo ateísmo. El nuevo ateísmo se caracteriza por la negación de Dios a nivel práctico. No es tanto una negación teórica de Dios, de la idea o concepto de de Dios si no más bien de vivir “como si Dios no existiera”.

Esta es la gran encrucijada para el ser humano del siglo XXI el tener en cuenta a Dios de forma real en la vida cotidiana o de tenerlo tan lejano que, sin negarlo, no se le tiene en cuenta en nada de lo que la persona vive.

El que niega la existencia de Dios  y argumenta sobre ella, en realidad,  le tiene presente aunque solo sea para negarlo. Es como el que blasfema, en el fondo, insulta a Dios con la boca, le echa la culpa de lo que le pasa porque en el fondo lo tiene presente. Pero el “ateo del siglo XXI” dice afirmar la existencia de Dios y luego no lo tiene en cuenta.

Incluso hay “cristianos ateos”. Aquellos que se han bautizado, han hecho la primera comunión, la confirmación e incluso se han casado por la iglesia y quieren que se les sepulten cristianamente pero que luego dejan a Dios prisionero en esos cuatro o cinco acontecimientos y en todo lo demás es Alguien tan lejano que no importa.

El ateísmo es un fenómeno respetable y que plantea interrogantes fuertes a los que nos decimos creyentes. Y la sopa con cuchara…

Gumersindo Meiriño

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El lugar donde vive Dios

El lugar donde vive Dios

Cuando recorría por primera vez los distintos lugares de la diócesis de Ourense y de otros cercanas, quedé perplejo con los pequeños pueblitos gallegos con apenas dos decenas de personas que se habían criado alrededor de una iglesia enorme y bellísima.

Algunas de ellas se están convirtiendo en ruinas históricas. Mis amigos sacerdotes  se siguen preguntando con frecuencia, “¿qué va a pasar con los centenares de templos e iglesias de estos pueblos? Algunos de estos edificios majestuosos se han convertido en museos, bastantes en hoteles …., pero y ¿los otros?”

Predicaba en una parroquia que me habían asignado y les decía que si pusiesen una bomba en la iglesia y quedase hecha cenizas no sería nada grave porque la creencia no dependía de un templo si no de la fe de las personas.  Al terminar varias mujeres me esperaron para increparme y corregirme. Sigo pensando lo mismo. ¿Qué pasaría si se destruyese la Meca, la  Mezquita de la Roca, la basílica de San Pedro, …? Pues a nivel de creencias… poca cosa. ¿No fue lo que pasó al Templo de Jerusalén al que ahora llaman el Muro de las Lamentaciones? ¿Qué sucedió con los templos donde estuvo Jesús del que se conservan cuatro piedras? ¿Qué pasó con los grandes templos de religiones primitivas?

Soy partidario de que se conserve el patrimonio artístico, pero también que se reconozca su verdadero valor. Los templos son obras humanas como tales reflejan actos y  valores de los hombres que, como tales, tienen los días contados, son finitos. Que se pregunte el cristiano, ¿dónde se reunía Cristo con sus discípulos y apóstoles? En la montaña, al lado del lago de Galilea, en terrenos solitarios …

El verdadero lugar de encuentro con Dios es la naturaleza, los sitios más sagrados son los que el mismo creador ha dejado en nuestras manos. Vivir inmerso en medio de la naturaleza, rodeado de vida y de la belleza de lo creado, hace que el corazón humano estalle de alegría y de felicidad. Ese estallido es una verdadera experiencia mística. De ahí que la naturaleza sea el auténtico sagrario donde Dios vive y se manifiesta. Y cada ser humano, cada persona, obra cumbre de la creación, es un Sagrario especial de encuentro con Dios.

Las religiones se pelean por conservar “piedra sobre piedra”. Pero la piedra angular sobre la que se construye la relación con Dios no es un edificio. A Dios no se le puede encerrar entre cuatro paredes, llenas de pinturas y esculturas … El ser humano o se encuentra con Dios en su corazón y en las obras de la creación o no lo encuentra. Conservemos los muros de piedras, estatuas de maderas, pinturas al óleo…, total para hacerlo solo se necesita “plata”, pero no olvidemos que los sagrarios donde Dios vive y se manifiesta de forma universal es su Creación y de forma maravillosa y bella en el corazón del ser humano, obra maestra del Amor, el verdadero templo,  el lugar donde vive Dios.

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Gumersindo Meiriño

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¡Ay!, ¡Jerusalén, Jerusalén!

¡Ay! ¡Jerusalén, Jerusalén!

Jerusalén, la ciudad santa. Te visito acompañado de mi esposa, de Javier y Encarna. Conversamos del aprovechamiento turístico de la ciudad, de los grupos organizados que encontramos de nacionalidades dispares. Hoy eres totalmente nueva y distinta a la de hace ocho mil o la que recibió a Jesús hace dos mil años. Pero más allá de lo que ven mis ojos, oyen mis oídos, de lo que respiro, huelo o siento, soy consciente de que piso la misma tierra que Abraham, Isaac, Josué, José, que el rey David, Saúl, Salomón, Cristo, Mahoma, Pedro, Pablo.

Jerusalén recorremos tus calles como flotando en el aire, más allá de todo lo aparente. Para que no lo olvide la historia conservas los restos del Templo de Jerusalén el más sagrado lugar judío, a escasos metros de la roca donde Abraham quiso ofrecer en sacrificio a su hijo Isaac. Y muy cerca, el templo que se construyó sobre el calvario y la tumba de la que resucitó Jesús. Lugares sagrados y santos rodeados de policías, de armas, de vigilancia. Así somos los humanos empeñados en ocultar los grandes espacios sagrados que embellecieron la tierra con armas y guerras.

“¡Oh Jerusalén, Jerusalén!, la que mata a los profetas y apedrea a los que le son enviados. ¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como una gallina su nidada bajo las alas, y no habéis querido!” Vienen a mi memoria estas duras palabras de Jesús pisando las frías y  no menos duras piedras de tus calles.

Jerusalén, ciudad a la que los judíos se encaminaban todos los años a celebrar la Pascua como agradecimiento por la liberación de la esclavitud de Egipto. A la que vuelven sus oraciones cientos de miles de musulmanes de todo el mundo porque desde aquí, el profeta Mahoma viajó al cielo llevado por el arcángel Gabriel. A la que los cristianos aman por aquí Cristo fue condenado injustamente ajusticiado y al tercer día resucitó.

Jerusalén, ciudad que anhelas la Paz, que la anuncias, la proclamas, la añoras, la destruyes, la restauras… Ciudad que te alegras cuando tienes el don anhelado, pero que luego dejas escapar y lloras desconsolada, la que saltas de alegría delante del arca de la alianza y construyes grandes templos y pocos años después los destruyes y haces añicos.

Jerusalén, en definitiva, no es más que tu corazón, la ciudad que vive en lo más íntimo de ti mismo. Ayer te he visto cantando, alegre, eufórico, con una copa de vino tocando tus labios. Hoy te miro desconsolado, con cara demacrada, con la cabeza entre las manos apenas puedes pronunciar palabra y dices con voz cansina y llorosa, “¿por qué me pasa esto a mí?”.

Jerusalén, el lugar más sagrado de tu conciencia donde lucha el bien y el mal, la paz y la guerra. Donde un oído atento escucha esos deseos irrenunciables de todo corazón humano: “Te deseo la Paz, que vivan seguros los que te aman, que haya paz y seguridad dentro de tus muros, de tus palacios, en realidad, paz y seguridad en los muros y palacios de tu corazón”.

¿Cuándo cumplirás tus anhelos? ¡Ay!, ¡Jerusalén, Jerusalén!

Para escuchar el audio haga clik en la flecha: http://www.ivoox.com/ay-jerualen-jerusalen_md_539420_1.mp3″

Gumersindo Meiriño

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