El Espíritu es el Amor – Gumersindo Meiriño

El Espíritu es el Amor

Cuando La Region  publicó el artículo sobre el año del Espíritu Santo no pensé que daría lugar a varios cambios de impresión con las personas que con paciencia heroica lo habían leído y se paraban en la calle a saludarme. En uno de esos cambios de impresiones una señora me comentó que a ella lo del Espíritu Santo le era fácil de entender y explicar. Se lo había explicado un profesor de los que había antes, que no estudiaban pedagogía ni falta que les hacía, pero que tenían unas dotes extraordinarias para darse a entender.

Decía con expresión de imitar a tan gran pedagogo: “Desde la Santísima Trinidad es cómo se explica bien quién es el Espíritu Santo” Se tomó un respiro mientras varios interlocutores la mirábamos. “El Padre se mira, como si fuera en un espejo y sale el Hijo. O sea que el Hijo es la imagen del Padre. Al verse en su imagen, ama a esa imagen, ama al Hijo y ese Amor es el Espíritu Santo. Otro breve respiro y termina ¿Está bastante claro no? El Espíritu es el Amor.

Quedé pensativo, porque hablar de amor, y, sobre todo, de Amor hoy por hoy, resulta peligroso. Dice el filósofo J.A. Marina, “hace mucho tiempo que prohíbo a mis alumnos usar esa palabra, que se ha convertido en comodín de nuestra baraja emocional.

Nada nos  hace más felices  como el amor. Nada nos hace más parecidos al Espíritu Santo que el amor, el amor auténtico.

Cuando uno es fiel al amor de verdad siente en su interior la voz del Espíritu. Nos ha tocado vivir una época en la que resulta difícil comprender cuál es el amor, el de verdad. Vivimos demasiado de prisa. No tenemos tiempo para mirar a las personas que están a nuestro lado y a las que deberíamos prestar más atención. Se temen los compromisos definitivos. Es, entonces, cuando pensamos que el amor es provisional, que es bueno mientras esta persona me sirve, me ayuda, me entiende, me dedica tiempo; terminamos instrumentalizando el amor.

El amor, si lo es en verdad, no es provisional. Y , si es provisional, no es amor.

No sé si recuerdan la historia de Penélope. La mujer de Ulises , el valiente guerrero y gran protagonista de “la Odisea”. El gran Ulises se ha ido a la guerra y tarda años en regresar. Veinte años, veinte. Penélope es la reina y mujer hermosísima, esposa de Ulises.

A Penélope le llueven pretendientes que le acosan. Hasta 136. Le dicen al oído que su marido ha muerto en la batalla, que nunca volverá, que le ha abandonado. Y ella fiel, les dice que escogerá al marido entre tantos pretendientes, cuando acabe de tejer la mortaja para su suegro. “Aguardad para mi boda a que acabe este lienzo, les dice, no sea que se me pierdan inútilmente los hilos”. Una escusa ingenua. Penélope se pasa las noches en vela descosiendo lo que ha tejido pacientemente por el día para hacer tiempo y esperar el regreso de su esposo. Cuando ya no puede esperar más tiempo decide que se casará con el que logre disparar con el arco de su marido Ulises y atravesar doce cabos de doce hachas en fila. Ni decir que ninguno de aquellos cobardes comodones  lo consiguió, a no ser un anciano extranjero que, ante el asombro de todos, consigue el disparo. Lo ha hecho un valiente. Se trata de Ulises, que disfrazado, quiso probar la fidelidad de su mujer.

El amor de Penélope es de los de verdad. Había merecido la pena. Alegría inmensa en el rostro de la mujer fiel y del esposo valiente. Hasta aquí la historia de amor de Ulises y Penélope.

La otra historia, la del Espíritu Santo, sigue viva en la actualidad. Porque el Amor sigue siendo el Motor de la humanidad. Un Amor tan grande, el Espíritu Santo, Divino, que ha traspasado los minutos, las horas, los días y los años; tan fiel que sigue acompañándonos cada día. El Amor de Dios no se olvida de nosotros nunca.

Cercano el tercer mileno del nacimiento del Hijo de Dios, su Amor no descansa. Sigue vivo dentro de nosotros, por eso somos “Templos del Espíritu Santo”. “El amor es paciente, afable, no tiene envidia, no presume ni se engríe, no es mal educado, ni egoísta, no se irrita, no lleva cuentas del mal, no se alegra con la injusticia, sino que goza con la verdad. Disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin límites, aguanta sin límites. El Amor no pasa nunca (1. Cor 13)

Un año dedicado al Amor, no provisional, como Dios manda.

De todas formas, no todo es tan fácil, como cree nuestra amiga piensa, porque el Espíritu Santo sigue perteneciendo al Misterio, ahora bien, Misterio de Amor.

Gumersindo Meiriño

 Publicado en el diario La Region el 14 de febrero de 1998

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