Feliz Navidad de Agua y Sencillez

Feliz Navidad de Agua y Sencillez

Entramos en la ciudad de Belén acompañados de una lluvia fina y poco copiosa que nos recibió como una bendición. En esta región seca y desértica el agua que cae no solo es una novedad si no una gran bendición. Ahora Belén es una ciudad moderna que vive para el turismo y edificada alrededor de una gran Basílica donde la tradición dice que nació Jesús hace más de 2000 años y a la que entras agachándote por una pequeña puerta que parece construida solo para personas cortas de estatura.

Estas dos experiencias vividas en Belén, la lluvia y la pequeña puerta de la basílica, son el motivo de nuestra reflexión navideña.

Por una parte queremos que en esta Navidad la lluvia copiosa de dones y bendiciones que proceden de lo Alto, del cielo, sean recibidos por ti en lo más íntimo de tu ser para que tu existencia se convierta en un vergel de frutos. Dependerá en gran parte de tu capacidad de recibir los dones, de la ternura de tu corazón y de tu humildad. Los diques de agua que proceden del Cielo están siempre abiertos porque Dios es generoso y nunca deja que se cierren. Pero el agua no penetra en piedras ni terrenos duros.

Sí, es verdad, y este es nuestro segundo deseo, que ablandes tu corazón porque solo se puede entrar en el misterio de Dios hecho Niño, de dos formas, o siendo pequeño, o agachándose porque la puerta está hecha para infantes no para arrogantes y gigantes de soberbia y egoísmo. Esta Navidad busca un momento para arrodillarte y hacerte sencillo; ponte al mimo nivel que el Niño Dios, pequeño en su pesebre para recibir en el corazón las palabras de aliento que buscas. No tengas miedo de doblar tu rodilla porque así, de rodillas, sencillo entrarás en la Cueva de la Sabiduría y del Amor y recibirás lo que necesitas.

Belén, ciudad donde nace Dios, es tu corazón, mi corazón, necesitados del agua que procede del Cielo. La Basílica donde nace el niño Jesús, es tu corazón al que se entra desde la humildad y la sencillez, haciéndote infante o, si ya no lo eres, agachando tu orgullo y tu soberbia.

A los que colaboran en el Grupo De Oriente a Occidente, a los amigos, a los auspiciantes, a todos los oyentes, a los que participan en las distintas actividades y a todas las personas de Buena Voluntad.

FELIZ NAVIDAD

Escuche el mensaje en audio haciendo clik en la flecha: http://www.ivoox.com/navidad-del-agua-humildad_md_957159_1.mp3″ 

 

También lo puedes mirar en este vídeo:

 

 

Gumersindo Meiriño


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Cambiar el mundo

Cambiar el mundo

Se llama Tiberio. Tiene veintiún años y me mira como si fuera un sabio que recién sale de su cascarón eufórico. Me pide opinión sobre un tema. Relata con aire grandilocuente su vida, sus dudas. Cuanto intento responder no me deja terminar y me comenta algo de que, a pesar de su juventud, ha vivido muchas experiencias y ha recorrido el mundo… Como no logro que escuche le pregunto por los países que ha visitado a lo que contesta inmediatamente, Chile, Bolivia y Argentina. Tiberio habla y habla. Apenas logro encadenar cuatro frases seguidas que vuelve a interrumpirme. Entonces le pido una tregua.

“Mira no sé en qué puedo ayudarte, pero, ¿tú me puedes ayudar a mí? Tiberio responde: “Síiiiiiii, por suspuesto… Agarro una hoja de mi anotador y se la doy en la mano diciendo: Lee este pasaje, escribe tu opinión y regresa en media hora para que sigamos conversando. El joven toma la hoja y gira dando media vuelta, bien erguido.

De joven yo era un revolucionario y mi oración consistía en decir a Dios: “Señor, dame fuerzas para cambiar el mundo”. A medida que fui haciéndome adulto y caí en la cuenta de que me había pasado media vida sin haber logrado cambiar a una sola persona, cambié mi oración y comencé a decir: “Señor, dame la gracia de transformar a cuantos entran en contacto conmigo. Aunque sólo sea a mi familia y a mis amigos. Con eso me doy por satisfecho”.

Ahora, que soy un viejo y tengo los días contados, he empezado a comprender lo estúpido

que he sido. Mi única oración es la siguiente: “Señor, dame la gracia de cambiarme a mí mismo”.

Si yo hubiera orado de este modo desde el principio, no habría malgastado mi vida”.

Tiberio regresa presuroso a los diez minutos. Ya traigo las conclusiones.  Le contesto: “Te dije media hora porque yo también tengo que hacer una labor que me llevaba ese tiempo. Por favor, ahora necesito otra media hora. Vuelve a leer el párrafo, haz un nuevo comentario y regresa dentro de ese tiempo, porque ahora estoy ocupado. Con cara de poco agrado giró de nuevo sobre sus talones y se fue. A la media hora leo algunas de sus anotaciones.

A partir de hoy voy a escuchar cuando hablo con otra persona. A partir de hoy no me va a ganar la ansiedad y el egocentrismo. A partir de hoy voy a intentar cambiar a una sola persona, a mí mismo…, voy a cambiar el mundo empezando por mí.


Gumersindo Meiriño
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Las relaciones


Las relaciones

Sin querer nos invade le publicidad. Sí, “sin querer queriendo”, decía un viejo refrán con ironía maliciosa. Y así, “sin querer queriendo”, leo una publicidad en mi correo electrónico, que anuncia ¿quieres una relación sin compromiso? Y casi me caigo de espalda, como el condorito, porque…., una relación sin compromiso no existe…

En los pueblos pequeños en los que me crié y en algunos de los que trabajé se entiende fácilmente esto de que no puede haber relación sin compromiso, por el mero hecho de que todos se conocen y el encontrarse con otra persona por la calle supone un saludo, una palabra, un gesto. Esto indudablemente se ha perdido en las grandes ciudades donde se pasa delante de miles de personas al día y no se les dirige la palabra, aparentemente se les ignora. El solo saludo hace que te comprometas.

Si alguien te dice buenos días con una sonrisa te sientes obligado a responder y lo agradeces. Si alguien te pisa en la calles sin querer te relacionas con él, se disculpa tu aceptas las disculpas. Si te encuentras con una persona de frente ya supone un interrogante para ti. No somos islas todos estamos implicados, unidos, relacionados de una forma especial. Pertenecemos a una gran familia, la familia de los seres humanos, de las personas que aspiramos a unas metas comunes, soñamos con realidades semejantes y encontramos parecidas dificultades.

La persona se humaniza, se hace más plena en este sentido, en la medida que se relaciona con las otras personas y lo hace de forma educada, amorosa, comprometida. Cuando alguien no se relaciona de la forma adecuada con las personas que están alrededor, con la familia, con los compañeros de trabajo, con los vecinos …., empieza a tener problemas con respecto a conceptos fundamentales de la existencia. Con frecuencia eso afecta a la mente y se termina pidiendo ayuda profesional, psicólogo, psiquiatra o sacerdote.

Las relaciones sociales, sobre todo, las relaciones humanas son las que nos indican en qué grado de madurez me encuentro, en qué medida soy feliz, cómo tengo que enfocar mi existencia.

Vamos en la misma barca y el destino del que va a mi lado me implica, va conmigo de la mano.

Siguen siendo actuales las palabras del famoso poeta del siglo diecisiete  “Nadie es una isla que vive por sus propias fuerzas, ningún ego es un continente, ni un planeta autosuficiente. (…) Habitante de la tierra, la muerte de toda criatura te disminuye. Por eso, cuando alguien muere, no preguntes por quién doblan las campanas de la extinción, doblan por ti.”

Por eso querido amigo que lees estas letritas, “sin querer queriendo” todos influimos en todos y tu felicidad depende de los encuentros con las demás personas, de tus compromisos con ellas, en definitiva, de algo sumamente importante como las relaciones.

Gumersindo Meiriño.

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Meditacion 11 del 11 del 2011

Meditación del dia 11.11.2011 en Santo Tomé Costanera del Río Uruguay- Brasil, dirigida por el Dr. Gumersindo Meiriño y la Maestra Zen María Benetti Meiriño, haga clik en el siguiente enlace:

meditacion 11 del 11 del 2011

o para ver el vídeo en este otro enlace: 

Meditación 11.11.11

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11.11.11

11.11.2011

Más allá de todas las teorías que puedas y quieras hacer en torno al 11.11.11, fecha redonda y mágica que nos invade en estos días, lo que parece no dejar lugar a ninguna duda es que al ser humano le gusta lo cabalístico, los números y que todo lo relacionado con el tiempo y lo esotérico le sumerge en el mundo apasionante del misterio.

Esta fecha, como lo fue el año pasado el 10.10.10 y como lo será el próximo el 12.12.12, (este año además es luna llena y es el día de San Martín de Tours) será un despertador para millones de personas que sin conocerse y a miles de kilómetros se unirán en meditación, en oración para desplegar un sentimiento común de paz, de deseos positivos, de aire fresco para nuestro planeta. Millones de personas harán un lavado a la conciencia colectiva del planeta.

El otro día bendecía, en la ciudad de las Cataratas del Iguazú, un negocio que vende prendas de abrigo. El clima de Iguazú es templado y caluroso. El dueño del negocio me explicaba que estaba pendiente  y preocupado por la crisis en Grecia. Me tomó de sorpresa el hecho de que un comercio en Iguazú tuviera algo en común con las dificultades económicas de un pequeño país al otro lado del mar. Entonces siguió comentando el señor del negocio que sus clientes son sobre todo extranjeros y que se acercaba la época fuerte de turismo y “no sabemos qué va a pasar con los que vienen de Europa. Mis principales clientes suelen ser de Europa, en concreto de España, aunque también hay que estar pendiente de la crisis de Estados Unidos, pero sí sigue así el tema de Grecia y el turismo europeo desciende nuestro negocio va a sufrir las consecuencias”.

El mundo de la globalización económico-social no hace más que recordarnos lo “muy cerca” que estamos unos de los otros, de las personas y lo “muy cerca” que estamos de la naturaleza, de los animales … Diríamos que todos vivimos en una pequeña y hermosa barca que si no cuidamos algunos de los que están dentro se caerán de ella.

Aunque, no eres de aquí, no vas a estar para siempre en este planeta llamado tierra, estas fechas te dan una oportunidad porque mueven tantos corazones en busca de sentido y plenitud a su vida. Te alientan a que despiertes a una nueva conciencia, la de la hermandad universal, la que te recuerda que todos los seres humanos vamos en la misma barca y que, cada vez que uno de se cae al mar y se ahoga, a todos nos afecta.

Es probable que el 11.11.11 no pasará nada relevante a muchas de las personas, tampoco a ti, pero si, al menos, aprovechas para limpiar de tu mente ese pensamiento negativo y pesimista que parece recorrer nuestro planeta e insuflarte un poco de aliento y fuerza sería útil tu mirada a esta tan fecha tan redonda: 11.11.11.

Gumersindo Meiriño

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En el mes de los difuntos. ¡Se acaba!

¡Se acaba!

Vamos a empezar la celebración de la Eucaristía y mi compañero sacerdote me comenta, “me gusta mucho como predicas, pero, por favor, hoy no nos recites esa poesía que tanto te gusta eso de morir se acaba”.

Las cosas profundas dichas con sencillez llegan al fondo del espíritu y de la mente. El mes de noviembre se relaciona con la muerte, los difuntos …. El tránsito a otra vida es algo tan misterioso que ha planteado interrogantes a los seres humanos de todo las épocas. También a los del siglo XXI aunque ahora no sé porqué parece que en determinados ambientes se le ha tomado para la fiesta y la diversión …., con esto del Hallowen, es decir, “la noche de los difuntos o de las brujas”.

Por eso me gustó tanto la poesía de Descalzo sobre la muerte, por su sencillez y porque cala profundo, “Morir tan solo es morir/Morir se acaba/Es cruzar una puerta a la deriva/y encontrar lo que tanto se buscaba.

¡Se acaba!

¡Sí, se acaba la niñez, la infancia, la adolescencia, la juventud, la madurez, la vejez, y llega la muerte y, ésta, también se acaba! Es algo tan normal y evidente que casi se olvida.

Sí, se olvida que sin sol no puedes vivir, sin el sol todo se acaba. Pero ya casi nadie agradece que el Sol salga todos los días del año y sigamos vivos.

Sí, se olvida que sin agua no puedes vivir. Pero ya casi nadie agradece que la lluvia caiga del cielo e inunde nuestros suelos.

Sí, se olvida que sin el viento que transporta el oxígeno, tus pulmones explotarían. Pero ya casi nadie agradece el golpe del viento  en las mejillas, su ruido en las copas de los árboles.

Sí, se olvida que sin árboles, sin plantas que transforman el anhídrido carbónico en oxígeno, no podrías respirar y te asfixiarías. Pero ya casi nadie abraza, saluda a  la naturaleza, a las plantas, ni da gracias a Dios por el árbol que crece en la vereda de tu casa.

Sí, se olvida que sin amor, sin unos brazos que te acogieran en este mundo, sin unos pechos que te amamantaran, sin alguien que te recibiera no hubieras podido sobrevivir en este planeta tierra. Pero se te olvida agradecer cada día el don de la vida.

Vivir sin tener en cuenta que estás de paso, sin recordar una vez al día que nuestro tiempo es limitado sin analizar que las horas son reales y se acaban, sí, se acaban. Y llega nuestra hermana la muerte que no es más que “abrir una puerta a la deriva y encontrar lo que tanto se buscaba” y que también se acaba.

Empiezo la predicación y “sin querer queriendo” de mi boca brotan las palabras a borbotones, “¡Morir solo es morir, morir se acaba!”

Gumersindo Meiriño

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Con el corazón

Con el corazón

La semana pasada les contaba el encuentro con Carlos en las termas de Aguas Calientes, a los pies del mítico complejo inca del Machu Picchu. Carlos nos refería con fuerza: “Todo lo que hago, lo hago con el corazón, esa es la gran enseñanza que aprendí acá en Aguas Calientes rodeado de los espíritus de las montañas”.

Con el canto del río y de una pequeña cascada de fondo vino a mi memoria la famosa frase del zorro enseñando al Principito, “Este es mi secreto. No se ve bien sino con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos”.

Carlos con la mirada recorría el local y aseguraba, “Todo lo que ven lo he  hecho con el corazón. Quizá ese sea el motivo por el que lleva dieciséis años trabajando en este lugar. Es como que el lugar te acepta, se apropia de uno, te protege. Siento lo mismo con los montes que hay alrededor”. En ese momento levantó la vista y con la mano señaló el monte que nos vigilaba majestuoso justo en frente a nuestros ojos. “Ese monte se llama monte san Miguel. Yo creo en los espíritus. Ellos son los protectores de los lugares. Cuando alguien tiene el corazón torcido con malas intenciones ellos lo descubren. No se les puede engañar. Los espíritus te observan, esperan y terminan descubriendo si tus actos están limpios o no. Si las intenciones son malas pierdes su protección.

Y, después de un pequeño intervalo continuó: “De niño estuve en un colegio internado once años, aprendí muchas cosas. Pero más aprendí en los dieciséis años que trabajo en este mismo lugar. Por algo es que mi estancia aquí se alarga. El lugar si haces las cosas con el corazón te respeta, te protege. Ese es el motivo por el que creo que sigo este tiempo aquí. He tenido en algunas ocasiones dificultades pero los espíritus siempre me favorecieron. Si tú los respetas, ellos te respetan”.

Mientras conversamos, rodeados de varios adornos incaicos, de pinturas, de signos místicos ancestrales, de hoja de coca, de velas encendidas…, observo el monte de San Miguel rodeado de bruma y nubes que le dan un encanto especial. Mirando hacia arriba, a lo alto, parece que se disuelven las dudas, las oscuridades. Abajo llueve pero no impide que media docena de personas se bañen en las aguas calientes de las termas. Así es la vida de las personas. Las que miran a lo Alto, aunque a veces haya nubes y brumas se sienten seguros, protegidos por los espíritus, hacen las cosas con el corazón. Los que se fijan solo en lo de abajo, lo terrenal tienen que taparse de la lluvia, caminan encorvados, pesados.

Después de despedirnos, mientras descendía las escaleras hacia la ciudad, una frase me seguía de cerca: “si algo he aprendido en estos dieciséis años es a hacer las cosas con el corazón”.

Gumersindo Meiriño

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