La trampa de la Semana Santa

El otro día una amiga en un mail nos corregía diciendo que, “si la cruz es idolatría, la no cruz, también lo es”. Y esto es lo que habíamos escrito: “si no nos bajamos de la cruz y nos regocijamos en ella, la convertimos en una idolatría porque el dolor y la cruz solo son camino y no meta”.

Me viene a la memoria lo que el director de Radio Vaticano, Juan José Fernández llamó “la trampa de la Semana Santa”. Y tenía razón la Semana Santa tiene trampa.

El viernes Santo los templos se llenan para la celebración de la Pasión y muerte de Jesús. Ese mismo día, horas más tarde, las procesiones son multitudinarias. No quiero olvidar la experiencia de Viernes Santo vivida en Jipijapa (Ecuador), miles de personas se echan a la ruta y durante horas, mujeres, hombres, niños y niñas abarrotan la carretera que va a la ciudad de Manta, haciendo imposible la circulación de cualquier tipo de vehículo. La meta es una pequeña iglesita privada situada.

Lo mismo pasó en tiempos de Jesús. El viernes las calles se llenaron para ver pasar al judío milagrero que había curado enfermos e incluso resucitado muertos y que ahora cargaba una cruz, de la cual colgaría hasta morir como criminal. Esta es la trampa de la Semana Santa. El darle tanta importancia al espectáculo de la cruz que ya no nos movemos de ahí, quedamos extasiados mirando y observando el dolor, la sangre, el martirio de Jesús. Desde este punto de vista el que se queda ahí parado es un idólatra. Sería absurdo que Dios, siendo Padre, nos ofreciese la cruz y el dolor, como el camino que elige para sus hijos. ¡Qué padre intenta que su hijo sufra! El buen padre permite el dolor solo como camino para que el hijo alcance una meta mejor. No el dolor por el dolor.

Ahora bien, el sábado noche y el domingo por la mañana las calles están vacías. En Ecuador, los miles de personas del viernes santo, el domingo de Pascua eran solo una decena en la celebración. La tumba de la que sale Cristo victorioso y triunfante en la resurrección no tiene testigos solo los ángeles y, más tarde, algunas mujeres. La cruz solo es el camino de la resurrección, la trampa de la Semana Santa es convertirla en la meta y el objetivo de la vida del cristiano.

Solo se es cristiano cuando se resucita a una nueva vida. Es verdad que para ello hay que morir a la vida vieja, pero se muere para resucitar, no para quedarse en la tumba. Mira a Cristo, ya no está en la tumba, resucitó. Si no caminas hasta el domingo de Resurrección y te quedas en el viernes santo, caes en la trampa de la Semana Santa.

Gumersindo Meiriño

https://lasopaconcuchara.wordpress.com

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