Bienvenido Bebé 2010

Querido bebé: ¡Bienvenido!

Eres una promesa. Recién has salido del capullo. Todos te miran con admiración, respeto, miedo, alegría, desesperación, ilusión …, despiertas una oleada de sentimientos desigual y contradictoria. Nada más ver la luz, algunos te quieren y te veneran; otros te maldicen y te vituperan. Pero a nadie dejas indiferente. Recién nacido surges rodeado de tantos “dimes y diretes”. La mayoría ya se ha hecho sus reflexiones y discuten entre ellos. Será así, será de otra manera, no hay mucho que esperar, se parecerá a éste o a aquel hermano… A nadie dejas indiferente.

Recuerdo cuando nació tu hermano, hace ahora un año. Pasó lo mismo. Todos se hacían cábalas sobre las verdaderas posibilidades, los pesimistas y los optimistas, los ricos y los pobres, los grandes y los niños. A nadie dejas indiferente. Hace ahora trescientos sesenta y cinco días brindé por tu hermano con champán, con alegría, con esperanza. Recuerdo que se brindó por la paz, por la salud, por el amor … Es que en el fondo todo ser humano aspira a grandes metas: la paz, la salud (esa ansia de no tener que pasar si no permanecer), el amor. ¿Quién no desea en lo más íntimo de su corazón ese don inefable del amor? El único valor del que no puede prescindir ningún ser humano para ser feliz.

Miro a tu alrededor naces entre incertidumbres. Los que te rodean hablan con frecuencia de un tema, que no acabo de comprender, por eso nunca podré explicártelo bien: la crisis económica. Debe ser terrible pero miro alrededor y todo el mundo tiene auto, televisión, ropa de marca, peinados de peluquería, … Sí, si hay personas pobres, pero me parece que son las mismas de cuando nacieron tus otros hermanos hace cinco años y hace cuatro y hace tres ….

Si pudiera yo te hablaría de esperanza, de alegría, de optimismo. ¿Sabes por qué? Por la misma razón que un hombre llamado Jesús que nació hace más de dos mil años repetía: “el que siembra viento, recoge tempestades”. Cosechamos lo que sembramos. Y te diría al oído: “No tengas miedo a nada y a nadie”.

Recuerda la frase del maestro de Nazaret, “no tengas miedo”, porque lo que está adelante es, para los que creen en Dios, siempre mucho mejor que lo que has dejado atrás. Querido bebé, querido dos mil diez, te espero con alegría, con esperanza, con optimismo, con ilusión, …. Como espera una buena madre al hijo que lleva en el vientre, con la misma alegría y pasión. Como tú eres mi bebé y eres lo único que tengo por delante, te recibo con delirio y como a todo niño te voy a mimar, acariciar y llenar de amor.

Y te doy, en el nombre de todos los seres humanos de buena voluntad: sean de izquierdas o de derechas, de arriba o de abajo, del norte o del sur, de esta o aquella religión, negro, blanco o amarillo. …, mi más calurosa bienvenida. ¡Querido bebé, bienvenido!

Gumersindo Meiriño

www.lasopaconcuchara.wordpress.com

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