¿Dos cuerpos con un mismo espíritu?

¿Dos cuerpos con un mismo espíritu?

En el libro de Tobías el arcángel Rafael se da a conocer como el joven que acompaña a Tobías a recuperar su herencia. Si un espíritu puro puede tomar un cuerpo de un joven, ¿podría cualquier joven tener en su cuerpo el espíritu del arcángel Rafael?

En el Evangelio Jesús discutió con los judíos sobre diversos temas teológicos. En una ocasión hablaron sobre Elías. Y Jesús les dijo que Elías había venido ya, dando a entender que era Juan Bautista. Si Elías que se fue en cuerpo y alma en un carro de fuego al cielo, volvió y tomó el cuerpo de un ser humano, ¿podría estar o haber estado entre nosotros el espíritu de Elías, el profeta?

El cura de Ars murió el año 1859. Un curita de pueblo al que le costaban los estudios y al que enviaron a una aldea perdida de la Francia del siglo XIX. Que lo único que hizo fue rezar, celebrar los sacramentos, de forma especial la Eucaristía y la Confesión. Las filas de penitentes fueron incontables en ese pequeño pueblo francés, hasta tal punto que revolucionó a todo el país. Y que fue famoso, entre otras cosas, porque el diablo le movía los muebles y le estorbaba con frecuencia.

El padre Pío nació 28 años después de que falleciera Juan María Vianney. Como él revolucionó a todo un país, Italia, e incluso a casi toda la iglesia católica, de la misma forma que el cura de Ars, él rezaba, celebraba misa y, sobre todo, confesaba. Como en el caso anterior al padre Pío el diablo no le dejaba en paz, se le aparecía con frecuencia. Y el pequeño pueblo donde vivía, llamado S. Giovanni Rotondo, en el sur de Italia (cuando le enviaron allí apenas unas decenas de señoras mayores pasaban por el monasterio de los capuchinos) es ahora un continuo flujo de visitantes y peregrinos. Un aspecto que separa mucho a ambos místicos, se da en el Padre Pío que durante varias decenas de años le aparecieron los estigmas en las manos, los pies y el costado. A los dos les ha quedado el cuerpo incorrupto.

A Ars, sur de Francia, llegan miles de peregrinos para honrarlo. A San Giovanni Rotondo llegan miles de devotos del padre capuchino. ¿Tuvieron estos cuerpos el mismo espíritu?

Y si Rafael arcángel tomó forma humana y si Elías regresó a la tierra en el cuerpo de Juan Bautista, ¿no será que el mismo espíritu que se encarnó en el cuerpo del cura de Ars, haya venido a terminar su obra y haya regresado al cuerpo del fraile capuchino?

Gumersindo Meiriño

http://www.deorienteaoccidente.com

Anuncios

En Asís: De Dos en Dos

Asís. Dos en dos

Asís es pequeña, coqueta y tranquila. Las calles son estrechas, tortuosas para los autos. Bien organizada, no hay mucha gente. Se camina bien. Hace calor. Se respira aire de ciudad pequeña, armoniosa. Es fácil imaginar al niño Francisco corriendo por aquellas calles.

 

Entramos en la ciudad dimos una vuelta y vimos una iglesia a lo lejos. Dejamos Asís momentáneamente y allá nos llevó el auto. La iglesia es grande. Entramos. Dentro una capilla pequeñita. Raro muy raro: absoluto silencio, no fotos, no charlas, no ambiente de turistas con prisas y ganas de sacar foto a todo lo que se mueva y silbe.

 

En la capillita nos instalamos. Oramos. Pasa mucha gente. Algunos observan. No hay nada para mirar en la capillita. Se intuye que preguntan, ¿qué será esto?. Me conmuevo pensando en aquel joven que nació hace más de ochocientos años. Escuchó una voz: “Repara mi iglesia”. Y durante más de tres años reparó aquella capillita.

Es idónea para orar. Silencio, paz. Nos avisan de que van a cerrar. Nos acercamos a la tumba de Francisco. Oramos ante los restos del profeta de la paz. A escasos metros se oyen los cánticos de los monjes. Levanto la vista. Cantan. Alguno alza la mirada molesto hacia los poquitos visitantes de la iglesia. Se respira paz, silencio.

 

De vuelta en Asís, caminamos, caminamos. Es mediodía. Otoño. El sol aprieta. Nos cruzamos con muchos hábitos marrones. Dos pasan corriendo. Ante el calor se ponen las capuchas de sus hábitos franciscanos. Caminamos más arriba, hasta encontrarnos con la capilla de Clara de Asís. Así dice el Evangelio: Y “les envió de dos en dos”. Aquí en Asís se respira ese ambiente de “dos en dos”: Francisco y Clara, Clara y Francisco.

En la iglesia de Clara, más silencio, más paz. Se ora lindo. Tampoco fotos. Más curiosos que en la iglesia de San Francisco. Nos colocamos delante del Cristo de San Damián. Este es el Cristo que le dijo a Francisco: “Reconstruye mi iglesia”. Delante de Cristo hay un reclinatorio de madera para orar. Los turistas tampoco resisten mucho tiempo delante del Crucificado. Los curiosos miran y siguen su camino. En el reclinatorio está una oración en distintos idiomas. Los santos saben orar. Es el texto de una oración que Francisco oraba. Sencilla, profunda, maravillosa. De rodillas oro despacio con las palabras de Francisco, ante el mismo crucifijo que él lo hizo. Lo hago en italiano porque pienso que él lo haría en ese idioma:

Cristo de San Damián- Asís

O alto e gloriso Dios,

Ilumine la tenebre del cuore mio

Danmi una fede retta, Speranza certa, Caritá perfecta

e umiltá profunda

Danmi Signore, senno e discernimento

Per compiere a tua volontá. Amén.

María está de rodillas a mi lado, recogida, orando…., emocionada. Está en su salsa, entre místicos. Entre dos: Clara y Francisco. Porque las cosas son como son y según el Evangelio, el envío es de “dos en dos”. Y la sopa con cuchara.

Gumersindo Meiriño

.

Gracias por su visita

Para ir a la página de inicio haga clik en la siguiente imagen: