Con una rosa en la mano

Con una rosa

Estamos en las puertas del Convento de los franciscanos de Santiago de Compostela acompañados por el P. José Isorna que salió al patio de entrada para despedirnos. Con sus casi noventa años, con su bastón, su sombrero, más elegante que nunca y su cara alegre de siempre. Al pasar por delante del jardín comentó: “Ves como están los rosales cortaditos. Pero hoy me he olvidado mi tijerita. Bueno no importa”. Y alargando la mano tomó el rosal eligió la mejor de las flores y la cortó con la mano. Luego se acercó a mi esposa María y se la ofreció amable y sonriente.


A los pocos días se repitió una escena semejante, solo que ahora traía su tijeritas. El jardinero estaba regando el parque y el Padre le pidió que le cortara una rosa para la señora. El jardinero decidió por su cuenta cortar una, que le pareció más grandiosa y elegante, una hortensia, que llevó presuroso y se la ofreció a María diciendo, “de parte del P. Isorna”. Este con dificultad subió el  escalón que le separaba de los rosales, sacó su tijerita y, al mismo tiempo, le explicaba de forma discreta al empleado, “las hortensias no se regalan a las señoras, es poco elegante, te dije una rosa”. Y así con las tijeras y el bastón en las manos buscaba la rosa más fresca. Cuando la consiguió le ayudamos mientras descendía el escalón con la rosa en una mano y el bastón, en la otra y diciendo. “En esta rosa, se dice, están contenidas todas las primaveras”. Toda una manifestación de elegancia.

Recuerdo una canción de éxito titulada, “el ramito de violetas”. La señora recibía de forma anónima en todos los cumpleaños un ramito de violetas. Ella pensaba quién podría ser el misterioso admirador que le hacía soñar y le levantaba el ánimo cada año, pues, aunque quería mucho a su marido, éste nunca le había manifestado mucho cariño. Pero cada año, el marido la miraba, la veía contenta y la observaba con una leve sonrisa, feliz, aunque ella intentaba disimular su alegría. El marido sonreía feliz porque el mismo le enviaba cada año el ramito de violetas.

No es posible una vida feliz sin cariño. Este se manifiesta y se expresa  en los detalles. No, en los grandes regalos, ni en los más costosos ni en el modelo de la última marca de moda. Lo que importa es el amor y la ternura en que están envueltos, en la elegancia con que se ofrecen.

Alvarito, que tiene ocho años, dos días antes del cumpleaños de su padre me pidió de forma urgente un papel y un lápiz porque: “voy a prepararle un regalo de cumpleaños a mi padre, y no quiero que lo vea nadie”. Durante más de media hora escribió, pintó, dibujó … y luego escondió el papel en el bolsillo de su pantalón. El día del cumpleaños salió corriendo a abrazar a su papá y luego sacó el sobre de su pantalón: “toma papá, mi regalo de cumpleaños”. El padre lo miró, lo abrió y disimuló su emoción abrazándolo y dándole un beso.

Cuesta tan poco hacer agradable la vida. La clave está en los detalles. Con tan poco. Basta un dibujo, basta con una rosa.

Gumersindo Meiriño

http://deorienteaoccidente.com

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