La mariposa (para padres exigentes)

La mariposa

Una madre me cuenta la historia de su hija. En realidad, no sabe qué le pasa a la niña. No crece lo suficiente. Está siempre resfriada. En el colegio no le entienden. Apenas tiene amigas. Está pensando en darle aceite de carpincho, o en darle unas vitaminas de no sé qué. No le deja salir porque se puede enfriar o porque las pocas amigas no le tratan bien… No recuerdo la cantidad de dificultades. El mundo entero estaba tramando algo contra la hija. Toda la conversación me hizo recordar la historia de aquel hombre y su mariposa:

Un hombre encontró un capullo de una mariposa y se llevó a casa para poder ver la mariposa cuando saliera del capullo…

Un día vio que había un pequeño orificio y entonces se sentó a observar por varias horas, viendo que la mariposa luchaba por abrirlo más grande y poder salir.

El hombre observó que la mariposa forcejeaba duramente para poder pasar su cuerpo a través del pequeño agujero, hasta que llegó un momento en el que pareció haber cesado de forcejear, pues aparentemente no progresaba en su intento. Parecía que se había atascado.

Entonces el hombre, en su bondad, decidió ayudar a la mariposa y con una pequeña tijera cortó al lado del agujero para hacerlo más grande. Así fue, por fin, la mariposa pudo salir del capullo. Sin embargo, al salir tenía un cuerpo muy hinchado y unas alas pequeñas y dobladas. El hombre continuó observando, pues esperaba que en cualquier instante las alas se desdoblarían y crecerían lo suficiente para soportar al cuerpo, el cual se contraería al reducir lo hinchado que estaba y podría salir volando con sus alas.

Ninguna de las dos situaciones sucedieron y la mariposa solamente podría arrastrarse en círculos con su cuerpecito hinchado y sus alas dobladas. Nunca pudo llegar a volar.

Lo que el hombre en su bondad y apuro no entendió, fue que la restricción de la apertura del capullo y la lucha requerida por la mariposa, para salir por el diminuto agujero, era la forma en que la naturaleza forzaba fluidos del cuerpo de la mariposa hacia sus alas, para que estuviesen grandes y fuertes y luego pudiese volar.

La libertad y el volar solamente podían llegar luego de la lucha. Al privar a la mariposa de la lucha, también le fue privada su salud.

Las luchas son lo que necesitamos en la vida. Si la naturaleza nos permitiese progresar por nuestras vidas sin obstáculos, nos convertiría en inválidos. No podríamos crecer y ser tan fuertes.

¡Cuánta verdad hay en esto! !Cuánta veces hemos querido tomar el camino corto para salir de dificultades, tomando esas tijeras y recortando el esfuerzo para poder ser libres!.

Para ser un buen atleta, un buen futbolista hay que entrenar muchas horas. Para ser un buen médico, un buen abogado… hay que superar cinco, seis años de estudios. Para poder volar, tener personalidad y ser buena persona se necesitan años de lucha y paciencia contra las asechanzas de cada día

¿Por qué siempre queremos superar las barreras por abajo, en tiempo record, en lugar de saltarlas; y si puede ser que nos ayuden los demás? ¿Por qué no tendremos más paciencia ante los obstáculos que la vida nos regala? ¿Por qué no luchar por superar con coraje y valentía los retos de cada momento?

Querida mamá deja que mi mariposita consiga sus alas, y…volará.

Del libro Buenas Noticias del Padre Gumer, pp. 121-122

Gumersindo Meiriño
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