Sin perder de vista. Sebastián de Aparicio

San Sebastián de Aparicio

San Sebastián de Aparicio

Sin perder de vista

Distintos avatares de mi vida personal hizo que me encontrara varias veces con un personaje singular, llamado Sebastián de Aparicio.

Después de hacer mis estudios en la Universidad de Navarra, mi primer destino fue la Gudiña. No tenía una idea más que de haber pasado por allí en el autobús o en el tren que me llevaba destino a la Universidad o de vuelta destino a mi casa.

Recuerdo muy bien que en la Clínica Universitaria acudí a la oficina de información para pedir una lista telefónica y mirar cuántos habitantes podría tener la Gudiña. Eran tiempos aquellos en los que no había Internet había que usar otros recursos.

Allí en la Gudiña fue donde hice amistad con Aparicio.

Al principio me pareció un poquito exagerado todo lo que se decía en el pueblo de él. Pero al ir, poco a poco, conociéndolo y tratándolo descubrí que era todo un personaje digno de prestarle atención.

De la multitud de anécdotas que se cuentan de él, me quedaría con una en la que dicen que su máxima era: “no perder de vista a Dios”

Eso si que es todo un programa de vida resumido en una pequeña frase que es todo un océano de sabiduría.

Si comes, no perder de vista a Dios. Si juegas no perder de vista a Dios, si trabajas no perder de vista a Dios. Si bailas no perder de vista a Dios. Si cantas no perder de vista a Dios. Era lo mismo que decía Pablo de Tarso,” ya comáis, ya bebáis hacedlo todo para gloria de Dios”.

Y además no me extraña que Sebaschao de Aparicio le sirviera en su vida como máxima porque sus peripecias son muchas y múltiples. Tantas que seguro que tuvo más de una ocasión para perder de vista muchas cosas.

Fue emigrante en la provincia de Orense y en varias de las provincias españolas. Reciente el descubrimiento de América se embarcó para México.

Se instaló en Puebla de los Ángeles, también conocida como la Ciudad de los Ángeles. Allí fue primer agricultor, luego ganadero luego construyó carretas. Luego se dedicó a construir los caminos que cruzaban buena parte de México. Más tarde volvió a ser ganadero y levantó el primer asilo para ancianos y necesitados. Luego donó todas sus riquezas y se hizo donado del as hermanas de Santa Clara y luego fraile franciscano. No sin antes haberse casado dos veces y dos veces enviudado.

Después de todos estos avatares dignos de la mejor película de Hollywood, murió a los noventa y ocho años de edad, eso sí, “sin perder nunca de vista a Dios”.

Gumersindo Meiriño

www.deorienteaoccidente.com

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Fernando Lugo y Rick Warren. Religión y política

Fernando Lugo y Rick Warren.

Religión y política

Vaya ruido estruendoso circula en los medios de comunicación con la religión y los políticos. Y eso que están los Juegos Olímpicos en pleno apogeo.

Warren, pastor evangélico entrevistó a los dos candidatos a la presidencia del gobierno del país más poderoso del mundo. Lugo, obispo de la iglesia católica, asumió el poder como presidente del Paraguay.

Después de todo en la historia, religión y política han ido con frecuencia de la mano, cuando no una arriba de la otra, apareadas.

Esa misma historia nos dice que es difícil que se puedan separar porque proceden las dos, de un mismo destino: la ayuda a los demás, el espíritu de servicio, aunque en campos distintos.

Queda un estrecho recorrido: que tanto los políticos como las religiones encarnen ese espíritu de servicio en los personajes que representan políticos y religiosos.

Por lo menos para Lugo y Warren, religión y política son semejantes y la sopa con cuchara.

Gumersindo Meriño

www.deorienteaoccidente.com