En Roma, buscando al Viviente

En Roma, buscando al Viviente

Es otoño. El Sol da de frente en la Plaza de San Pedro. Arriba por encima de la Cúpula de San Pedro, una frase en el Cielo: “No busquéis entre los muertos al que está vivo”. Restriego los ojos, por si no he visto bien. Parece que no, el cielo luce azul, brillante. Es otoño pero no hace falta ropa de abrigo, el sol está fuerte. No hay letras en el cielo de Roma. Solo colas de personas. Colas en la entrada de San Pedro. Colas en la entrada de los Museos Vaticanos. Colas en las entradas de los hoteles…

Me distrae tanto ruido de gente turista. Vuelo de sotanas que pasan por delante de la Plaza de San Pedro. Miro la cúpula. ¡Sí!, otra vez: Escritas en color claro y como si tuvieran voz, como los podcast, parece que habla: “No busquéis entre los muertos al que está vivo”.

Como católico hago una oración por el papa, por la iglesia a la que pertenezco. Oro pero no es fácil. La vorágine turística te envuelve con movimientos agitados. Alrededor de la plaza sigue habiendo colas. Alrededor del Vaticano hormigueo de personas que hablan en varios idiomas, de distintos colores y razas. Muchos hábitos de religiosas y sotanas.

Roma embelesa por su historia. Sus monumentos. Su vitalidad. Roma asusta por su ansiedad.

A la noche la Plaza de San Pedro es otra. Roma es también. San Pedro, tiene paz, está rodeada de luces artificiales. Tiene paz. Algunos autos paran a la entrada de la Plaza. Sacan sus cámaras fotográficas. La fachada sonríe por la gente pacífica que le acompaña. Un taxista a nuestro lado le explica algo en italiano a una pareja extranjera.

Salimos de San Pedro, es de noche. A escasos metros. La paz se convierte en turbulencia, vorágine. Autos, motos, motos, jóvenes en plena fiesta de cerveza rodean el Vaticano.

El río Tíber se esconde del ruido la cerveza y el jolgorio.

Nuestro auto da vueltas perdido alrededor del Tíber. Y sin querer paramos a la entrada de la Plaza de San Pedro. Miramos a pocos metros están los únicos árboles situados en la Casa General de los Jesuitas. A esa altura, quizá la de una de las siete colinas sobre la que se fundó la mítica Roma, miro al cielo de la noche romana. Y…!sí! allí estaban, encima de la Basílica más famosa del mundo, la de San Pedro, no era mi imaginación. Escrito con letras claras: “No busquéis entre los muertos al que está vivo”. María está a mi lado, mirando al cielo, orando.

Las dos Romas siguen su camino. Unos buscando muertos, otros al Viviente. Nosotros con el Viviente y… la sopa…. con cuchara.

Gumersindo Meiriño

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